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Clubhouse o por qué el futuro de internet pasa por hablar por los codos

Social Media MarketingEl auge de Clubhouse es sintomático de la pujanza del audio en internet

Clubhouse, un 'hype' gestado al abrigo del 'boom' del audio en la red

Clubhouse o por qué el futuro de internet pasa por hablar por los codos

La algarabía que hay aleteando en estos momentos en torno a Clubhouse es hasta cierto punto similar a la que orbitaba allá por 2016 en torno a Snapchat.

El universo de los social media, tan aficionado a los «hypes», no le quita ojo a día de hoy a una plataforma, Clubhouse, que parece abocada a marcar un antes y un después en la arena de las redes sociales.

La algarabía que hay aleteando en estos momentos en torno a Clubhouse es hasta cierto punto similar a la que orbitaba allá por 2016 en torno a Snapchat, cuya principal seña de identidad (las historias efímeras) acabó siendo clonada hasta el infinito y más allá por otras redes sociales.

Lo que hace diferente a Clubhouse, su gran valor diferencial, es que une a personas en torno a conversaciones que tienen lugar al abrigo de «rooms», donde moderadores y panelistas toman la palabra y donde el público puede sumarse también al debate levantando la mano (de manera virtual por supuesto).

Algunos ven en Clubhouse la evolución lógica de los podcasts, otros consideran que esta plataforma está emparentada sobre todo y ante todo con las ubicuas videollamadas y hay quienes ven en esta app un fenomenal reemplazo para las conversaciones vía chat que emergen tras las conferencias virtuales.

El éxito de Clubhouse no es sino el éxito del audio en la red de redes

Aunque resulta a bote pronto complicado definir qué es exactamente Clubhouse, lo cierto es que políticos, marketeros, periodistas y activistas están hincando ya el diente a la red social de la que todo el mundo habla en la galaxia 2.0.

No todo es oro lo que lo reluce, no obstante, en la red social más en boga del momento. A Clubhouse se le echa en cara a menudo su laxa política de protección de datos, que excluye de sus dominios a las personas con deficiencias auditivas y que está disponible por ahora única y exclusivamente para los usuarios de iPhone (pese a que sus creadores tienen ya en el horno una versión para Android).

Puede que «the next big thing» en las redes sociales no sea exactamente Clubhouse sino el contenido el formato audio, las palabras más o menos espontáneas que brotan de los labios de las personas con un smartphone a su vera.

La palabra hablada podría erigirse en el futuro de las interacciones sociales de naturaleza digital. Y hay señales más que evidentes que apuntan hacia esta dirección. El 65% de los usuarios de apps de mensajería envía, al fin y al cabo, mensajes de voz. Y el 45% lo hace con periodicidad diaria, tal y como recoge Die Zeit.

En las conversaciones mayoritariamente privadas que se desarrollan al abrigo de WhatsApp, Telegram y compañía tiene todo el sentido que la voz esté en primer plano como canal de comunicación. Además, la voz contribuye a fortalecer los vínculos entre las personas que eligen las apps de mensajería para conversar. Una carcajada es definitivamente más contagiosa que su equivalente en forma de emoji.

Silicon Valley tiene las orejas firmemente pegadas al audio

Por esta razón, y en vista de que al audio le aguarda un próspero futuro por delante en el universo digital, Silicon Valley anda afanado en procurarle brillo y esplendor. La app Capuccino, por ejemplo, convierte los mensajes de voz de grupos de amigos en una suerte de «morning show». ¿El objetivo? Que quienes forman parte de tales grupos estén al día sin necesidad de llevar a cabo a menudo extenuantes videollamadas.

El audio también está en primer plano en startups como Stereo y Capiche. De lo que cabe duda es que el audio tiene a su favor toda una plétora de avances tecnológicos. La inteligencia artificial permite, por ejemplo, mejorar de manera sustancial las conversaciones con los asistentes de voz.

Y las grandes plataformas 2.0 no son en modo alguno ajenas al hechizo del audio. Hace aproximadamente medio año Twitter introdujo una función de mensajería de voz y desde entonces sus usuarios tienen la posibilidad de publicar contenido en formato audio en su plataformas. Así y todo, los tuits hablados siguen siendo a día de hoy una rareza más bien esporádica en la red social del pajarito. Sin embargo, hace unas semanas Twitter introdujo en fase beta el nuevo servicio Spaces, cuyas funcionalidades son muy similares a las de Clubhouse (con la ventaja, eso sí, de que lo que se dice allí es transcrito en vivo y en directo por un algoritmo).

Clubhouse no ofrece hoy por hoy contenido en diferido a sus usuarios, pero lo que a priori parece un lastre, una rémora, es en realidad una importante ventaja competitiva para esta plataforma. Al fin y al cabo, quien sabe que no está siendo grabado para la posteridad habla de manera más libre y ajena a las cortapisas. Y quienes ejercen meramente de oyentes se suman con más entusiasmo a conversaciones que saben que no perdurarán en el tiempo.

Clubhouse responde a la imperiosa necesidad de la gente de conversar (exacerbada en tiempos de pandemia)

Pero, ¿tiene de verdad futuro a largo plazo Clubhouse? Hoy por hoy muchas de las conversaciones nacidas del vientre de esta plataforma son en muchos sentidos comparables a entrevistas que arrojan definitivamente mejores resultados sobre la mesa si están moderadas de manera mínimamente profesional.

Por auténtica que sea la espontaneidad que tanto se loa en Clubhouse, una conversación caóticamente moderada en la que los participantes no se toman la molestia de apagar sus micrófonos y pegan ruidosos sorbos a su tazas de café no resulta del gusto de casi nadie y acaba trocándose en molesta.

Conviene hacer notar, por otra parte, que Clubhouse no triunfa solo entre quienes tienen mucha labia y también muchas cosas que contar y entre quienes ejercen el rol de oyentes. En esta red social están emergiendo grupos privados de personas que, distanciadas por el paso del tiempo y por todo tipo de avatares vitales, están encantadas de charlar de nuevo.

Clubhouse responde en último término a la necesidad de hablar y no solo frente a una audiencia más o menos numerosa sino también de manera privada, en parejas o en grupos muy reducidos.

Parece además que Facebook es también más que consciente de la necesidad de hablar y tiene ya en talleres una app que será similar al parecer a Clubhouse. Además, el pasado mes de mayo la red social más grande del mundo presentó CatchUp, una nueva app enfocada a las conversaciones entre usuarios. Facebook admitió por aquel entonces que su nueva criatura era sorprendentemente similar al teléfono de toda la vida, pero con una importante ventaja (el hecho de saber con antelación si aquel con quien nos disponemos a llamar está o no disponible). Al parecer mucha gente se muestra renuente a llamar a sus amigos y familiares por temor a pillarles en un mal momento, un complicación que solventa fácilmente CatchUp, que por el momento está disponible solo en Estados Unidos y en fase beta.

Mucho más avanzada en el territorio del audio que Facebook está Discord, que nació como una plataforma enfocada a «gamers» ávidos de conversar durante sus partidas y busca ahora reposicionarse como «lugar para hablar» sobre cualquier tema. De acuerdo con Discord, 140 millones de personas se conectan a esta plataforma para conversar al menos una vez al mes (más del doble que hace un año). Con tan abultadas cifras a su vera, la empresa que hay parapetada detrás de Discord tiene ya una valoración de 7.000 millones de dólares.

¿Se convertirá Clubhouse en la particular guarida de la extrema derecha, el «bullying» y la desinformación?

Así y todo, y pese a que la voz viene con no pocas ventajas bajo del brazo, se presta también a no pocos y vociferantes altercados. En Estados Unidos, por ejemplo, habrían tenido ya lugar declaraciones sexistas, racistas y antisemitas al abrigo de Clubhouse.

Estamos en todo caso ante un problema que lleva baqueteando las redes sociales desde hace muchísimo tiempo y que no se borra lógicamente de un plumazo con la ayuda de la voz. Es más, monitorizar y moderar contenido en formato audio es aún más complicado que hacerlo en formato escrito. Y moderar contenido en directo es virtualmente imposible.

Clubhouse está por lo pronto aprovisionado de una función que permite reportar de los dislates cometidos por otros usuarios en el seno de esta plataforma. La app se toma a continuación la molestia de verificar si el reporte está o no justificado y bloquea al usuario si así lo estima necesario.

Sin embargo, por la propia naturaleza de Clubhouse es increíblemente complicado clasificar y corregir contenido a todas luces reprobable en retrospectiva.

Y el problema no atañe solo a las declaraciones de extrema derecha o de naturaleza criminal sino también al «bullying», la desinformación y las teorías de la conspiración, que si se diseminan de manera incontrolable en la red de redes pueden acabar degenerando en un impacto social potencialmente muy ponzoñoso.

Clubhouse pone en evidencia lo mucho que nos gusta hablar, pero allí donde se habla también se dicen tonterías, se profieren insultos y se cometen abusos verbales.

Cuando Twitter decidió expulsar a Donald Trump de su plataforma tras el asalto al Capitolio del 6 de enero, brotó una acalorada discusión sobre el poder de las redes sociales y sobre si estas plataformas tenían realmente potestad para dejar sin voz a personajes como el expresidente de Estados Unidos. Lo que hizo germinar aquella discusión fue un asunto en modo alguno baladí. Y dar respuesta a este problema en la nueva y parlanchina red de redes serán aún más complicado.

 

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