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¿Títeres los internautas? Max Schrems, el joven que tumbó a Facebook, dice otra cosa

schremsLa mayor parte de los internautas llevamos grabado a fuego en nuestro ADN el letargo y la pasividad. ¿Que Google revisa nuestros emails y está al tanto de nuestros contactos? El proceder del gigante de internet no loable ni mucho menos, pero ¿qué más da al fin y al cabo? No tenemos nada que esconder. ¿Que Apple nos fuerza a encerrarnos entre las cuatro paredes de su ecosistema digital? No pasa nada. Se trata de un ecosistema práctico y cómodo. ¿Que Amazon se sabe de memoria nuestros deseos? Da igual. Se preocupa de hacerlos realidad y traérnoslos en apenas un plazo de 24 horas a la puertas de nuestra casa. ¿Que Facebook almacena y analiza nuestros intereses, nuestras opiniones y nuestras amistades? Se trata sin duda de un hábito un tanto irritante, pero estar constantemente al tanto de las vidas de nuestros amigos (y conocidos) es una experiencia impagable.

Max Schrems, de 28 años, no es ni pasivo ni está preso del letargo. Este estudiante austriaco de Derecho tuvo la osadía de llevar a Facebook a los tribunales tras el “chivatazo” de Edward Snowden sobre el espionaje masivo practicado en la red de resdes por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) con la connivencia de Facebook y otros gigantes de internet.

¿Lo que Schrems echa en cara a Facebook? Que la red social de Mark Zuckerberg transfiere los datos de sus usuarios europeos a Estados Unidos, donde su seguridad de tales datos no está en absoluto garantizada.

Pues bien, los denodados esfuerzos de Schrems por poner a Facebook los puntos sobre los íes tuvieron ayer premio y fue un premio de los gordos. El Tribunal Superior de Justicia de la UE publicó este martes la sentencia del denominado «caso Facebook» y en virtud del dictamen de ahora en adelante las agencias nacionales de protección de datos podrán bloquear las transferencias de datos de ciudadanos europeos a Estados Unidos si considera que la empresa a la que se transfieren tales datos no es de confianza.

Según la sentencia, el criterio de las agencias nacionales de protección de datos prevalecerá a partir de ahora sobre el de la Comisión Europea en los tratados bilaterales de comercio.

Actualmente la legislación comunitaria permite que los datos de los ciudadanos europeos puedan viajar más allá del territorio de la UE siempre y cuando el país de destino cuente con un reglamento adecuado de protección de datos. Esta legislación, que hacía hasta ahora posible que empresas como Facebook, Google, Apple y Microsoft pudieran transferir sin ningún tipo de cortapisas datos de Europa a Estados Unidos (que tiene al fin y al cabo la calificación de “puerto seguro”), quedará invalidada con el reciente dictamen del Tribunal Superior de Justicia de la UE.

El “caso Facebook” deja claro algo que los consumidores no somos ni mucho menos títeres impotentes en manos de las grandes multinacionales tecnológicas. No nos duelen prendas a la hora de utilizar profusamente los servicios digitales de las grandes empresas de tecnología. Sin embargo, cuando lo que está en juego es defender la protección de nuestros datos personales, nos falta energía para ponernos manos a la obra. ¿Por qué? Básicamente porque nos beneficiamos de una oferta digital enorme y a cambio de tener acceso de esa oferta renunciamos de buena gana a proteger nuestros propios datos personales.

Aceptamos condiciones de servicio escritas en un abstruso lenguaje legal sin haberlas leído ni siquiera antes. Somos así de pasivos (y de perezosos).

Aun así, y quizás con el miedo metido en el cuerpo tras la victoria en los tribunales de Max Schrems, las grandes empresas tecnológicas no se atrevan ya a aprovecharse así como así de nuestra propia pasividad.

Y es que los titanes tecnológicos que operan al otro del charco y que tanto trafican (sin impunidad alguna) con nuestros datos están en estos momentos en un brete del que tienen todas las papeletas para salir escaldados. Las más de 5.000 empresas norteamericanas que se han agarrado hasta ahora como a un clavo ardiendo a la calificación de “puerto seguro” para transferir datos de Europa a Estados Unidos están ahora bajo la sombra de la inseguridad jurídica.

Estados Unidos y Europa deberán llegar ahora a un acuerdo para la transferencia de datos personales, pero deberá ser un acuerdo del que se beneficien no única y exclusivamente los americanos sino todas las partes implicadas. Esta será la primera consecuencia política de la histórica sentencia del “caso Facebook”.

A nivel económico, el dictamen representa una oportunidad única para reformular las reglas del juego (quizás demasiado laxas) de la economía digital. Y si finalmente se reformulan, será gracias a un internauta “protestón” llamado Max Schrems. ¿Quién dijo que los consumidores somos insufriblemente letárgicos?

 

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