Cannes Lions 2012

Los niños hablan de publicidad en el escenario de #CannesLions 2012 de la mano de JWT

¿Qué pueden tener tres niños que enseñar a los delegados de las mejores agencias de todo el mundo sobre imaginación, creatividad y negocios? Hoy, en Cannes Lions 2012, y acompañados por Jeff Benjamin, COO de JWT para Norteamérica, Jordan Casey, Caine Montoy y Adora Svitak que ni la experiencia ni la edad son esenciales para tener buenas ideas, generar negocio y tener éxito.

“Todos nacemos creativos”, explicó Jeff Benjamin al inicio del debate. El problema es que la creatividad de los más pequeños es capaz de guiarse sólo por hacer algo divertido, el dinero no tiene nada que ver.

Jordan Casey es el programador y desarrollador de aplicaciones más joven de Europa. Con cuatro años ya jugaba a la PlayStation y con nueve programaba páginas web, aprendiendo gracias a tutoriales en YouTube. Para Casey, que ahora tiene 12 años, la creatividad es más bien un proceso intuitivo, según explicó, y la clave está en hacer algo. “Imaginas algo y lo haces sin intentar hacerlo perfecto”. ¿El sueño de Jordan? Convertirse en el CEO de su propia compañía de videojuegos.

Eso sí, el éxito no ha nublado la vista de este pequeño programador y ha asegurado que la recaudación que consigue de las ventas de sus aplicaciones las dona al hospital que hay al lado de su casa.

El segundo pequeño genio en subir al escenario fue Caine Monroy, un emprendedor de nueve años que creó una feria en su garaje con cajas de cartón “sólo por diversión”, y que ha conseguido que la gente haga colas de hasta cinco horas, y pague, por poder jugar.

“Poder aprovechar tu pasión es genial”, aseguró Adora Svitak, escritora, profesora y activista de 14 años, que publicó su primer libro con tan solo siete. Además, Svitak resaltó la sabiduría que da no saber y la capacidad de no tener miedo de la incertidumbre, por lo que no hay nada que te pare a la hora de mirar hacia delante.

“No tengas miedo de ser infantil”, resaltó Svitak, quien después reconoció que no tenía miedo de hablar en público porque no sabía que tendría que hacerlo. Y añadió que “dejar las cosas para más tarde te obliga a ser honesto y auténtico. Las fechas de entrega extra largas te dan demasiado tiempo para editar por ti mismo”.

Por otro lado, el caso de Svitak, junto con el de Casey y Monroy, nos recuerda la verdadera razón para hacer las cosas, las misiones personales. Adora, con tan solo siete años, quería conseguir que los niños leyeran y escribieran.

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