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"Slime" o cómo hacerse de oro vendiendo "mocos" (o algo parecido) en Instagram

"Slime" o cómo hacerse de oro vendiendo "mocos" (o algo parecido) en InstagramMientras otras jóvenes de su edad tienen que conformarse con ganar algún dinerillo extra haciendo de “babysitters” o vendiendo galletas de las “scouts”, Theresa Nguyen se embolsa hasta 3.000 dólares mensuales con un hobby tan viscoso como lucrativo: el “slime” (más conocido en España como blandiblú).

A través de su cuenta personal en Instagram (rad.slime) esta joven originaria de Texas vende “slime” casero y se hace de oro porque la suya es una afición con muchísimo tirón en la célebre app fotográfica.

El “slime” casero de Theresa poco o nada tiene que ver con el blandiblú de nuestra infancia (o con el célebre Play-Doh), es mucho más colorido y brillante y se confecciona en múltiples texturas.

Después de observar cómo otros usuarios publicaban imágenes de su “slime” casero en Instagram, Theresa decidió también ponerse manos a la obra y fabricar su propio blandiblú.

Theresa comenzó comprando unos cuantos botes de pegamento para experimentar con el “slime” casero. Y poco después, tras comprobar su maña haciendo blandiblú, decidió vender sus creaciones (con el permiso de sus padres).

Desde que se lanzara el pasado mes de octubre, su perfil en Instagram acumula ya cerca de 550.000 seguidores. A la tierna edad de 13 años, Theresa puede presumir de tener en Instagram más “followers” que conocidísimas marcas como Yahoo! y AT&T.

Pero, ¿qué tiene el “slime” para gustar tantísimo a la gente? El secreto de su “gancho” está al parecer en los efectos relajantes de esta sustancia. En página su web Theresa habla de las fenomenales cualidades del “slime” a la hora de rebajar el estrés y la ansiedad. El blandiblú es además, según Theresa, es una suerte de juguete sensorial, pues a la gente le provocan muchísimo placer los ruidos que hace esta sustancia.

En un principio Theresa vendía su “slime” casero a través de la plataforma de e-commerce Etsy, pero después decidió crear su propia página web (que recibe tráfico gracias a los hipnotizantes posts que publica en Instagram).

Para elaborar su exitoso “blandiblú” Theresa utiliza, además de los ingredientes básicos (pegamento, bórax y agua), otros elementos como colorante alimentario, purpurina, crema de afeitar, relleno de espuma, jabón y aceite. ¿El objetivo? Alumbrar sustancias que hipnoticen (literalmente) al espectador.

“Es divertido. Estoy ahorrando para cuando vaya a la universidad”, explica Theresa en declaraciones a Time. “Me encantaría ser farmacéutica y tener mi propia farmacia”, añade la adolescente.

Theresa no es la única adolescente que está construyendo, “moco a moco”, su imperio del “slime”. Es el caso de Sara Y., (slymbysara_) un joven de apenas doce años que confiesa embolsarse aproximadamente 4.800 euros al mes desde que debutara en enero de este año con su negocio de bladiblú en Instagram, donde tiene ya más de 30.000 seguidores.

Para poder seguir el ritmo que le exige su floreciente negocio de “slime”, Sara, originaria de Carolina del Norte, cuenta con la ayuda de su madre. De lo contrario, le sería complicado compaginar su empresa con el instituto.

starry night fishbowl is in my Etsy ?edit: sold out Fc: 3400

Una publicación compartida de estfeb2017 dont ask to review (@slimebysara_) el

También con algo de dificultad compagina estudios y negocios Rachel Albus (slimeoctopus), una adolescente californiana de trece años que comenzó a vender “slime” casero el pasado de mes de diciembre y acumula ya más de 35.000 seguidores en Instagram.

Puede que algunos les resulte una moda un tanto absurda, pero lo cierto es que el “slime” es un próspero negocio que está haciendo de oro a muchísimos adolescentes en Instagram. Si la moda en cuestión (absurda o no) tiene largo recorrido o termina siendo flor de un día es todavía un incógnita.

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