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Social Media MarketingUna mujer con números rojos reflejados en el rostro

La UOC denuncia la obsesión por lo viral en redes sociales

Retos mortales y odio desmedido: ¿Qué precio hay que pagar por ser viral?

Selfies desde las alturas o desafíos peligrosos: Conseguir ser viral es la obsesión de los usuarios de redes sociales, que aceptan cualquier reto para lograr renombre y difusión, fenómeno conocido como erostratismo digital.

A principios de este año, Antonella Sicomero, una niña italiana de 10 años, murió asfixiada tras realizar un peligroso reto viral de TikTok que consistía en ponerse un cinturón en el cuello y aguantar sin respirar el mayor tiempo posible. Ese es solo una de las historias que menciona la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) al denunciar la obsesión por conseguir ser viral como fuente de entretenimiento de la juventud.

Este tema fue debate durante la jornada ‘Selfies, auto-grabaciones y retos virales: el ocio desviado posa en Instagram’, organizado por el máster en ciberdelincuencia de la UOC, en base a un estudio realizado por Myriam Herrera, profesora de criminología de la Universidad de Sevilla. Desde la entidad destacan que este tipo de atrocidades ya sucedían hace años, la diferencia es que ahora se publican y se viralizan en redes sociales.

Según destacó Josep Maria Tamarit, catedrático de derecho penal e investigador del grupo VICRIM de la UOC, en esta tendencia influyen la desinhibición de las personas cuando están en redes sociales, el narcisismo digital y el aumento de la capacidad para relacionarnos con más gente, hecho que altera los referentes.

Erostratismo digital: El odio se pone al servicio del entretenimiento

Selfies desde las alturas, peleas, conducción temeraria o vejaciones son solo algunos ejemplos visuales que consiguen audiencia, viralización y atención del público. Entre las razones que pueden explicar que alguien ponga en riesgo su vida para ser viral, está la competición digital que supone Internet y el factor lúdico y expresivo.

A este fenómeno se le conoce como «erostratismo digital», que según la RAE consiste en la manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre. La motivación por trascender afecta a la manera y la intensidad para conseguirlo. Entre las tipologías de imágenes más comunes de esta tendencia en redes sociales encontramos los retos virales, las imágenes de impacto cultural (selfie de trofeo, fauna silvestre o fotos de desastres), autograbaciones delictivas o imágenes de auto-puesta en riesgo (“balconing” o selfies ferroviarios), entre muchos otros.

Según un informe publicado en 2019 por la Fundación Línea Directa en colaboración con el Instituto Universitario de Investigación de Tránsito y Seguridad vial de la Universidad de Valencia, dos millones de conductores en España admiten haberse hecho un selfie conduciendo. «El hedonismo, la búsqueda de aventura y el impulso simbólico de conseguir una autoimagen idealizada y trascendente nos lleva a la caída de la norma con todos los peligros que supone», advierte Herrera.

«Somos prosumidores, es decir, consumidores y productores a la vez», afirma la autora, que añade lo siguiente: «Por su propia gravedad, estas imágenes ponen en evidencia patologías expresivas de una sociedad hondamente insolidaria e insensible, abismada en el campo de la prevalente cultura óptico centrada, donde ‘ser’ equivale a ‘ser visto'».

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