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Social Media Marketing¿Tiene sentido tirarse a la piscina de Clubhouse sin tener definida una estrategia de audio?

La apuesta por Clubhouse debe ir precedida de una estrategia de audio

Clubhouse y el afán por abrazar a tontas y a locas todas las modas habidas y por haber

El "hype" que hay aleteando en estos momentos en torno a Clubhouse demuestra lo problemático que puede llegar a ser para las marcas el hecho de ser huérfanas de estrategias de audio claramente definidas.

Clubhouse se ha agarrado con pegamento extrafuerte a las conversaciones de los marketeros, que no dudan en endilgar a esta plataforma la etiqueta (quizás precipitada) de estrella emergente de las redes sociales. Algunos van más allá y están convencidos de que Clubhouse va a poner patas arriba el universo de los social media y que incluso va a pegar un tiro en la nuca a los podcasts (los mismos que tenían hasta hace poco todas las papeletas para dispararse como un cohete).

Otros ven en Clubhouse una suerte de pérfido cefalópodo de los datos donde ser refugiarán más pronto que tarde radicales y teóricos de la conspiración.

Nadie parece ponerse de acuerdo en qué es exactamente esta red social de nueva hornada, a la que hay que atribuir en todo caso el mérito de agasajar a sus usuarios con conversaciones en tiempo real salpimentadas con elevadas dosis de interacción (que es lo que buena parte de la gente demanda precisamente en tiempos de pandemia).

Sin embargo, hoy por hoy Clubhouse tiene embelesados sobre todo y ante todo a los profesionales del marketing, la publicidad y la comunicación. El resto de la población es mayoritariamente ajena al fenomenal embrujo de esta plataforma. Y precisamente por esta razón Clubhouse no es todavía (o no debería ser aún) el nuevo «ojito derecho» de las empresas B2C (si bien su valor no debería tampoco ser subestimado).

Clubhouse como plataforma para la experimentación marketera

Las empresas no deberían en todo caso ignorar por completo Clubhouse (y esperar cruzadas de brazos a que esta plataforma se convierta en «mainstream»). Deben observar este nuevo canal y llevar a cabo experimentos en la red social que va a cambiarlo supuestamente todo en la arena de los social media, explica Stephan Schreyer en W&V.

Tales experimentos deben ser implementados con sentido y con mesura y apartándose deliberadamente de otros formatos mil veces vistos con anterioridad como los conferencias, las ponencias y los típicos paneles de discusión.

En los formatos nacidos al calor de Clubhouse es preciso inocular creatividad y coraje a raudales sin perder de vista en ningún momento la que es la verdadera columna vertebral de esta red social: las personas. Y son ellas (y no las marcas) las que están en primer plano.

El «hype» que hay aleteando en estos momentos en torno a Clubhouse demuestra en todo caso lo problemático que puede llegar a ser para las marcas el hecho de ser huérfanas de estrategias de audio claramente definidas.

Hasta hace bien poco los podcasts eran la estrella polar de las marcas en el territorio (poco explorado hasta la fecha) del audio, pero ahora de repente tales podcasts parecen haberse quedado «demodé» y Clubhouse parece abocado a ser su verdugo.

Jugárselo todo a la carta de Clubhouse sin tener antes una estrategia de audio es como empezar la casa por el tejado

Las marcas harían bien en abstenerse de saltar de canal en canal (muchas a veces a ciegas) en el ramo del audio porque en este sector es vital aprovisionarse de una estrategia clara a nivel corporativo.

¿Cómo se mide el éxito (a menudo inaprehensible) de las marcas en Clubhouse? ¿Es acaso posible el éxito (emparentado con la eficacia) en esta plataforma? ¿Tiene de verdad sentido volcar tantísimo esfuerzo en este canal? ¿Está acaso en Clubhouse el target que con tantísimo denuedo se persigue?

Estas y otras preguntas precisan respuestas perentorias por parte de las marcas porque son al fin y al cabo sus recursos y sus presupuestos los que están en último término en juego.

La pregunta crucial a la que las marcas deben dar respuesta con urgencia es la manera en que el audio puede (si es que realmente puede) espolear sus objetivos de marketing. Y la respuesta a esta cuestión de vital importancia no pasa en modo algo por saltar de canal en canal en función de su «sex appeal» (más o menos perecedero).

En realidad no importa tanto si las marcas eligen colgarse del brazo de las podcasts o si se decantan en su lugar por Clubhouse. Lo verdaderamente importante es que las marcas comprendan adecuadamente las ventajas que el audio trae bajo el brazo, en qué se diferencia este formato de otros tipos de contenidos y en qué «touchpoints» debe entrar en escena. Solo después de hacer este ejercicio de reflexión las marcas estarán realmente en posición de elegir si les conviene más entregar su corazón a los podcasts o amancebarse con Clubhouse, concluye Schreyer.

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