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Yik Yak, la app que se ha convertido en compinche del "mobbing" en colegios y universidades

Yik YakLos yaks, unos peculiares bóvidos de pelo largo que habitan en las montañas del Tíbet, son los animales que inspiraron en su día a los creadores de Yik Yak, una controvertida app que permite la difusión de mensajes anónimos en un radio no más de 1,5 millas (aproximadamente 2,4 kilómetros).

¿Por qué controvertida? Porque se ha convertido simultáneamente en la compinche y en la pesadilla de muchísimos estudiantes estadounidenses. Hace un año Elizabeth Long, una alumna de 17 años de la Academia Woodward de Atlanta (Estados) se topaba con el siguiente mensaje anónimo en Yik Yak: “Elizabeth Long necesita dejar de hablar sobre cómo casi se suicida y simplemente terminar el trabajo”.

La joven, que por aquel entonces estaba recuperándose de un intento de suicidio, informó de un profesor de su confianza de la crueldad del mensaje anónimo que estaba difundiéndose como la pólvora en Yik Yak. Sin embargo, la dirección de la institución donde Long cursaba sus estudios no pudo hacer nada. Simplemente amenazó con requisar los móviles de los estudiantes que fueran vistos a la caza de “cotilleos” anónimos (y perversos) en la app de la discordia.

Aun así, Long no se dio por vencida y creó una petición online para solicitar a los creadores de Yik Yak, Tyler Drill y Brooks Buffington, la retirada de la polémica aplicación. La iniciativa de Long logró que la app fuera muy pronto bloqueada en los colegios y los institutos. ¿El problema? Que, lejos de arredrarse por esta restricción, la aplicación echó raíces de miles en universidades repartidas a lo largo y a lo ancho de la geografía estadounidense.

En el plazo de un año Yik Yak ha logrado convertirse en la app para la difusión de mensajes anónimos más descargada y está presente ya en 1.600 instituciones universitarias estadounidenses. Los “chismorreos” difundidos a través de la app, que cubren sólo un radio de 1,5 millas, encuentran su hábitat natural en los campus universitarios.

Y aunque Yik Yak es para muchos cómplice del “mobbing”, lo cierto es que sus creadores defienden la bondad de su “criatura” e insisten en la libertad (y protección que datos) que ofrece al usuario. A diferencia de en Twitter y en Facebook, en los posts publicados en Yik Yak no pesa la losa de la “huella digital”. Además, en esta aplicación es el contenido del mensaje y no su autor lo determina su popularidad. Los usuarios valoran positivamente (o negativamente) los mensajes y son esas valoraciones las que deciden en cuántas pantallas van a aparecer después dichos “posts”. En Yik Yak no hace falta ser Kim Kardashian para convertir un post en viral, insisten sus creadores.

Nadie duda de que Yik Yak ofrece libertad al usuario, pero esa libertad termina en ocasiones convirtiéndose en coartada del acoso y de actos a todas luces delictivos. Cuando hay sospecha de actividad delictiva de por medio, Yik Yak cede, eso sí, los datos del autor del mensaje a las autoridades policiales. En noviembre del año pasado un estudiante de la Universidad de Michigan fue condenado a dos años de libertad vigilada y a una multa de 800 dólares por dar alas a una amenaza terrorista a través de Yik Yak.

En las universidades, donde Yik Yak campa a sus anchas, esta aplicación es utilizada a menudo para difundir mensajes de carácter sexista y racista. Con todo, hay quienes alegan que el origen de tales mensajes no está en Yik Yak sino en problemas ya arraigados previamente en las instituciones docentes.

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