LinkedIn es la red social profesional por excelencia, pero la profusión del autobombo (disfrazado de falsa molestia) y del contenido generado con IA está despojando de atractivo a una plataforma que a ojos de muchos es profundamente detestable. De hecho, cada vez más profesionales ávidos de avanzar en su carrera profesional están dando portazo a LinkedIn para congregarse en otra red social: Instagram.
Entre los profesionales que reniegan deliberadamente de LinkedIn abundan particularmente los jóvenes adscritos a la Generación Z. De acuerdo con un reciente informe de Zety, YouTube (80%) e Instagram (73%) son actualmente las plataformas a las que acude con mayor frecuencia la Generación a la hora de buscar asesoría profesional. Sustancialmente por detrás de YouTube e Instagram se sitúa LinkedIn (26%).
Del estudio se colige asimismo que el 74% de los centennials utilizan Instagram para hacer «networking» y el 69% se ufana incluso de haber logrado con éxito un empleo o un trabajo en prácticas gracias a esta plataforma (que, a diferencia de LinkedIn, no fue concebida originalmente con fines profesionales).
Si bien Instagram no está reemplazando exactamente a LinkedIn, sí está asumiendo cada vez más el rol de reclutador, «coach» y plataforma enfocada al «networking». Además, muchos usuarios apalancan la mirada deliberadamente en Instagram para conocer la cultura de trabajo que se respira en determinadas empresas (algo que se antoja absolutamente crucial para la Generación Z).
En tanto en cuanto los centennials se han criado a los pechos de Instagram, tiene también todo el sentido del mundo que los más jóvenes recurran a esta red social a la hora de buscar trabajo y de abrirse paso en el mundo laboral.
El autobombo imperante en LinkedIn choca frontalmente con la avidez de autenticidad de la Generación Z
La Generación Z utiliza habitualmente las redes sociales para investigar a las empresas antes de presentar su candidatura para trabajar allí. Es una forma de reequilibrar unos procesos de contratación que tradicionalmente habían favorecido sobre todo y ante todo a los empleadores y no tanto a los empleados.
Si antes eran las empresas las que indagaban en las redes sociales para aprovisionarse de valiosa información sobre los candidatos, ahora se está produciendo un movimiento a la inversa y son los candidatos los que colocan bajo la lupa a sus futuros empleadores (valiéndose muy a menudo para ello de Instagram).
A diferencia de los millennials, que estaban mucho más prestos a encajar (casi en rechistar) en las empresas y en sus políticas organizacionales, los centennials desean que sus empleadores estén de alguna manera alineados con sus propios valores (y no están dispuestos a hacer concesiones a este respecto porque se niegan a ser un engranaje más en una máquina que menoscaba a la postre su propio bienestar).
Las empresas parecen ser conscientes del cambio, puesto que en los últimos tres años ha aumentado ostensiblemente la proporción de compañías que deciden hacer públicas sus ofertas de trabajo en Instagram.
En muchos sentidos Instagram está asumiendo el rol otrora desempeñado por los reclutadores de personal, las ferias de empleo y las webs de las empresas. Y para la Generación Z, que no está dispuesta a trabajar en compañías que están en clara disonancia con sus propios valores, Instagram constituye una fenomenal ventana desde la cual asomarse a la cultura corporativa de sus futuros empleadores.
Conviene asimismo hacer notar que el autobombo predominante en LinkedIn no conecta con la Generación Z, que otorga más valor que las generaciones anteriores a la autenticidad (preñada, si hace falta, de imperfección).
Tampoco ayuda que LinkedIn sea cada vez más un semillero de posts tan correctos como perfectamente intercambiables entre sí (y alumbrados, como no podía ser de otra manera, con la inestimable ayuda de la IA). incluso cuando la IA se queda fuera de la ecuación, da invariablemente la sensación de que en LinkedIn la gente saca a relucir una versión excesivamente cursi y almibarada de sí misma que poco o nada tiene que ver con la realidad. Para los centennials, que adjudican a la autenticidad un rol absolutamente crucial, el autobombo imperante en Instagram choca de manera frontal con sus propios valores (y no les brinda la información de la que desean avituallarse cuando están enfrascados en plena búsqueda de empleo).
Es, por otra parte, absolutamente vital que, para conectar apropiadamente con la nueva generación de talento, las empresas estén dispuesta a efectuar un viraje en sus estrategias de «employer branding» para otorgar mayor protagonismo a la autenticidad, la credibilidad, el equilibrio entre vida personal y profesional, la flexibilidad y sus propios valores como organización.





