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El iPhone es materialmente chino: sólo la idea es estadounidense

¿Puede ser el iPhone un símbolo de la deslocalización que se ha sufrido en EEUU y otros países del mundo occidental en la última década? De momento así los apuntan desde The New York Times refiriéndose a un modelo que ha dejado de lado a la industria en favor de los servicios con consecuencias espectaculares para las grandes empresas pero mucho menos positivas para el ciudadano medio. «A pesar de ser un símbolo del ingenio estadounidense, la práctica totalidad del teléfono está fabricada fuera del país», explica un artículo en profundidad del periódico sobre los efectos del cambio del modelo industrial.

Y la preocupación viene precisamente porque,  a pesar de que muchas de sus empresas están ganando más dinero que nunca, esto no se está traduciendo en un incremento de empleos en su lugar de origen. “En el pasado las empresas tenían un cierto apego a su país de origen pero la obsesión por el beneficio ha hecho que eso desaparezca”, recoge este artículo. Algo que nos lleva directamente a la otra cara de la moneda que es China: un país en el que antes se producían productos baratos y de mala calidad y que ahora se ha convertido en uno de los más sofisticados para fabricar productos de alto valor añadido. En otras palabras, el afán por abaratar precios al máximo ha llevado a países como EEUU a entregar las llaves de la innovación industrial a los chinos hasta el punto de que ya apenas existe infraestructura para fabricar iPhones en su país de origen a la escala que necesita Apple, según recoge la revista Yorokobu.

La experta en startups Sara Lacy pinta un panorama en el que los ingeniosos chinos han sido capaces de aprovechar al máximo esta oportunidad que se les ha dado. La periodista compara el grado de sofisticación de la capacidad industrial china con la capacidad para producir software en Silicon Valley. “El artículo confirma la tesis central de mi último libro. La ventaja de fabricación china ya no es precio. El país ha utilizado esa ventana para innovar en cómo funciona su cadena de suministro. Hoy pierde frente a otros en precio pero gana en rapidez, flexibilidad y know how”. “Siguen haciendo productos malos pero también algunos de los mejores productos del mundo”, añade.

Lo que Lacy pasa por alto es que el país cuenta con una ‘ventaja’ que no existe en otras partes del mundo. En China una empresa es capaz de exigir cosas imposibles de hacer en otros lugares debido a la ausencia de derechos laborales. En el mismo artículo de The New York Times, un ex ejecutivo de Apple explica al periódico cómo un proveedor de la compañía puso a trabajar a miles de trabajadores a medianoche cuando unos cambios de diseño en el iPhone semanas antes de salir al mercado obligaron a cambiar el proceso de producción.

“Un capataz inmediatamente despertó a 8.000 trabajadores en los dormitorios de la compañía. A cada uno se le dio una galleta y una taza de té. Media hora después empezaron un turno de 12 horas para instalar pantallas de cristal. En 96 horas, la planta estaba produciendo 10.000 iPhones al día”. “La velocidad y flexibilidad es increíble. No hay una planta estadounidense que lo pueda igualar”. Esa flexibilidad es la que muchos tildarán de esclavitud del siglo 21 y no les faltará razón. Gracias a esta forma de trabajo, el iPhone cuesta 65 dólares menos que si fuera fabricado en EEUU. Pero esto es solo una parte de la historia.

Los chinos no son tontos y probablemente no harán esto para siempre. Toda esta experiencia les está posibilitando crear sus propias empresas capaces de competir en calidad y precio con el resto del mundo. En ese sentido, el artículo sirve de lección para aquellos países que quieren abandonar por completo su industria. Una vez que lo pierdes es muy difícil recuperarlo. Se crean empleos de alto valor añadido pero se destruye mucho trabajo para el empleado medio, como ha sucedido en EEUU.

Una de las razones por las que Alemania ha conseguido sortear la crisis es el hecho de haber seguido apostando por su industria, que ayuda a mantener una clase media sólida. Japón se encuentra en una situación similar. Tampoco nos centremos únicamente en el iPhone. Esto es solo una pequeña parte del interesante artículo de The New York Times. El reportaje cubre muchas facetas de las complejidades de la globalización. Los ganadores y los perdedores, y el futuro que depara a las clases medias, que no es del todo esperanzador.

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