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¿Hasta qué punto es peligroso Zoom?

Zoom, el software que el coronavirus convirtió primero en cordero y después en lobo

Ante la falta de criterio unánime en torno la seguridad de Zoom, parece que la cautela es absolutamente imperativa en el uso del software que el COVID-19 ha encumbrado fulgurantemente al estrellato.

zoom

Autora de la imagen: Yulia Kolodiy

Hemos sido testigos de idéntica historia miles de veces: la vieja historia de la empresa "techie" que se convierte en viral de la noche a la mañana y a cuya beatífica sombra todos quieren cobijarse. Todos beben los vientos por la empresa de marras, pero con el tiempo a ésta se le empiezan ver las costuras y lo que a bote pronto parecía maravilloso adquiere de repente tintes mucho más lóbregos.

Esta historia, que tantísimas veces han desfilado con anterioridad por nuestras retinas, es también la historia de Zoom, la compañía tecnológica a la que el coronavirus ha encumbrado de manera fulgurante al estrellato.

Cuando a finales de febrero Zoom se ofreció a prestar ayuda a las instituciones educativas a fin de procurar soporte a sus alumnos durante el confinamiento impuesto por el COVID-19, casi nadie intuyó (ni siquiera Eric S. Yuan, el CEO de la compañía) que la empresa estaba a las puertas de un éxito de dimensiones absolutamente colosales. Resulta que 90.000 escuelas de 20 países diferentes aceptaron la mano tendida de Zoom. Y la empresa, cuyo software con el foco en la videoconferencias tenía a finales de diciembre apenas 10 millones de usuarios, pasó a tener a finales de marzo más de 200 millones de suscriptores (tanto de pago como de naturaleza gratuita).

Ante la avalancha de nuevos usuarios Zoom trabajó duro para poder prestar soporte a todos ellos y que pudieran estar en contacto con otras personas pese al aislamiento.

Particularmente en el ramo de la educación y el trabajo Zoom fue recibido con los brazos abiertos, pero poco a poco comenzaron a surgir también las suspicacias. ¿Cómo es posible que se sepa tan poco de una app que utilizan a diario millones de personas (incluidos niños) en todo el mundo?, empezaron a preguntarse algunos.

Del cielo al infierno de las críticas

En un post publicado el pasado 1 de abril en el blog corporativo de Zoom su CEO confiesa que la compañía que lidera es perfectamente consciente de no haber satisfecho las expectativas de su comunidad (y las suyas propias) en lo relativo a la privacidad y la seguridad.

Yuan entona el "mea culpa", pero simultáneamente recalca que Zoom ha emprendido ya algunas acciones para garantizar la privacidad y la seguridad en el software de videollamadas de la compañía.

Pero, ¿cuáles son las razones que han llevado a Zoom a disculparse públicamente? La lista no es corta precisamente. De acuerdo con un informe publicado por Vice.com, Zoom habría compartido datos con Facebook, algo que no está estrictamente prohibido, pero que la compañía debería haber comunicado apropiadamente a sus usuarios.

La famosa app de videoconferencias recopila datos sobre los hábitos de sus usuarios y los dispositivos desde los que se conectan y pasa esa información a Facebook con fines publicitarios.

Actualmente, y en vista del vendaval de críticas recibidas, Zoom ha dejado de compartir datos con Facebook desde su aplicación para iOS.

Por otra parte, según la web especializada en tecnología Golem, Zoom albergaría en sus entrañas importantes agujeros de seguridad. En los ordenadores Mac en particular uno de esos agujeros de seguridad permitiría el acceso a la cámara y el micrófono sin el consentimiento expreso del usuario (haciendo, por lo tanto, estos dispositivos mucho más susceptibles de eventuales ataques). Y el acceso a la cámara y al micrófono seguiría siendo posible al parecer una vez desinstalado el software de Zoom en el ordenador.

¿Es Zoom terreno minado en lo que a la seguridad se refiere?

La organización estadounidense con el foco puesto en los derechos civiles Electronic Frontier Foundation (EFF) critica asimismo diferentes funcionalidades de Zoom. Una de ellas permitiría a quienes ejercen de administradores dentro la app monitorizar el nivel de atención de otros usuarios durante las videoconferencias. Los administradores ostentarían el poder de enviar notificaciones a otros usuarios cuando la ventana dedicada a Zoom la ocultan otras aplicaciones durante un determinado periodo de tiempo. Además, los administradores podrían unirse a videoconferencias sin ser invitados. En este sentido, una conversación confidencial entre colegas sería totalmente imposible en Zoom.

El 3 de abril la compañía confirmó, por otra parte, los resultados de una investigación emprendida por el Citizen Lab de la Universidad de Toronto en virtud de la cual Zoom facilitaría que China monitorizara videollamadas de usuarios en todo el mundo.

Así y todo, y pese a los importantes fallos de seguridad y privacidad que sobrevuelan en estos momentos sobre Zoom, la gente sigue utilizando con fruición la app, quizás porque sus múltiples beneficios son capaces de aniquilar todas las dudas (incluso las más insistentes).

En beneficio de Zoom hay que admitir que nadie esperaba que en cuestión de pocas semanas todo el mundo estudiara y trabajara con el software de esta compañía a su vera.

Yuan advierte por lo pronto que Zoom fue concebida primigeniamente con el foco puesto en las empresas. Con todo, y pese a que Zoom es hoy radicalmente distinto a aquello para lo que fue concebido en su día, lo cierto es que muchos de los problemas que se le atribuyen actualmente vienen de tiempos pretéritos, antes de que la app estuviera en boca de todo como consecuencia del coronavirus.

Los problemas han salido a la luz ahora, pero no son nuevos ni mucho menos

En 2015 un tribunal de Pensilvania envió a un hombre a prisión por compartir a través de Zoom el vídeo de la violación de un niño de seis años. Y el fiscal Austin Berry llegó a referirse a Zoom como "el Netflix de la pornografía", tal y como recoge Horizont.

Zoom se defiende argumentando que en los últimos años ha mejorado sustancialmente su capacidad para monitorizar la difusión de contenido de naturaleza ilegal.

Sin embargo, parece que los problemas persisten porque el pasado 20 de marzo Chipotle tuvo que cancelar una videoconferencia pública con un conocido músico porque uno de los participantes comenzó a enviar contenido pornográfico a otros usuarios.

La cuestión que tales problemas pueden ser solo una molestia (más o menos insidiosa) para los adultos, pero son absolutamente imperdonables (e inaceptables) cuando hay niños involucrados (que los hay).

Y aun así, sigue sin haber unidad de criterio a la hora en elevar a los altares o en su defecto mandar al infierno a Zoom. En Alemania los expertos en protección de datos tildan a Zoom de auténtica catástrofe desde el punto de vista de la privacidad. Pero en Reino Unido el Centro Nacional de Ciberseguridad argumenta que no hay en realidad razón alguna para no utilizar Zoom con fines comunicativos bajo cierto nivel de confidencialidad.

Ante la falta de criterio unánime parece que la cautela es absolutamente imperativa en el uso de Zoom, ya desde su misma instalación, puesto que su software se ha convertido en el particular objeto de deseo de muchos cibercriminales para diseminar "malware" que muchos programas antivirus son hoy por hoy incapaces de reconocer como tal.

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