Social Media Marketing

Hay que reparar Facebook (y la red de redes en su conjunto)

No sólo Facebook está averiado, el estropicio afecta a toda la (malograda) red de redes

El caso Cambridge Analytica ha puesto de manifiesto que Facebook está seriamente averiado. Aun así, no sólo Facebook está "roto", lo está la red de redes en su conjunto.

facebookDicen que las comparaciones son odiosas, pero cuando a algunos se les llena la boca asegurando que los datos son el nuevo petróleo, es casi imposible no recordar el escándalo protagonizado hace unos años por Deepwater Horizon.

Puede que algunos estas dos palabras no les traigan ningún recuerdo (ni bueno ni malo), pero Deepwater Horizon era una plataforma petrolífera que, emplazada en el Golfo de México, se hundió a finales de abril de 2010 como consecuencia de un explosión y ocasionó uno de los mayores desastres naturales que se recuerdan.

BP, la empresa parapetada de tan calamitoso accidente, se enfrentó a multas de varios miles de millones de dólares (que a algunos, sin embargo, les supieron a poco) y la discusión en torno al medio ambiente y su necesaria protección cobró renovados bríos y logró posicionarse (con todo merecimiento) en lo más alto de la agenda mediática.

En la actualidad Facebook, acechado por la larga y tenebrosa sombra del caso Cambridge Analytica, está sufriendo en sus propias carnes su propio “Deepwater Horizon”. Y en la crisis que atenaza actualmente a la red social más grande del mundo se dan cita cuatro ingredientes de altísimo voltaje: la ideología, el poder económico, el comportamiento del consumidor y la (pisoteada) protección de los datos.

La ideología de GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple): “Don’t be evil!”

Entre Facebook y BP existen muchísimas diferencias. Pero la diferencia que llama quizás más poderosamente la atención entre ambas compañías es que BP, a diferencia de Facebook, nunca ha tratado de disimular que su objetivo es llenarse (hasta los topes) los bolsillos.

La compañía liderada por Mark Zuckerberg ha proclamado siempre a los cuatro vientos que su verdadero objetivo es conectar a las personas y ayudarlas a sellar vínculos, explica Volker Schütz en un artículo para Horizont.

“Don’t be evil” es el mantra que Google acuñó en sus inicios, pero se ajusta también como un guante a la filosofía (de puerta para afuera) de Facebook, Apple o Uber.

Los gigantes de Silicon Valley insisten en vender al mundo la idea idealista (y claramente equívoca) de que la tecnología es buena por naturaleza. Sobre la codicia con la que explotan la publicidad y los datos volcados en sus plataformas, Facebook, Google y compañía no dicen, en cambio, ni mu.

GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) enarbola con orgullo la bandera del idealismo. ¿El problema? Que ese idealismo puede tornarse en seriamente perjudicial para su negocio, como bien ha quedado demostrado en el caso Cambridge Analytica. El escándalo que Facebook tiene actualmente enroscado en torno al pescuezo está poniendo en severos aprietos a la compañía en la bolsa (y por efecto contagio también a otras compañías aledañas). Y no sólo eso. Está haciendo tambalear los andamiajes ideológicos de la denominada economía de plataformas que tan bien encarna GAFA.

Los consumidores: ¿tontos de remate o dioses?

Amazon tiene muy claro que en pleno siglo XXI los clientes no son reyes, son dioses. Sin embargo, a ojos de Mark Zuckerberg los miles de usuarios que habían tenido a bien depositar sus datos personales en el primigenio Facebook eran “tontos de remate”.

Da igual si los clientes son dioses o tontos de remate. Si los titanes de Silicon Valley son tan poderosos no es porque obliguen a la gente a ceder sus datos o porque se los sustraigan de manera ilegal y mediante todo tipo de argucias. Google, Facebook, Uber, Booking.com, Airbnb y compañía son poderosos porque las personas les entregan voluntariamente sus datos personales a cambio de servicios que les hacen la vida más fácil.

Tampoco en el caso Cambridge Analytica nadie puso una pistola en la nuca a quienes compartieron sus datos personales a través de una aplicación con pretendidos fines científicos, recalca Schütz.

Y no fue el vilipendiado Donald Trump el primero en utilizar perfiles de electores y campañas con el foco puesto en las redes sociales para llegar a la Casa Blanca. El primero fue Barack Obama.

La economía de internet se basa en la total libertad y la disposición del usuario a la hora de hacer clic en el botón “like”, a comprar o a leer artículos (de manera totalmente voluntaria).

Puede que Facebook “muera” como consecuencia del caso Cambridge Analytica (aunque lo más probable es que no lo haga), pero el capitalismo emanado de las plataformas online permanecerá incólume. Y lo hará porque los servicios de las empresas tecnológicas resultan demasiado atractivos para las personas (y el potencial de la tecnología demasiado poderoso).

Ante la gravedad del caso Cambridge Analytica muchos están abogando por una mejor protección de datos y por apretar los tuercas a los datos hasta asfixiarlos. Sin embargo, lo cierto es que los nativos digitales comparten permanentemente datos personales sin miedo aparente a ese Big Brother que toma prestado su rostro (aleatoriamente) a Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y compañía.

En realidad, dice Schütz, no necesitamos prohibiciones que nos coarten a la hora de intercambiar y utilizar datos. Lo que necesitamos es conocer quién, dónde, cuándo y para qué recopila nuestros datos, respetando en todo caso nuestra libertad personal a la hora de ceder datos (o no cederlos).

Cada año Mark Zuckerberg se propone a hacer algo especial. En una ocasión se propuso aprender chino mandarín. Este año se ha propuesto reparar Facebook. Ahora, y con el caso Cambridge Analytica en los talones, Zuckerberg admite compungido que la reparación de su “criatura” podría llevar años. Pero más años se necesitarán aún para reparar la (averiada) red de redes, concluye Schütz.

Te recomendamos

Enamorando

Atresmedia

ADN by DAN

icemd

Compartir