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iAd: el último gran fracaso de Steve Jobs

En sus últimos años de vida, Steve Jobs, el que fuera consejero delegado de Apple, adquirió un halo mágico sobre su persona. Con la diosa fortuna de su parte, convertía en oro todo lo que tocaba, ya fuera el iPod, el iPhone o el iPad. Sin embargo, en el historial del «mago» de la empresa de la manzana, hay también un «borrón» y ese borrón se llama iAd.

Lanzada hace casi un año y medio, iAd pretendía ser el trampolín para introducir a Apple en el negocio de la publicidad móvil. Sin embargo, la ambiciosa plataforma de publicidad móvil de la compañía de Cupertino no termina de despegar y Apple se ha visto obligada a rebajar los precios para atraer a unos anunciantes que parecen resistirse a los «encantos» de iAd.

¿Servirán las rebajas de Apple para relanzar la debilitada iAd? Parece poco probable, sobre todo teniendo en cuenta que la publicidad es un negocio turbio y desordenado, algo que desentona por completo con el universo reluciente y controlado al milímetro de Apple, explica Robert Hof en Forbes.

Sería deseable de todos modos que Apple lograra hacerse algún día un hueco en la industria publicitaria para hacerla más atractiva, menos molesta, más efectiva y en definitiva más “bella”. Lo malo es que la publicidad molesta, intrusiva y “fea” funciona y eso es lo único que vale para los anunciantes.

Otro de los errores de iAd es que está limitada a la publicidad móvil y, aunque es cierto que Apple disfruta de una privilegiada posición en el terreno de la telefonía móvil, está lejos de tener el absoluto control sobre este mercado. El verdadero “rey” de este sector no es otro que Android, cuya “madre” Google es no por casualidad la absoluta “reina” de la publicidad online. Hoy por hoy, el gigante de internet genera ingresos de alrededor de 2.500 millones de dólares a través de la publicidad móvil.

Pero la principal razón del fracaso de iAd es que los chicos de Madison Avenue, la meca de la publicidad, no quieren que los chicos de Silicon Valley les den lecciones de cómo comunicarse con el consumidor. Por lo tanto, si no pueden hacer los anuncios a su manera en el iPhone y en el iPad, no tienen inconveniente en mudarse al menos exigente Android. O a Facebook. O a la televisión, a cualquier sitio con tal de evitar el férreo control de Apple.

A los “geeks” de Silicon Valley les gusta pensar que son demasiado inteligentes para dejarse influir por la publicidad, al menos el tipo de publicidad que existe hoy en día, una publicidad que, a su juicio, no funciona. Sin embargo, están equivocados. Y todas las compañías tecnológicas, también Apple, deberían ser conscientes de su error. Si la empresa de la manzana quiere realmente reflotar iAd, debe primero despojarla de la pátina de arrogancia que la ha acompañado desde sus inicios.

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