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Mark Zuckerberg, la mano de mueve los hilos de internet

Facebook, la dictadura de internet

En solo 15 años Facebook, con Mark Zuckerberg a la cabeza, ha conseguido convertirse en un imperio de datos capaz de someter a su ley al resto de players del mercado.

facebookCon apenas 19 años, un jovencísimo Mark Zuckerberg daba vida a la que, pocos años después, se convertiría no solo en la red social más popular del mundo, sino en el indiscutible imperio de la información.

Un desengaño amoroso fue la chispa que impulsó al adolescente estudiante de computación a volcar en la web las caras de sus compañeros de la Universidad de Harvard, para disgusto de la institución y regocijo de estudiantes y medios que le otorgaron, a la por entonces denominada “TheFacebook”, una rápida popularidad.

Corría el año 2004 cuando la criatura de Zuckerberg echó a andar. Poco después, en 2006 la plataforma se presentaba ante el público general pasando de 650 a 1 millón de usuarios en apenas 9 meses.

Pronto comenzó a hacerle frente a las redes del momento que, incapaces de competir con Facebook quedaron reducidas, bien al olvido, bien a cenizas. Mientras los usuarios disfrutaban con las enormes funcionalidades (gratuitas) de la red social de manera gratuita, Zuckerberg iba tejiendo el modelo de negocio más rentable de la historia de manera silenciosa.

En 2015 Facebook alcanzó los 1.000 millones de usuarios de quienes obtenía el petróleo que engrasaba su máquina de hacer dinero. Cuando alguien se quiso dar cuenta de cómo funcionaba esta industria, ya era demasiado tarde.

La comercialización de la información privada de los usuarios que realizaba Zuckerberg en la sombra se había producido durante tanto tiempo y sin control alguno que, a estas alturas del partido, el control de la compañía en el mundo digital ya era prácticamente incontenible.

Y la situación solo ha ido a peor a medida que se han ido destapando las miserias de un negocio centrado en seguir exprimiendo la privacidad de cualquiera que haya pisado en algún momento la red.

El control de Facebook sobre el entorno online es tal que no solo es capaz de vigilar a los usuarios que tienen un perfil en la red social, sino también a los que nunca han entrado en ella.

La recopilación de datos de la compañía se ha diversificado enormemente a través de Instagram, WhatsApp, el modelo de registro a través de Facebook que incluyen numerosos servicios ajenos a la plataforma o a través del simple trasvase de datos de aplicaciones externas.

Unas prácticas que han sido denunciadas en numerosas ocasiones. “Los usuarios no son consumidores, sino el producto, meras fuentes de material crudo. Facebook y otros capitalistas vigilantes no quieren hacerte daño, pero están dispuestos a extraer datos de tu dolor”, defiende Shoshana Zuboff, autora de “The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power” Zuboff.

Ni la injerencia rusa en las elecciones, ni las fake news, ni los errores en las métricas, ni el tráfico de datos han conseguido siquiera dañar el negocio de Facebook (aunque sí su reputación) porque su rentabilidad ya no procede únicamente de la plataforma que dio origen a su imperio.

Autoridades, expertos, medios de comunicación y usuarios han tratado de frenar a Facebook en balde y la compañía, con Zuckerberg a la cabeza no tiene intención de recular.

Así lo demostró su CEO en la campaña de lavado de imagen que le llevó a recorrer el mundo y a sentarse frente a las autoridades con cara de cordero degollado, mucha verborrea y ningún compromiso.

«A Facebook no le importa la desinformación ni ninguna otra de las cuestiones de su lista de propósitos», afirma Zuboff.

Una pantomima que pocos se creen ya a estas alturas, pero que, sin embargo, no importa en absoluto a un Zuckerberg que solo sale de su escondite en situaciones límite.

Porque la bestia ha sido sobrealimentada durante tanto tiempo que, ahora, todo aquel que quiera entrar en el territorio digital tendrá que pasar por el filtro del guardián (¿o el dictador?) de internet.

 

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