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¿Es Uber un actor más de lo que conocemos como "economía compartida"?

consumo-colaborativo economia compartidaLa economía compartida es un fenómeno que está viviendo un rápido crecimiento. Cada vez hay más personas que comparten su casa, su coche, su ropa o sus herramientas a través de plataformas online como Airbnb, RelayRides, Peerby, entre otros.

Pero, a pesar de su veloz auge, la economía compartida no ha estado exenta de críticas. Pero quien más críticas ha recibido es el servicio UberPOP (UberX en Estados Unidos) de Uber que permite que cualquier persona trabaje como conductor "aficionado". Los consumidores se benefician de unos precios más bajos, pero el sector del taxi denuncia que los pasajeros no tienen seguro y que realizan competencia desleal.

Lo cierto es que esta polémica sirve para atraer la atención hacia esta nueva industria, pero la verdadera pregunta es: ¿por qué pensamos que Uber esparte de la economía compartida?

La controversia deja claro que es ambiguo determinar dónde comienza y dónde termina esto de la economía compartida. Debido a que este concepto tiene connotaciones positiva y progresivas, cada vez más empresas se anuncian como que son parte de la economía compartida.

Sin embargo, si atendemos a una definición precisa, la economía compartida significa que los consumidores (o empresas) se conceden mutuamente un acceso temporal a sus activos físicos cuando no estás siendo utilizados. Con esta definición en mente, se hace evidente que muchas empresas afirman falsamente que son parte de la economía compartida. La claridad acerca de lo que implica la economía compartida es importante, sobre todo ahora que tanto defensores como opositores de todo el mundo están pidiendo una regulación clara.

En Uber podemos distinguir diferentes servicios. Por un lado, el servicio de transporte regular conocido como UberBlack, en el que encontramos conductores con licencia VTC que trabajan para la app. El servicio es verdaderamente innovador debido las funcionalidades que ofrece, como la reserva, el pago, y las opiniones. Pero es evidente que no es un ejemplo de economía compartida.

El otro servicio es UberPOP, que es el que genera mayores polémicas allá donde vaya. Con este servicio, cualquier persona puede ser conductor y llevar a la gente de A a B sin licencia. Pero UberPOP sólo sería una forma de economía compartida si el conductor hubiese hecho el viaje de todos modos. En ese caso, se habría compartido algo que estuviese inutilizado, ya que se emplearían los asientos del vehículo que de otro modo hubieran permanecido vacíos. Sin embargo, si el conductor sólo hace el viaje para transportar a alguien de A a B, se trata de un servicio de transporte con ánimo de lucro. Por tanto, Uber debería considerarse únicamente como una aplicación de transporte y no como una forma de consumo compartido.

Por último, recientemente Uber lanzó el servicio UberPool en San Francisco, que permite que varios pasajeros compartan un taxi. En este caso, los pasajeros hacen el mismo trayecto mientras que los asientos que de otra forma permanecerían vacíos, son utilizados. Este servicio, distinto del resto, sí que se consideraría como una forma de economía compartida.

Una confusión similar existe con Airbnb, la plataforma que permite que las personas alquilen su casa. Si la gente lo hace mientras se encuentra fuera temporalmente (vacaciones, viaje de negocios, etc.), su casa deshabitada está siendo compartida. Si, por el contrario, la gente vive de forma permanente en otra casa, y continuamente alquila su propia casa, en realidad están simplemente funcionando como un hotel ilegal. El primer ejemplo es parte de la economía compartida, mientras que el segundo no lo es en absoluto.

Aún más confusión surge en webs como TaskRabbit o Needto.com, en los que se puede contratar a alguien para todo tipo de tareas que van desde pasear al perro como para enlucir el techo. Estos sitios permiten la prestación de servicios, pero no la distribución de la capacidad entre los consumidores. Se equiparan incorrectamente con plataformas online como Peerby, en el que las personas comparten todo tipo de cosas, desde taladros o vestidos de fiesta.

Los políticos de diversos países han demostrado una actitud favorable hacia la economía economía, como en Estados Unidos, Corea del Sur o los Países Bajos. Ellos ven beneficios económicos (precios más bajos para los consumidores), sociales (las personas están más en contacto con los demás) y ambientales (las casas y otros bienes se utilizan de manera más eficiente). Sin embargo, los políticos no son insensibles a las críticas crecientes sobre las prácticas que se asocian erróneamente con la economía compartida. En la elaboración de futuras políticas, harían bien en distinguir las iniciativas de economía compartida de otros servicios de internet que, aunque claramente son innovadores, no permiten realmente que la gente comparta algo.

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