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¿Seguirá el metaverso venerando los cuerpos pluscuamperfectos que reinan hoy en las redes sociales?

Digital MarketingEl metaverso no debería replicar los mismos errores que cometieron en su día las redes sociales

La identidad y la imagen corporal en el metaverso

¿Seguirá el metaverso venerando los cuerpos pluscuamperfectos que reinan hoy en las redes sociales?

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

En el viraje de las redes sociales al metaverso habrá que tener en cuenta los errores que las plataformas 2.0 cometieron en el pasado para liberar al metaverso de la ponzoñosa herencia de Facebook y compañía.

Hoy por hoy resulta prácticamente imposible zambullirse en las procelosas aguas de internet sin resistirse al embrujo del metaverso, que pese a echar anclas en tecnologías que nada tienen de nuevas (la realidad virtual y la realidad aumentada), parece abocado a tener un rol absolutamente protagonista en nuestras vidas.

Si el concepto de metaverso ha protagonizado tan fenomenal eclosión en el transcurso de los últimos meses es en buena medida porque ha metido en la coctelera algo que la realidad virtual y la realidad aumentada obviaron hasta hace poco: la economía digital que sirve de carburante a estas dos tecnologías y logra que los usuarios se peguen a ella como lapas.

Con la entrada en escena de las criptomonedas y los NFT llegan las compras virtuales al metaverso y tales compras abren las compuertas de experiencias inmersivas increíblemente realistas que podrían dejar totalmente obsoletas las redes sociales que hoy todos conocemos.

En el viraje de las redes sociales al metaverso habrá que tener en cuenta los errores que las plataformas 2.0 cometieron en el pasado para liberar al metaverso de la ponzoñosa herencia de Facebook y compañía.

El metaverso no puede tropezar en la misma piedra que las redes sociales

Del vientre de las redes sociales han brotado múltiples errores en los últimos años y algunos de los más graves están directamente emparentados con las mujeres, a las que las plataformas 2.0 han condenado a estereotipos que nada tienen de realistas y sí mucho de venenosos, explica Izzy Howell en un artículo para Fast Company.

En este sentido, a medida que el metaverso de convierte en parte ineludible del «zeitgeist» actual, será inevitable explorar cómo se abordarán la identidad y la imagen corporal en los nuevos universos virtuales que están ya a la vuelta de la esquina.

Las redes sociales han contribuido a que las mujeres caigan en una peligrosa trampa y crean que su poder en las plataformas 2.0 es en buena medida deudor de la comoditización de sus propios cuerpos, que deben adherirse por supuesto a estándares de belleza muy concretos.

En los sociales muchas féminas están convencidas de que para ser colmadas de «likes» deben ser en realidad poco más que objetos y deben dar más prioridad a su propia apariencia física que a cualquier otra faceta.

Puesto que las redes sociales recompensan hoy por hoy a las mujeres por avenirse a sexualizar su propia imagen, el metaverso podría caer en la tentación de replicar esta narrativa destructiva y de perpetuarla en un concepto que está aún a su fase más primigenia.

Resulta casi imposible reflexionar sobre la identidad y la imagen física en el metaverso sin que acuda a nuestra mente el personaje Aech de la novela Ready Player One. En OASIS, el metaverso donde se desarrolla el famoso libro de Ernest Cline, Aech es un avatar masculino de raza blanca. Y no es hasta más tarde cuando Cline revela la verdadera identidad de Aech. En el mundo real Aech es una mujer de raza negra llamada Helen Harris. Este personaje se parapeta en OASIS tras una raza y un género que no son los suyos para evitar la discriminación.

Aun cuando Ready Player One es una novela ambientada en 2045, los que son quizás los elementos más nefarios de la sociedad (el sexismo y el racismo) asoman también la pezuña en el metaverso.

Así y todo, y pese a que el metaverso replicará probablemente mucho de los males de la sociedad actual, hay algo en este concepto que abre la puerta a la esperanza. Al fin y al cabo, tal y como demostraron en 2007 un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford, los avatares con los operan las personas en realidades simuladas terminan también impactando en su comportamiento en el mundo real. Es el denominado Efecto Proteus, según el cual la manera en que nuestros cuerpos son representados en entornos virtuales afecta (tanto para bien como para mal) a las conductas de las que hacemos gala en el mundo real, dice Howell.

Hacia un metaverso descentralizado

Para liberarse del tóxico abrazo de una sociedad donde lo que somos lo dicta en buena medida nuestra identidad y nuestra apariencia física el metaverso debe levantarse desde cero, echar abajo los viejos y rancios sistemas sociales y dar forma a la «metasociedad» que realmente merece la humanidad: una «metasociedad» que libera y empodera a las personas al margen de su raza, su género o su orientación sexual.

A diferencia de en las redes sociales, donde las normas las dictan desde arriba, en el metaverso, que está aún por edificarse, todos tenemos a bote pronto el poder de influir.

De hecho, una de las mayores diferencias entre la web2 y la web3, aquella en la que apoya el metaverso, es que nos permite ser mucho más que meros usuarios para operar como contribuyentes y propietarios de los espacios digitales a los que dedicamos tanto tiempo y atención. En la web3 los usuarios pueden participar de manera activa en la gobernanza de los espacios digitales que habitan.

Si el metaverso germina desde la simiente de la descentralización, será mucho más sencillo garantizar la inclusión y el empoderamiento de los usuarios que allí toman parte. En su vertiente más pura el metaverso está a años luz de las redes sociales que hoy todos conocemos y no está a merced de algoritmos que manejan a su antojo solo unos pocos.

En este tipo de metaverso podría florecer una próspera «creator economy» en la que los usuarios puedan ganarse la vida sin jugárselo todo a la carta de unos pocos «likes» y las mujeres sean valoradas como personas y no por fotografías pluscuamperfectamente editadas.

Si el metaverso logra liberarse del yugo de las corrosivas estructuras de la sociedad actual, todo el mundo podrá participar allí libremente. De hecho, todos tendrán la potestad de crear sus propios metaversos. Y mediante el Efecto Proteus la democratización inherente al metaverso terminaría reflejándose también como un espejo en el mundo real, concluye Howell.

 

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