Social Media Marketing

Los superpoderes marketeros de Instagram son limitados (después de todo)

¿Ha trepado Instagram a la cúspide marketera sin merecerlo (al 100%)?

Aunque Instagram se ha grabado a fuego en el corazón de las marcas (que la adoran), la red social no hace magia en todas y cada una de las fases del "conversion funnel".

InstagramMuchos anunciantes se tiran de cabeza a la piscina de Instagram porque tienen el pleno convencimiento de que la famosa red social es infinitamente mejor (en clave marketera) que el que antaño era su héroe: Facebook. Pero, ¿hacen bien en confiar (casi a ciegas) en Instagram? Puede que no.

Instagram es una plataforma portadora de muchísimo valor, pero su valor no es ni mucho menos idéntico en las tres fases que forman parte del denominado “conversion funnel”: awareness, consideration y sales.

En función de la fase en la que está instalado el cliente, éste precisa de información diferente por parte de las marcas (que deben, por lo tanto, no perder ripio del viaje emprendido por el consumidor hasta llegar a la compra).

Si ponemos el acento en la primera fase del “conversion funnel”, el “awareness”, el objetivo de las marcas debería ser sobre todo y ante todo inspirar al cliente para lograr que dé una (primera) oportunidad a sus productos.

Ya en la segunda fase, la correspondiente a la consideración, cliente necesita aprovisionarse de información sobre las ventajas del producto donde ha decidido posar su mirada (en comparación con los artículos de la competencia).

En la tercera y última fase, aquella en la que aflora por fin la venta, las marcas deben esforzarse en espolear los impulsos (íntimamente emparentados con la compra) que hay agazapados en las entrañas del consumidor en el momento adecuado. ¿El objetivo? Que el cliente haga, por ejemplo, clic en un link que le redirija a una tienda online (para cerrar allí una venta).

Instagram es un canal que por sus características se adapta como un guante a las necesidades del cliente atrapado en la primera fase del “conversion funnnel” y dispuesto, por lo tanto, a dejarse inspirar por las marcas que tienen a bien abrirse paso en esta red social.

Las marcas con el foco puesto en la belleza, la moda y el deporte congenian a las mil maravillas con Instagram porque sus productos son fotogénicos sin tener que forzar demasiado las cosas y exudan, por consiguiente, inspiración por todos y cada uno de sus poros.

Cuando las marcas tienen el “awareness” en el punto de mira (y son dueñas de un porfolio de productos particularmente vistosos), Instagram es su perfecto aliado. Las bondades de esta plataforma menguan, por el contrario, inevitablemente cuando lo que está en juego es la consideración y la venta (aunque hay por supuesto excepciones a la norma).

Pese a que los contenidos volcados en Instagram disfrutan de muchísimo alcance y son un auténtico imán para las interacciones, Facebook (ese al que algunos han endilgado en los últimos tiempos la etiqueta de demonio) se adapta bastante mejor a las necesidades de los anunciantes que desean conectar con el cliente en todas y cada una de las fases del “conversion funnel”. Y aloja, de hecho, en su seno formatos publicitarios adaptados a cada una de esas fases.

Quizá lo mejor para sacar todo su jugo al “conversion funnel” sería una atinada amalgama de Instagram y Facebook a fin de explotar al máximo las fortalezas de una y otra plataforma (sin elevar a una a los altares para hacer descender a la otra a los infiernos).

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