líderes en noticias de marketing, publicidad y marcas

La historia de un monstruo llamado Facebook y el arma equivocada

Redacción

Escrito por Redacción

Érase una vez algo denominado publicidad tradicional. El propósito de la publicidad tradicional era crear demanda de productos y servicios utilizando la televisión, la radio, los diarios, las revistas y las vallas publicitarias como reclamo.

En ocasiones, esa publicidad tradicional resultó ser enormemente efectiva. Y cientos y cientos de marcas de sopa, de juguetes, de pasta de dientes, de galletas y de cervezas quisieron sumarse al festín.

La publicidad tradicional tenía una prima pequeña a la que llamaban “Páginas Amarillas”. Las “Páginas Amarillas” eran diferentes. Su objetivo no era crear demanda, sino satisfacer la demanda.

Así funcionaba la publicidad en una época no muy lejana. La publicidad tradicional se encargaba de crear demanda y su primera pequeña satisfacía la demanda, relata Bob Hoffman en The Ad Contrarian.

Y entonces un día llegó internet y lo cambió todo. Los anunciantes, que eran muy, muy listos y creían saberlo todo, pensaron que internet funcionaría igual que la publicidad tradicional. Y comenzaron utilizándola de la misma manera. Se valieron de la red de redes para crear demanda. Y pusieron anuncios en todas partes.

Pero surgió un problema. Después de 15 años anunciándose en internet a la vieja usanza, ningún anunciante logró hacer algo grande de su marca en esta nueva plataforma.

Mientras los anunciantes se devanaban los sesos intentando encontrar nuevas fórmulas para sacar partido publicitario de internet, apareció de repente en escena un monstruo muy listo. Ese monstruo, que tenía un nombre muy tonto (Google), se dio cuenta de que internet no era como la publicidad tradicional y era más parecida a su prima pequeña, las “Páginas Amarillas”. Google cayó en la cuenta de que la red no era buena para crear demanda, sino para satisfacer demanda.

Así que el monstruo se construyó una casa que era muy similar a la de la prima pequeña de la publicidad tradicional, un lugar donde la gente podía encontrar las cosas que quería. Y resultó que el monstruo estaba en la cierto y creció, creció y creció.

Sin embargo, al monstruo Google le salió pronto un competidor. Surgió otro monstruo de nombre Facebook al que todo el mundo quería. Y es que el nuevo monstruo era más divertido y más simpático que Google.

Los dos monstruos se vieron forzados a convivir, pero la convivencia duró poco y pronto empezó la lucha. El ganador de la pelea ganaría mucho dinero. El perdedor ganaría también mucho dinero, pero no ostentaría el título de ganador.

Cada uno de los monstruos utilizó un arma diferente para la lucha. El arma del monstruo Google era satisfacer la demanda, mientras que Facebook escogió como arma crear demanda.

Aunque todo el mundo quería a Facebook, resultó que el arma del monstruo Google era 25 veces más poderosa que la de su rival.

Y aquí viene la parte divertida. Los anunciantes, que durante 15 años estuvieron tirando su dinero por el desagüe en una red de redes construida a imagen y semejanza de la publicidad tradicional, volvieron a tropezar en la misma piedra. Y siguieron empeñándose en contemplar internet como si fuera igual que la televisión, la radio, los diarios, las revistas y las vallas publicitarias.

Este “pequeño” malentendido sirvió al monstruo Facebook para creer que su arma era muy poderosa después de todo. Y por ello hay un final feliz en la historia del monstruo Facebook. Pese a tener el arma equivocada, los anunciantes fueron lo suficientemente estúpidos y también lo suficientemente generosos como para seguir invirtiendo en Facebook y engordar el monstruo hasta límites insospechados.

 

McDonald's lanza una pareja de hamburguesas blancas y negras en ChinaAnteriorSigueinte#SoLoMo2012, el congreso de la tendencia de hoy para la supervivencia del marketing de mañana

Contenido patrocinado