Mobile

¿Qué consume más? ¿Un teléfono o un refrigerador?

Cada vez utilizamos más el teléfono móvil, pero ¿Somos conscientes del gasto eléctrico que conlleva?

Una noticia publicada en Climate Progress daba la voz de alarma con este titular: Un iPhone consume más energía que un refrigerador mediano. Si sumamos la conexión Wi-Fi, la transmisión de datos y la carga de batería, el consumo energético de un smartphone asciende a 361kWh. Aproximadamente 40 kWh por encima de un refrigerador mediano.

La noticia hace referencia a un estudio llamado The cloud begins with coal: Big data, Big Networks, Big Infraestructure and Big Power (La Nube empieza con carbón: Big Data, Grandes redes, Grandes Infraestructuras y Gran Potencia). En él se reconoce que el aumento del consumo eléctrico de las TIC (10% del consumo mundial) se debe en parte al uso masivo de smartphones.

Según el autor del estudio, Mark Mills, la razón de este consumo desproporcionado es su uso continuo. La tecnología nunca duerme, al contrario del resto de electrodomésticos.

Los avances en la tecnología móvil no favorecen el control del consumo eléctrico. Es evidente que un teléfono gasta mucha más batería cuando se utiliza el tráfico de datos o el Wi-Fi.

El dato curioso lo pone de Huffington Post en un reciente artículo, consume más energía ver un película HD en streaming que fabricarla y llevarla hasta su casa.

Sin embargo, muchos expertos del sector no están de acuerdo con dichas informaciones. La revista TIME ha consultado a varios expertos del sector para elaborar un reportaje acerca del consumo de móviles. Entre los expertos consultados se encuentran los profesores Gang Zhou y Gernot Heiser, de la universidad de New South Wales en Sidney (Australia) College de Williams and Mary. En su opinión, los cálculos de Mills son exagerados y no responden a los datos reales del consumo de smartphones. Aunque sí reconocen el aumento del gasto energético de la tecnología.

En la misma línea que el reportaje de TIME, un estudio desarrollado en el CEET de Melbourne pone de manifiesto la sobreestimación de los cálculos de Mills. A pesar de que los expertos no se pongan de acuerdo en sus posturas, lo que está claro es que la tecnología, aunque carezca de cables, también consume energía.

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