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El papel de las redes sociales como altavoces del terror

Sobre la responsabilidad de las redes sociales cuando se convierten en vivero del terror

Pese a que procuran cobijo a no pocos contenidos extremistas y potencialmente peligrosos, ni Google ni Facebook parecen querer asumir la responsabilidad que les toca a este respecto.

redes sociales

Autora de la imagen: Cecilia C

Todo aquel que así lo deseara (por puro morbo quizás), podía seguir escuchando el jueves por la mañana las vitriólicas palabras vertidas por Tobias R., el ultraderechista que el miércoles por la noche mataba a diez personas en la ciudad alemana de Hanau.

En un vídeo subido a YouTube Tobias R. hablaba sin pudor alguno sobre todos aquellos países que destruiría de buena gana y de los laboratorios subterráneos en los que niñas pequeñas serían víctimas de violaciones masivas.

Tan abracadabrante discurso, entreverado de múltiples teorías conspirativas, fue accesible a los 1.900 millones de personas que cada mes visitan YouTube, explica Katrin Ansorge en un artículo para Horizont.

El jueves por la mañana habían transcurrido diez horas desde que Tobias R., el autor de tan controvertido vídeo, asesinara a tiros a diez personas para terminar quitándose la vida él mismo. Diez horas en las que la que tiene la vitola de ser una de las empresas más poderosas del mundo fue totalmente incapaz de rastrear y eliminar el vídeo del autor de diez asesinatos a sangre fría.

Con unos ingresos anuales de 15.000 millones de dólares y su cacareado «expertise» en cuestiones digitales YouTube se mostró totalmente incapaz de quitar de la circulación el vídeo de Tobias R.

El responsable de la matanza de Hanau no retransmitió en vivo sus fechorías (como si lo hizo, por ejemplo, el asesino de Christchurch a través de Facebook). Pero hubiera podido hacerlos si así lo hubiera querido. La última palabra la hubiera tenido él, no las plataformas para procurar cobijo a tan execrable contenido.

Así y todo, ¿cómo iban a poder controlarse en tiempo real plataformas como YouTube y como Facebook? ¿Qué sería de la libertad de expresión, uno de los pilares de la sacrosanta democracia, si las redes sociales fueran permanentemente vigiladas para cortar el paso al terror?

Google y Facebook, dos gigantes con un gran poder y ¿nula? responsabilidad

Google y Facebook, que se jactan de conocer a sus usuarios como la palma de su mano, deberían estar en posición de procurar respuestas a tan peliagudas preguntas. Deberían ser capaces de distinguir entre la ironía pura y dura y el terror que echa anclas en la seriedad sin matiz irónico alguno. Deberían reconocer ciertas sutilezas en el lenguaje y parar los pies en quienes se escudan en el libre albedrío de sus plataformas para sembrar el terror. El poder sobre las masas (que Google y Facebook indefectiblemente tienen) lleva aparejada una gran responsabilidad, subraya Ansorge.

El autor de la masacre de Hanau se radicalizó en la red de redes, una red de redes donde quienes supuran odio se retroalimentan con el odio de los demás. Y parece, por otra parte, lo más normal del mundo propinar graves insultos a las personas y fantasear sobre el asesinato sin consecuencia alguna.

Apoyándose en plataformas como Facebook, YouTube y Twitter, el clima social (terriblemente enrarecido en los últimos tiempos) está cambiando. Apalancándose en estas plataformas. el odio y el miedo se multiplican exponencialmente aun cuando son huérfanos de base alguna.

En las redes sociales campan a sus anchas múltiples teorías de la conspiración estrechamente emparentadas con la extrema derecha. Pero éstas se muestran renuentes a la hora de cortar definitivamente el paso a estos contenidos en sus dominios. Solo un eventual endurecimiento de la ley puede poner la mordaza a un odio que ha convertido internet en su particular patio de recreo.

De todos modos, y aun portando el virus del odio en sus entrañas, la publicidad marcha viento en popa a toda vela tanto en YouTube como en Facebook. En 2019 la plataforma de vídeo de Google se embolsó 15.000 millones de dólares en concepto de publicidad. Durante el año pasado Facebook generó, por su parte, 70.000 millones de euros procedentes de la publicidad.

En este sentido, y puesto que parece que ni Google ni Facebook parecen dispuestos a cortar de raíz el terror en sus respectivas plataformas, quizás deberían ser los anunciantes (los que abandonan la bandera del propósito al menos) quienes haciendo gala de su responsabilidad castigaran a estos dos titanes en sus presupuestos publicitarios, concluye Ansorge.

 

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