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¿Fin de Hollywood?: La inteligencia artificial reescribe las reglas del cine

Cine generado por IA transforma Hollywood: clips, efectos e historias personalizadas cambian la forma de hacer y consumir cine.

Cine IA Hollywood

ESCRITO PORValeria Rodriguez

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La irrupción de la inteligencia artificial en la creación audiovisual está reescribiendo las reglas del cine, y es que actualmente se ve cómo startups tecnológicas, estudios tradicionales y cineastas se enfrentar a la pregunta incómoda de: en un mundo donde cualquiera puede generar una película con unas pocas instrucciones, ¿qué papel le queda a Hollywood?.

Durante décadas, Hollywood ha sido sinónimo de magia, talento y grandes historias. Hoy, ese estatus se tambalea. Herramientas de vídeo generativo impulsadas por IA, como las desarrolladas por startups como Luma AI o Moonvalley, permiten crear escenas cinematográficas realistas en segundos, sin cámaras, sin equipos de efectos especiales y sin grandes presupuestos. Lo que antes requería estudios multimillonarios ahora cabe en una pantalla.

Del «cine para todos» al cine para cada uno

La plataforma Dream Machine de Luma AI ejemplifica este cambio de paradigma, teniendo en cuenta que, a partir de simples prompts de texto, cualquier usuario puede generar clips de calidad profesional o transformar vídeos existentes: cambiar escenarios, personajes o estilos visuales sin apenas fricción técnica. Aunque hoy los clips están limitados a unos segundos, la ambición es mucho mayor.

Tal como comparten desde Los Ángeles Time, Amit Jain, CEO y cofundador de Luma, imagina un futuro de entretenimiento hiperpersonalizado, donde cada espectador reciba historias hechas a su medida: desde una comedia ambientada en su oficina hasta una epopeya de ciencia ficción protagonizada por alguien que se le parezca. «El contenido para millones obliga a ir al mínimo común denominador. El contenido hecho solo para ti es mejor», afirma.

Esta visión choca frontalmente con el modelo tradicional de Hollywood, basado en grandes estrenos y narrativas universales. Para algunos, es una oportunidad de renacimiento creativo; para otros, el principio de una irrelevancia acelerada.

Hollywood se adapta con cautela

Frente a este gran cambio, los grandes estudios no piensan quedarse atrás y ya están incorporando la IA en sus flujos de trabajo. Netflix ha utilizado herramientas generativas para acelerar efectos visuales, Lionsgate ha entrenado modelos propios con su catálogo y Paramount habla abiertamente de convertirse en un «estudio en la nube». De esta manera se puede ver como la IA ya no solo se presenta como una herramienta para disminuir costes, sino una cuestión de supervivencia.

Sin embargo, la adopción no está exenta de tensiones, y es algo que se ha podido apreciar con las huelgas de guionistas y actores de 2023 que dejaron en claro el miedo a la automatización creativa. La consigna «la IA no es arte» resonó con fuerza en una industria que ve amenazada la autoría, el empleo y la identidad cultural del cine.

Por ahora, la mayoría de estudios insisten en que la IA complementa, no sustituye, a los creadores humanos. De hecho, la Academia de Hollywood ya ha establecido que el uso de IA no penalizará ni beneficiará a una película en los Oscars, siempre que la autoría humana siga siendo central.

De igual manera, otro gran temor frente a esta realidad es el volumen. Frente a las aproximadamente 15.000 horas de contenido que produce Hollywood al año, plataformas como YouTube reciben cientos de millones de horas anuales. La IA puede multiplicar esa cifra hasta niveles ingobernables.

Surge así el concepto de «slop«: contenido barato, algorítmico y olvidable que satura feeds y plataformas en la economía de la atención. En este contexto, destacar culturalmente es cada vez más difícil, incluso para los grandes estudios.

¿El fin de Hollywood o su reinvención?

Mientras algunas personas predicen la muerte del cine tal y como lo conocemos, otros ven una evolución inevitable, teniendo en cuenta que, nuevos estudios nativos de IA, formatos interactivos, narrativas colaborativas y experiencias inmersivas apuntan a un Hollywood menos centralizado, pero no necesariamente menos relevante.

La gran incógnita no es si la IA cambiará el cine, sino quién controlará las historias, cómo se monetizarán y qué valor seguirá teniendo la autoría humana en un mundo de narrativas infinitas y personalizables.

Quizá Hollywood deje de ser el único guardián del imaginario colectivo, o quizá, como ya ocurrió con el sonido, el color o los efectos digitales, vuelva a reinventarse. Lo que está claro es que, por primera vez en mucho tiempo, la fábrica de sueños compite en igualdad de condiciones con cualquiera que tenga una idea y una buena IA.

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