Social Media Marketing

El "sex appeal" de la comunicación efímera y de usar y tirar, la razón por la que Facebook ha comprado WhatsApp

whToda start-up necesita una leyenda y WhatsApp no es una excepción a la norma. La leyenda de WhatsApp, comprada por Facebook por la friolera de 19.000 millones de dólares, viene en forma de inofensiva hojita de papel. Una hojita de papel que Brian Acton, co-fundador de WhatsApp, pegó en su día al escritorio de su compañero Jan Koum. “¡Sin publicidad! ¡Sin juegos! ¡Sin trucos!”. Así reza la hojita de papel de marras.

Y parece que durante los últimos años Koum ha hecho los deberes y ha seguido a rajatabla el credo de esa hojita de papel. Su objetivo ha sido siempre convertir WhatsApp en un servicio claro, limpio, sencillo y útil. Armado de la poderosa filosofía de la hojita de papel que cuelga de su escritorio, Koum y sus colegas han conseguido que 450 millones de millones de usuarios procedentes de todos los rincones del planeta se sumen a su plataforma. Y no sólo eso. Lo han conseguido en un tiempo récord. WhatsApp ha crecido en los últimos tiempos como ninguna otra empresa lo ha hecho nunca en su sector.

¿Cómo se come entonces que una empresa cuyo leit motiv es el que aparece en esa famosa hojita de papel haya decidido contraer “matrimonio” con Facebook, la “reina” de la publicidad, los juegos y los trucos?

nota

De alguna manera, WhatsApp es una especie de anti Facebook: una herramienta para la comunicación directa y personal, sin espectadores de por medio y sin la sensación de estar permanentemente observado por un algoritmo con fines publicitarios. La comunicación en WhatsApp tiene muy poco que ver con esa especie de “plaza pública” que ha sido siempre Facebook.

Según estimaciones de la empresa de investigación de mercados Ovum, durante el año pasado alrededor de mil millones de usuarios de todo el mundo utilizaron servicios de mensajería como WhatsApp, Line o Weixin. A finales de 2014 esta cifra podría duplicarse y alcanzar los 2.000 millones de usuarios. Entre enero y diciembre de este año la cifra de mensajes enviados a través de WhatsApp y compañía podría pasar además de los 27,5 a los 71,5 billones.

Pero, ¿cuál será la “gasolina” que prenda la mecha durante los próximos meses de este espectacular crecimiento en los servicios de mensajería móvil? Pese a lo que muchos creen, este mercado es mucho más que la comunicación directa y sin espectadores que promueve WhatsApp. Hay una tendencia que se está asomando a poco a poco a este sector y que promete revolucionar la comunicación online como la conocíamos hasta ahora: la de los mensajes efímeros y anónimos que se autodestruyen.

El ejemplo más conocido de esta tendencia de comunicación efímera, invisible y anónima es Snapchat, pero hay más. Apps como Secret y Whisper, que están pegando ya muy fuerte en Estados Unidos, están basadas también en un principio similar. En Secret y Whisper el usuario tiene la posibilidad de darse el gusto de difundir secretos y cotilleos sin arriesgarse a que los demás pongan nombres y apellidos a esos secretos y cotilleos.

La denominada “red efímera”, como en su día la bautizó Sarah Perez en Techcrunch, tiene muchas papeletas para estar en boca de todos en un futuro próximo. Y Facebook es consciente de ello desde hace bastante tiempo. No en vano, la red social lanzó en 2012 su propio clon de Snapchat: Poke. Sin embargo, y aunque la idea no era mala, los usuarios prefirieron engrosar las filas del Snapchat original a quedarse con el mero clon que Facebook ponía a su disposición.

Viendo que Poke había fracasado, Facebook decidía en noviembre de 2013 dar una vuelta de tuerca a su estrategia en el universo de la “red efímera” poniendo sobre la mesa de Snapchat un cheque de 3.000 millones de dólares, un cheque Evan Spiegel, consejero delegado de la compañía, se permitió el lujo de rechazar. Que Snapchat le saliera “rana” en su día Facebook, podría explicar la desorbitada cifra que la red social se ha sacado ahora de la chistera para “atar en corto” a WhatsApp.

¿Es WhatsApp el pasaporte para que Facebook, antaño abanderada de la comunicación pública y de tinte exhibicionista, se sumerja de lleno en el universo de la comunicación efímera? Todo apunta a que sí… si este peligroso cóctel molotov no le estalla en la cara.

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