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Las nuevas relaciones diplomáticas son "virtuales" con la llegada de los medios sociales

Redacción

Escrito por Redacción

Minutos después de los violentos ataques de la semana pasada sobre las misiones que Estados Unidos está realizando en Oriente Medio, la embajada de este país en El Cairo ya estaba preparada en Twitter. Así, se envió un número de emergencia para ciudadanos estadounidenses y se agradeció a sus seguidores sus condolencias por el asesinato del embajador estadounidense en Libia, Christopher Stevens.

Bienvenidos al nuevo mundo de la diplomacia online, también llamado «el arte de gobernar del siglo XXI». Históricamente, los gobiernos han dotado a la diplomacia de astucia y discreción, reuniéndose en su mayoría a puerta cerrada. Ahora también están utilizando Twitter, Facebook, YouTube y otros servicios de medios sociales como la red de microblogging de China, Weibo.

Gran parte de esta actividad online es como una «diplomacia pública», es decir, los gobiernos se comunican directamente con los ciudadanos en otros países. Pero es también una herramienta fácil de utilizar y barata para otros fines, como la respuesta a desastres, la recopilación de información y la gestión de las relaciones. Algunos diplomáticos incluso utilizan Twitter para comunicarse entre sí.

Como era de esperar, Estados Unidos está a la cabeza de estas acciones. Desde que Hillary Clinton lanzase su propio programa de gobierno del siglo XXI en 2009,  su ministerio ha dado lugar a 194 cuentas de Twitter y 200 páginas de Facebook con millones de suscriptores. El Departamento de Estado, de hecho, opera un «imperio global de medios de comunicación» en palabras de Fergus Hanson, miembro de la Institución Brookings y autor de un estudio sobre diplomacia en la red.

La mayoría de países restantes están muy por detrás. Cerca de 20 embajadores británicos están ahora en Twitter se dice que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia tiene más de 40 cuentas en esta red. Israel ha anunciado que va a hacer más uso de esta diplomacia online. E incluso China, que mantiene una fuerte censura sobre los medios de comunicación social en el país, está interesada en su uso como herramienta diplomática en el extranjero.

En muchos países todavía se impulsa la diplomacia online de forma individual, con frecuencia persiguiendo sus propios fines y no para el trabajo gubernamental. Dilma Rousseff, presidenta de Brasil y Carl Bildt, ministro de relaciones exteriores de Suecia, tienen un gran número de seguidores en Twitter (así como un don para escribir estos mensajes con garra). En Estados Unidos el ejemplo más importante de diplomacia online es el del presidente Barack Obama, aunque  sólo de vez en cuando escribe sus propios tweets. Su audiencia de casi 20 millones de seguidores empequeñece al venezolano Hugo Chavez con 3,4 millones, y al primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, con 1,5 millones.

No estar conectado se ha convertido en una desventaja para los gobiernos, dice Hanson. En 2010, después de las sospechas de que los crímenes en Melbourne contra los estudiantes indios tenían un motivo racial, el número de solicitudes para la universidad que provenían de indios cayo a la mitad, reduciendo lo que es una gran fuente de ingresos para Australia (los indios son el segundo grupo más grande de extranjeros que estudian en el país). Y cuando dos estudiantes chinos fueron golpeados, Kevin Rudd, primer ministro del país, habló a través Sina Weibo para prometer investigar el asunto.

Hay quienes sostienen que los medios sociales mejoran la preparación diplomática. El Departamento de Estado monitoriza los medios sociales en cinco idiomas, por ejemplo. Con esta información, los diplomáticos deberían ser más capaces de predecir los acontecimientos y reaccionar ante ellos. «¿Habríamos estado más preparados para la primavera árabe si hubiéramos descubierto antes el hastag #tahrir?» pregunta Tom Fletcher, embajador británico (y diplomático de Twitter) en el Líbano.

Sin embargo la diplomacia online también tiene sus críticos. Se dice que, empujando los medios sociales y la libertad en internet, Estados Unidos ha convencido a muchos en el extranjero de que la red es otro caballo de Troya para el imperialismo americano. «Internet es demasiado valioso para convertirse en un agente de los diplomáticos digitales de Washington» afirma Evgeny Morozov, un bloguero conocido. Otro dicen que los medios sociales no reinventan la diplomacia, sino simplemente se añaden a esta: los líderes mundiales y sus secuaces todavía tienen que encontrarse cara a cara.

Y, por supuesto, siempre existe el peligro de tener incidentes con la diplomacia en red. En junio, en respuesta a un artículo crítico con la política económica de Estonia por parte de Paul Krugman, economista ganador del premio Nobel, el presidente del país, Toomas Hendrik Ilves, recurrió a Twitter para llamarle «presumido, arrogante y condescendiente».

 

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