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El futuro de los medios en los dispositivos móviles no pasa por las aplicaciones, sino por la web

En el momento en que Apple lanzó el iPad en abril de 201o,  justo cuatro meses después de que Steve Jobs anunciara por primera vez sus "mágicas y revolucionarias" máquinas nuevas en San Francisco, los editores tradicionales se han visto afectados por una desilusión generalizada. Ellos creyeron que los dispositivos móviles con grandes y coloridas pantallas, como el iPad, el iPhone y otros similares que llevan el software Android de Google, les permitirían solucionar sus encontronazos con internet.

Para los editores que se formaron con la era de las revistas y los periódicos en papel, la expansión de internet fue muy desorientativa. Y es que la red ha enseñado a los lectores que pueden leer las historias que deseen sin pagar por elllas y cuando lo deseen y, además, internet ha ofrecido a los anunciantes grandes oportunidades para insertar publicidad. Entonces fue cuando las tabletas y los smartphones parecían prometer una vuelta a los días más fáciles. e a return to simpler days.

Y es que, aparentemente, las tabletas y los smartphones se parecen a una revista o periódico en cuanto a las formas. Pero no tenía sentido hacer una réplica de las ediciones digitales de los medios por lo que entonces fue cuando llegó la fiebre de las aplicaciones porque éstas funcionaban de forma nativa en los dispositivos y con un software seguro. Así, perdieron la cabeza. Argumentaban que en las aplicaciones se ofrecían además contenidos extraordinarios y muy novedosos para el lector, como fotografías extra, vídeos, clips de audio...

Los editores se creyeron todo esto porque, de esta forma, estaban creando un producto único, similar a un periódico o revista, como ya hicieron en su momento, en lugar de adaptar el papel a una copia en digital para la web. Un producto por el que podrían volver a cobrar a los usuarios porque les estaban ofreciendo contenidos adicionales, y con el que podrían reeducar a los lectores enseñándoles que las publicaciones son algo por lo que merece la pena pagar. Se convencieron a sí mismos de que produciendo contenidos editoriales para las aplicaciones y desarrollando esas aplicaciones por sí mismos sería algo sencillo. Por ello la mayor parte de los editores tenían departamentos de desarrollo web.

El problema principal vino a la hora de contabilizar la difusión y el alcance de esos contenidos, algo complicado según el Audit Bureau of Circulations (ABC), el organismo que se encarga de auditar la circulación y la audiencia de la información para revistas y periódicos por todo el mundo. Y es que la publicidad es el verdadero sustento del negocio de los medios, pero llegó un punto en el que los editores tradicionales no pudieron competir con Google y otras compañías nuevas en la venta de anuncios digitales. La irrupción de las aplicaciones parecía ser el freno a ese declive, devolviendo los medios a su estructura tradicional de propietarios.

Pero entonces fue cuando vinieron todos los problemas y entró en juego el papel de Apple en toda esta historia. Y es que la compañía de la manzana demandó un porcentaje del 30% de los ingresos que se generaran a partir de la venta de cada ejemplar en su tienda de iTunes. A lo que hay que sumarle que los mágenes de beneficios en las ventas de copias individuales de las publicaciones suelen ser de menos de un 30%, asi que los editores estaban pagando de más a Apple. Muchos respondieron con no vender copias individuales de sus revistas.

Y, por otro lado, había más dificultades, como los problemas para adaptar sus publicaciones a las aplicaciones. Concretamente, el ratio de las tabletas, que pueden verse tanto en horizontal como en vertical, es decir, un verdadero quebradero de cabeza a la hora de adaptar los contenidos ya que, por su parte, las pantallas de los smartphones son mucho más pequeñas. Ante la absurda idea de que muchos editores optaran por producir hasta seis versiones diferentes de sus publicaciones, nos planteamos si realmente el futuro de los medios pasa por las aplicaciones o si lo más acertado sería mantener esa adaptación a los formatos web sin tener que lidiar día y noche con Apple y sin tener que diaseñar los contenidos como si se tratara de un puzzle. ¿Ustedes que opinan?

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