Social Media Marketing

Por qué en los social media hay más "fantasmas" que en una película de miedo

fantasmasCuando la diosa de la fortuna tiene a bien tocarnos con su varita mágica y nos pasa algo bueno, no podemos resistir la tentación de correr a publicarlo en las redes sociales. En la Web 2.0 nos encanta fanfarronear de lo supuestamente fabulosa que es nuestra vida, que contamos con pelos y señales (siempre que tenemos algo bueno que contar).

En los social media nos encanta presumir de nuestro logros (reales e inventados), pero ¿quieren los demás oír hablar de nuestros éxitos? Lo cierto es que no. En la vida 2.0, como en la vida real, los "fantasmas" tienden a ser percibidos como menos competentes y menos agradables que aquellos que son más modestos a la ahora de pregonar a los cuatro vientos sus éxitos.

¿Por qué nos empeñamos entonces en presumir como si no hubiera mañana en las redes sociales? Si todos somos unos fanfarrones declarados, ¿no lo serán también las marcas con sus anuncios?

“A la gente le gusta autopromocionarse porque quiere dar así una buena impresión”, explica Irene Scopelliti, coautora del libro You Call It ‘Self-Exuberance’, I Call It ‘Bragging’.

Los “fantasmas” pierden la capacidad de percibir cómo responderán los demás a sus bravuconerías debido a un fenómeno denominado "brecha empática", que les impide ponerse en los zapatos en los demás.

Por eso, los bravucones tienden dar por sentado de manera sistemática que los demás compartirán con ellos sus emociones positivas.

En realidad, asegura Scopelliti, los social media no han hecho sino dar alas a nuestra urgencia de “pavonearnos”. Cada minuto se publican en Facebook 293.000 actualizaciones de estado y muchas de esas actualizaciones están pensadas única y exclusivamente para “fardar”.

¿Lo peor de todo esto? Que aunque nosotros fanfarroneamos que da gusto en las redes sociales, no toleramos que las marcas hagan lo mismo en estas plataformas.

Cuando nosotros presumimos en exceso de nuestros logros en las redes sociales, corremos el riesgo de enemistarnos con nuestros amigos y conocidos. Pero cuando las marcas hacen lo propio, se arriesgan a perder a sus clientes y sin clientes a su vera estarían condenadas a la muerte.

¿Se puede morir de fanfarronería? Sí, (“marketeramente” hablando) sí se puede.

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