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El "guasapear" se va a acabar: vuelve el Nokia (con serpiente incluida)

lindsay_lohan_terry_richardson_gunHoy en día es cada vez más frecuente ver cómo la tecnología ha absorbido nuestras vidas. La creciente dependencia de los teléfonos inteligentes nos ha vuelto, en algunos casos de la manera más literal, en auténticos adictos al móvil.

No es extraño viajar en transporte público sin cruzar una sola mirada con el resto de personas que le acompañan y es que, están más ocupadas consultando su conversación de WhatsApp, qué hay de nuevo en Facebook o las mejores fotos de su Instagram.

Pero esta obsesión por estar siempre conectados se ha convertido casi en un deporte de riesgo pudiendo causar algún que otro susto y que ha dado lugar a iniciativas en muchas ciudades como crear carriles para viandantes que deseen caminar mientras consultan sus teléfonos.

Bromas aparte, la paradoja es real: cuanto más conectados estamos a la tecnología, mayor es la desconexión con el mundo real. Es difícil encontrar a alguien que no cuente actualmente con un smartphone en su bolsillo (o, más bien entre sus manos) y no solo afecta a los usuarios más jóvenes pues incluso las personas mayores han dejado atrás aquello de «a mí con que sirva para llamar…» y han caído rendidos al encanto del seductor WhatsApp. Ya se sabe, renovarse o morir.

Pero todavía hay quien no quiere renovarse, pocos, pero los hay. Concretamente un 2% del mercado de móviles se corresponde con la venta de Nokia, Motorola, Alcatel y demás marcas que parecen haber pasado a la historia. En nuestro país existe un 13% de la población que se ha negado a rendirse a la tiranía tecnológica y todavía posee un teléfono que solo llama.

Aunque muchos admiten que, en ocasiones, se sienten algo aislados, también se consideran más libres al no tener la necesidad de consultar constantemente sus teléfonos. Aunque son una minoría, más de un aficionado al smartphone desearía en ocasiones poder desconectarse del mundo (o tirarlo directamente por la ventana) aunque, el miedo al aislamiento social nos evade de volver al Nokia.

«Es muy difícil vivir hoy en día desconectado», explica María Palacín, doctora en Psicología y directora del Master de Autoliderazgo y Conducción de Grupos en la Universidad de Barcelona a El Mundo. «Si no tienes WhatsApp estás perdido y nadie se quiere sentir excluido. Todo esto fomenta un autismo social entre los más jóvenes que es preocupante».

Y no solo autismo sino también nomofobia, whatsappitis o selfitis, términos que acuñan las nuevas «enfermedades» provocadas por las redes sociales y el móvil.
Sin embargo, a pesar de contar con 50 millones de líneas telefónicas en nuestro país, parece que la obsesión por el móvil ha comenzado a tocar techo y son cada vez más las personas que deciden alejarse de mundo online.

Y para muestra la iniciativa de Joe Hollier y Kaiwei Tang, creadores del llamado Light Phone, un teléfono de 38 gramos de peso, pequeño tamaño y con una batería con 20 días de duración, todo un lujo.

El problema (o no), que solamente sirve para realizar llamadas, mirar la hora y utilizarlo de linterna, funciones que para muchos supondrían un auténtico castigo pero que ha convencido a otros muchos pues, el producto ya ha alcanzado los 5.000 pedidos en 71 países.

La moda de las tecnologías y las redes (anti)sociales han provocado que las adicciones y obsesiones lleguen a extremos insospechados. Tener más likes en Facebook, subir documentos gráficos de todo lo que hacemos, compramos o comemos a Instagram o incluso arriesgar la propia vida de la manera más estúpida y egocéntrica posible, tratando de sacarse un selfi.

Si se ha sentido identificado el diagnóstico es claro pero tranquilo, tiene solución: levante la cabeza y comience a ver el mundo a través de sus ojos y, sobre todo, a través de los de los demás.

 

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