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Elon Musk y X: cuando la propaganda se traviste de libertad de expresión

Elon Musk se ufana de ser adalid de la libertad de expresión dentro y fuera de X, pero ¿confunde el empresario sudafricano la libertad de expresión con la propaganda?

Elon Musk Donald Trump

ESCRITO POREsther Lastra

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Cuando en noviembre de 2022 Elon Musk desembolsó la friolera de 44.000 millones de dólares para echar el guante a Twitter (ahora X), el multimillonario de origen sudafricano proclamó a los cuatro vientos que la red social del pajarito, otrora a merced de la filosofía «woke», se convertiría a partir de entonces en adalid de la libertad expresión, la misma de la que él es supuestamente el máximo valedor.

Hay quienes consideran, no obstante, que la libertad de expresión tal y como la entiende el propietario de X no es sino propaganda camuflada de otra cosa. Y este argumento parece haber cobrado peso después de que el prestigioso diario alemán Die Welt diera cobijo hace unos días a un controvertido artículo de Elon Musk en el que el empresario sudafricano colmaba de loas a la formación de ultraderecha AfD. «Es el último rayo de esperanza para este país», aseguraba Musk en ese artículo, que provocó a la postre la renuncia del responsable de Opinión del rotativo teutón.

El artículo de Musk no ha hecho sino enconar aún más los ánimos en la precampaña de cara a las elecciones generales que se celebrarán el próximo 23 de febrero en Alemania y que se perfilan como absolutamente decisivas en el país liderado por Olaf Scholz. Los líderes de los partidos (diferentes de la AfD) que concurrirán en esos comicios han estallado en cólera contra Musk por creerse en el derecho de interferir en la política alemana. Sin embargo, un medio de comunicación, Die Welt en este caso, dio a Musk al derecho de opinar a este respecto. Y aunque el diario no se hubiera erigido en tribuna de Elon Musk, este habría tenido en todo caso otros canales a su disposición para pedir el voto para la AfD en las próximas elecciones generales en Alemania.

Pese a que muchos no les guste, Elon Musk está en su derecho de opinar sobre los comicios del próximo 23 de febrero en tierras alemanas. Sin embargo, el ciudadano de a pie está también en su derecho de abstenerse de comprar los coches eléctricos de Tesla, de utilizar la plataforma X o de cancelar, si así lo desea, su suscripción a Die Welt, enfatiza Uwe Vorkötter en un artículo publicado en Horizont. Y también los anunciantes están en su derecho de dejar de emplazar publicidad en X y hacerlo en su lugar en medios de calidad.

Urge una regulación inmediata de las redes sociales

Las opiniones (casi siempre controvertidas) de Elon Musk no pueden ser reguladas. Sin embargo, X (y también Facebook, Instagram, YouTube o TikTok) sí deberían a estar a merced de ciertas regulaciones. Hablamos, al fin y al cabo, de redes sociales que juegan un rol de primerísimo orden en la sociedad. Y de hecho, muchos jóvenes se informan apoyándose única y exclusivamente en estos canales, que han acabado convirtiéndose en el particular patio de recreo de las «fake news».

Cuando Elon Musk se puso al timón de Twitter hace aproximadamente dos años, emergió a la superficie la cuestión (en modo alguno baladí) de si la famosa red social estaba realmente en posición de contener a la tromba de extremistas, racistas y teóricos a los que procuraba cobijo esta plataforma. Dos años después ha quedado meridianamente claro que Musk no tienen intención de mover un dedo para atar en corto a la desinformación en X porque él mismo alienta las «fake news» con sus publicaciones en esta red social.

En octubre de 2022, cuando Musk se puso al frente de Twitter, Trump estaba vetado en esta plataforma por procurar soporte a quienes perpetraron el asalto en Capitolio en enero de 2021. Más de dos años después la cuenta de Trump ha sido restablecida en X y Musk es uno de los más fieles acólitos del futuro presidente de Estados Unidos, tanto que formará parte de su gabinete.

Además, en las últimas semanas Mark Zuckerberg y otros gerifaltes de la industria «techie» han peregrinado hasta la residencia de Trump de en Mar-a-Lago para presentar sus respetos al presidente electo de Estados Unidos. Silicon Valley, que ha sido tradicionalmente un reducto demócrata, parece haber claudicado ante Trump y sus políticas.

Las redes sociales, que llevan más de 20 años en el negocio y ganan dinero a espuertas, están más prestas que nunca a diseminar propaganda, esa que Elon Musk se empeña en disfrazar de libertad de expresión. Y el futuro Gobierno de Estados Unidos no hará nada para prevenir semejante tropelía (más bien lo contrario). Solo la Unión Europea puede frenar la libertad de expresión mal entendida que propugnan hoy por hoy la mayor parte de las redes sociales, siempre y cuando, eso sí, la AfD y otros partidos de extrema derecha no lleguen al poder, concluye Vorkötter.

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