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Zuckerberg y su salto (potencialmente mortal) al metaverso: ¿saldrá airoso o se partirá la crisma?

Social Media MarketingImagen de Mark Zuckerberg en el metaverso

La temeraria apuesta por el metaverso de Mark Zuckerberg

Zuckerberg y su salto (potencialmente mortal) al metaverso: ¿saldrá airoso o se partirá la crisma?

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Mark Zuckerberg ha decidido dar un giro copernicano a su empresa para centrarla en el metaverso, un metaverso en el que ha invertido ya más de 10.000 millones de dólares.

Mark Zuckerberg afronta la que es probablemente la crisis más abracadabrante de toda su carrera. Su emporio, levantado sobre los cimientos de Facebook, Instagram y WhatsApp, se tambalea peligrosamente ante el arrollador empuje de TikTok y otras plataformas 2.0 de nueva hornada.

Es cierto que Zuckerberg ha bregado con anterioridad con otras muchas crisis, pero ninguna de ellas había sido de naturaleza tan existencial como la que clava sobre él sus afiladas garras en estos momentos.

El estancamiento, ese que acecha como una mala sombra a Meta, su compañía, no es una opción en Silicon Valley. Los anales de la industria tecnológica están, al fin y al cabo, llenos hasta los topes de gigantes de internet como Yahoo! o AOL que no pudieron o no pudieron surfear la ola de la innovación y languidecieron hasta convertirse en auténticos «donnadies» en la inmensidad de la red de redes.

A fin de dejar atrás su anquilosamiento y los múltiples escándalos que han lastrado su crecimiento en los últimos años, Meta necesita reinventarse de manera urgente y para lograr esa reinvención Zuckerberg aspira a mirarse en el espejo de Steve Jobs, que en 1997 regresaba cual hijo pródigo a Apple y llevó a la cima a una empresa por aquel entonces en horas bajas apoyándose en productos como el iPod, el iPhone y el iPad.

Mark Zuckerberg tiene frente a sí la peor crisis de su vida profesional

Pero, ¿tiene realmente Zuckerberg madera de émulo de Steve Jobs? Probablemente no. Jobs cultivó su éxito plantando la semilla de la innovación y Zuckerberg ha cultivado siempre sus triunfos haciendo todo lo contrario, copiando vilmente las ideas de sus rivales. Cuando Facebook salió del cascarón en 2004, no lo hizo sustentado en una idea radicalmente nueva. Friendster o MySpace nacieron antes que Facebook y Zuckerberg se limitó a replicar muchas de las funcionalidades de estas plataformas para que su «criatura» se impusiera sobre todas las demás. Además, se apresuró a comprar a potenciales rivales como Instagram y WhatsApp antes de que se convirtieran en una amenaza real para su imperio. Y aquellos competidores que rechazaron una eventual adquisición por parte de Facebook fueron copiados con sumo descaro por la empresa liderada por Mark Zuckerberg.

Sin embargo, Meta se encuentra actualmente en un momento en que ninguna adquisición (por multimillonaria que sea) podrá zafar a la compañía de las fauces de la grave crisis existencial en que esta se encuentra.

A la crisis por la que atraviesa actualmente Meta ha contribuido paradójicamente una compañía, Apple, cuyo anterior líder ha sido siempre una suerte de guía espiritual para Zuckerberg. Los cambios de privacidad implementados en el último año por la empresa de la manzana en iOS han pegado voraces bocados al negocio publicitarios de Meta. Solo en 2022 tales cambios habrían ocasionado a la compañía una mengua de 10.000 millones de dólares en su facturación anual.

En vista de que la piedra angular de su negocio, la publicidad, no escupe tanto dinero como antes, Zuckerberg ha decidido dar un giro copernicano a su empresa para centrarla en el metaverso, un metaverso en el que ha invertido ya más de 10.000 millones de dólares.

¿Logrará el metaverso salvar de la indiferencia a Meta?

A ojos de Zuckerberg el metaverso al que ha fiado el futuro de su propia empresa será la próxima evolución de internet. Por primera vez en su carrera el dueño de Meta quiere ejercer de pionero en una tecnología que, si prospera, podría devolver el brillo perdido a su compañía.

Para zambullirse en las profundidades del metaverso, donde el usuario puede emprender todo tipo de actividades (casi tantas como en el mundo real), es necesario estar pertrechado de cascos de realidad virtual que fabrica por supuesto Meta.

¿El problema? Que las gafas de realidad virtual más vendidas de Meta, las Quest 2, son apenas más poderosas en el plano puramente tecnológico que los smartphones al uso. Y la mayor parte de entornos virtuales donde puede adentrarse el usuario tienen un «look» sospechosamente similar al de los videojuegos “dosmileros”.

En un futuro no muy lejano será posible llevar a cabo todo tipo de actividades (ir a conciertos o trabajar en la oficina) e interactuar con otras personas en el metaverso casi como si lo hiciéramos en el mundo real. Y ese futuro es el Zuckerberg aspira a construir con sus propias manos.

A la construcción de ese fenomenal futuro (tal y como lo pinta Zuckerberg) contribuirá las nuevas y carísimas gafas de realidad virtual de Meta, las Quest Pro. Con un precio de 1.800 dólares, este dispositivo de nueva hornada captura las expresiones faciales de quien las porta y dota así de más realismo a los avatares. Además, y gracias a las cámaras con las que van equipadas las cámaras, el usuario puede contemplar no solo el mundo virtual sino también el mundo real. Con ellas será posible mantener reuniones de trabajo en el metaverso y no será ni siquiera necesario trabajar en ordenadores convencionales. Las nueva Quest Pro son capaces de simular pantallas y teclados en los entornos laborales nacidos al calor del metaverso.

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Zuckerberg ha decidido iniciar una profunda metamorfosis en su empresa y esta es tan irreversible que hace aproximadamente un año rebautizó a su compañía como Meta para dejar claro que Facebook quiere jugárselo todo a la carta del metaverso.

Enfermizamente tímido en los albores de su carrera como empresario, Zuckerberg parece no tener ya miedo de estar en primer plano y se ha erigido como el influencer más insigne del metaverso que aspira a construir su compañía. Cuando hace un par de meses la plataforma de realidad virtual de Meta «!Horizon Worlds» aterrizó en Francia y en España, un avatar de Zuckerberg con la Torre Eiffel y la Sagrada Familia fue la particular (y controvertida) imagen promocional del lanzamiento. El tosco «look» del avatar de marras fue objeto de miles de «memes» en las redes sociales.

A Zuckerberg no parece, no obstante, importarle el ridículo que le reportó aquella imagen. Su afán es convertir los cascos de realidad virtual en casi tan ubicuos como son a día de hoy los smartphones y transformar así el metaverso en un auténtico vergel en el plano económico.

¿El objetivo? Convertir a la postre el metaverso en un fecundo oasis de datos personales de los usuarios. Los datos han sido siempre, al fin y al cabo, el codiciado objeto de deseo de Zuckerberg.

Hoy por hoy, y de acuerdo con datos de la empresa de investigación de mercados IDC, Meta tiene un 90% de cuota de mercado en la industria (aún incipiente) de los cascos de realidad virtual, una industria a la que se sumará previsiblemente Apple en 2023 con esperadas sus gafas de realidad mixta (que pegarán casi con toda seguridad grandes bocados a la cuota de mercado de la empresa de Mark Zuckerberg).

Más allá de con Apple, la visión de Meta del metaverso tropieza con otro importante óbice en el camino. Y es que los desarrolladores afrontan toda una plétora de dificultades para abrirse paso con sus aplicaciones en el metaverso de Meta, unas dificultades que no existen, por cierto, ni en Apple ni en Google.

El metaverso de Mark Zuckerberg tiene escasos prosélitos en el seno de su propia compañía

Además, mirándose en el espejo de Apple, Meta cobra a los desarrolladores una comisión del 30% en todas compras efectuadas mediante Quest Store o App Lab. Y eso que «Horizon Worlds», el metaverso de cabecera de Meta, tenía apenas 300.000 usuarios activos en febrero, tan solo una décima parte de todos los usuarios de Facebook.

“Horizon Worlds” ni siquiera es demasiado popular a nivel interno. Los propios empleados de Meta reniegan de esta plataforma, donde la primera experiencia resulta confusa y frustrante para la mayor parte de los usuarios (en palabras de un alto ejecutivo de la compañía).

Si ni siquiera los trabajadores de Meta están enamorados de «Horizon Worlds», resulta casi una misión imposible que esta plataforma (tal y como está concebida en la actualidad) clave las fechas del amor al público general. Y es que el salto mortal de Zuckerberg con rumbo al metaverso es efectivamente muy arriesgado y podría costarle, si las cosas se tuercen, su propia fortuna personal, venida a menos en los últimos tiempos precisamente por culpa de su obsesión por los universos virtuales.

 

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