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El iPhone X no es tan innovador como lo pintan

Por qué el flamante iPhone X tiene poco de revolucionario y mucho de "copión"

Por qué el flamante iPhone X tiene poco de revolucionario y mucho de "copión"Quien esperara ayer grandísimas y espectaculares innovaciones en la cacareada presentación del nuevo iPhone X se quedó probablemente con una mueca de decepción pintada en el rostro.

La mayor parte de novedades de las que el presume el flamante iPhone X de Apple (pantalla OLED, diseño sin marcos, carga inalámbrica) lleva haciendo de las suyas desde hace tiempo en los smartphones de la competencia (en cuyo espejo la empresa de la manzana se ha vuelto a mirar una vez más descaradamente).

“No sentimos la presión de ser los primeros a toda costa”, decía Tim Cook, CEO de Apple, en una entrevista concedida el pasado mes de junio a Bloomberg. Según Cook, los de Cupertino aspiran no a ser los primeros sino a crear los mejores productos.

Que a la empresa de la manzana no le importa efectivamente no ser pionera en el mercado “techie” ha quedo demostrado en el lanzamiento (tardío) del altavoz inteligente HomePod (adelantado por la derecha y por la izquierda por Amazon Echo y por Google Home). Y también en la presentación en sociedad del nuevo buque insignia de los de Cupertino: el iPhone X.

El nuevo smartphone de Apple viene pertrechado por primera vez de pantalla OLED (para la mejor reproducción de los colores). Sin embargo, Samsung lleva fabricando teléfonos con pantallas OLED desde el año 2011. Y la marca taiwanesa HTC lleva haciendo lo propio desde antes incluso que Samsung, recuerda Giuseppe Rondinella en un artículo para Horizont.

Otras de las novedades del nuevo iPhone X es que incorpora una pantalla sin marcos y huérfana de botón “home”. Pera esta novedad tampoco es en realidad tal. Samsung ya lanzó en abril de este mismo año un teléfono (el Galaxy S8) que se jactaba también de tener una frontal sin biseles y sin ningún botón físico. Y también el nuevo LG V30 y Essential Phone, un smartphone desarrollado por Andy Rubin (“padre” de Android) y lanzado el pasado mes de agosto, son dueños de pantallas sin bordes.

El iPhone X es, por otra parte, el primer smartphone “made by Apple” que puede cargarse de manera inalámbrica sin necesidad de enredarse en una auténtica telaraña de cables. Aun así, para los usuarios de Android la carga inalámbrica es una vieja conocida desde hace ya unos cuantos años. LG y Google (ambos desde el año 2013) y Samsung (desde 2015) integran desde hace tiempo la carga inductiva en sus smartphones. La carga inalámbrica los “fanboys” de Apple la conocieron por primera vez en 2015 de la mano del Apple Watch, pero ha habido que esperar dos años para que esta funcionalidad aterrizara también en los iPhones, recalca Rondinella.

Y no es la primera vez que la empresa de la manzana peca de “rezagada” en la introducción de innovaciones en sus iPhones. El sensor de huella dactilar integrado en el iPhone 5S llevaba dos años funcionando a pleno rendimiento en los teléfonos de Motorola. La carcasa impermeable del iPhone 7 habían sido introducida hace ya dos tres años por Sony y por Samsung. Y la supuestamente rompedora cámara dual del iPhone 7 había sido introducida previamente (con dos años de antelación) por HTC, LG y Huawei.

Aun así, y pese en que mucho sentidos el iPhone X peca de “copión”, regala también unas cuantas novedades técnicas al usuario, que podrá desbloquear el teléfono echando mano del nuevo y sofisticado sistema de reconocimiento facial del dispositivo. Y no sólo eso. Al nuevo iPhone X no se le escapa una y es capaz de detectar si el usuario está mirando o no la pantalla del teléfono (y acalla, por ejemplo, los sonidos de notificaciones cuando sabe que éste tiene sus ojos fijos en el teléfono). Una tecnología tan inteligente como esta no la habíamos visto antes en ningún otro smartphone.

De todos modos, y pese a lo maravilloso y casi futurista de esta funcionalidad, lo cierto es que al iPhone X, que marca el décimo aniversario del primer iPhone, el término “revolucionario” le viene inevitablemente grande. Y ello no impedirá, no obstante, que se venda como churros, pese a lo astronómico (y casi escandaloso) de su precio: 1.159 euros en su versión más económica.

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