Cannes Lions

Nuestro cerebro en la nube: el futuro que nos depara 2030

PHD y el inventor, autor y futurólogo Ray Kurzweil se han subido hoy al escenario de Cannes Lions para debatir las implicaciones y los retos que implica la convergencia entre humanos y tecnología. Y es que el mundo actual en que vivimos, en constante cambio y con máquinas con un nivel cognitivo cada vez mas parecido al de los humanos está haciendo que esta pregunta sea más pertinente que nunca: “¿qué nos hace humanos cuando la tecnología lo abarca todo?”

Más tarde, nos volvimos a reencontrar con PHD y Kurzweil en la rueda de prensa de presentación de “Merge – La fusión entre la tecnología y nosotros”, un libro que ha nacido bajo el objetivo de entender cómo la tecnología está dando forma a nuestra vida y cómo afectará al futuro en el que ya estamos inmersos.

Tecnologías de la información, cerebros en nube, y nuevas formas de vivir, consumir y trabajar son las claves del futuro que está por llegar en poco más de una década y al que Kurzweil, de la mano de PHD, nos ha acercado en el marco de la Costa Azul.

Kurzweil comenzó su ponencia explicando cómo, desde los 5 años, empezó a sentir fascinación por la tecnología y ese modo mágico de resolver problemas. “Tenía la idea de que si juntaba las piezas podía resolver los problemas”, por lo que empezó a crear pequeños inventos con piezas mecánicas durante años.

“Con 12 años descubrí los ordenadores. En aquella época sólo había 12 ordenadores en Nueva York”. Y cuando tenía 14 años descubrió la inteligencia artificial que simula el pensamiento humano.

Ha sido precisamente ese pensamiento humano el que ha protagonizado muchas de las investigaciones y previsiones de Kurzweil.

El pensamiento humano y el neocórtex

Según explicó el futurólogo, el pensamiento humano funciona por módulos, que se ordenan en jerarquías. “Así funciona el neocórtex. La evolución biológica ha hecho que todo se ordene en jerarquías”, y es ese estrato más alto de nuestro cerebro el que nos permite la creatividad.

Los animales sin neocórtex pueden aprender nuevos comportamientos, pero de forma muy lenta. Con ese neocórtex los individuos logran ser más creativos y, por tanto, inventar nuevos comportamientos que responden a situaciones inesperadas de la vida en los que se requiere más creatividad para resolverlas. Si estos comportamientos funcionan, se recuerdan y comparten con una comunidad para que, a su vez, toda ella pueda aprenderlos y adoptarlos.

Hace dos millones de años se desarrolló el neocórtex frontal, y ese hecho derivó en la evolución de la inteligencia de los primates hasta el homo sapiens. Es precisamente este neocórtex frontal el que permitió la creación del lenguaje, las diferentes formas de arte o, incluso, el sentido del humor.

Pero, al mismo tiempo que el cerebro de los animales ha ido evolucionando hasta el órgano de los humanos actual, la tecnología también lo ha hecho.

Prediciendo el futuro de la tecnología

“En todas las evoluciones el timing es importantísimo”. Pero no es nada fácil predecir el futuro, advirtió Kurzweil. “Si tenemos un cerebro es para predecir el futuro para sobrevivir”. El problema, añadió, es que esa intuición que nos ayuda a anticipar situaciones y responder a ellas solamente es lineal y, la evolución de la tecnología es exponencial, haciéndola así sumamente impredecible.

“Inventamos nuevas capacidades. Las tecnologías de la información se desarrollan como un fenómeno totalmente impredecible”, y lo mismo está ocurriendo en áreas como la medicina, que está permitiendo elevar, imparablemente, la esperanza de vida del ser humano gracias a la evolución de la tecnología que, a su vez, está basada en la evolución de las tecnologías de la información.

“Seremos capaces de llevar puesta, comer y vivir en la tecnología de la información”.

“Podemos arreglar un corazón, programar células para crear nuevos órganos, y hay otras muchas aplicaciones” que hoy en día todavía son complejas pero que, en 10 años, podrían perfectamente ser la normalidad.

Para entender cómo una tecnología pasa de ser una novedad a ser normalidad Kurzweil explicó el proceso: “las tecnologías tienen un momento de exuberancia, donde los expertos ven el potencial que tienen, pero ese periodo es corto”. La crisis de las puntocom es un ejemplo de cómo las empresas que no son capaces de adaptarse para sobrevivir acaban desapareciendo después de ese hype inicial.

“Hace 20 años sólo los ricos podían tener un smartphone, pero cuando esas cosas funcionan bien son virtualmente gratuitas”, explicó Kurzweil. Por eso, ese aspecto del futuro es predecible, podemos ver hacia dónde vamos con bastante certeza sólo con mirar las trayectorias que sigue la tecnología.

Nuestro cerebro en la nube

El futuro seguirá ampliando las capacidades de la neurotecnología hasta tal punto, explicó Kurzweil, que podremos, por ejemplo, conectar nuestro neocórtex a la nube.

En la década de los años 30 seremos capaces de que nuestro neocórtex este conectado a la nube, de forma inalámbrica con un pequeño dispositivo integrado en nuestro cerebro y, de la misma forma que nuestro móvil es capaz de hacerse más inteligente conectándose a la nube, podremos hacerlo con nuestro propio cerebro.

El objetivo, conto Kurzweil, no sólo será poder acceder a información útil en cualquier momento, sino conectar nuestra capa superior de nuestro neocórtex a la capa superior del neocórtex de la nube global.

“De la misma forma que hace dos millones de años desarrollamos el neocrótex, seremos capaces de crear un neocórtex nuevo que genere expresiones más profundas”. Y es que, comentó Kurzweil, “cada aspecto de la vida está mejorando”. La esperanza de vida es cada vez más alta, las posibilidades de que nos ocurra algo negativo, aunque parezca que es la tónica general por la información que recibimos, son cada vez más reducidas, y la calidad de vida es cada vez más alta.

Una consciencia global en nube

Un neocórtex en nube hace plantearse otros problemas más profundos como, por ejemplo, que papel jugará la consciencia de los seres humanos una vez estemos todos conectados con nuestros cerebros.

Aunque a priori es un tema más propio de la filosofía que de la ciencia, recalcó, para Kurzweil es importante entender que, aunque los seres humanos somos seres conscientes, la tecnología, ahora capaz de asumir un lenguaje e, incluso, una capacidad de pensamiento autónomo, llegará a tener una consciencia.

“Con el tiempo, la porción no biológica de nuestro cerebro dominará”, explicó. “Y una de las ventajas de esta inteligencia es que tiene un back up”, por lo que si nuestros recuerdos se pierden, será posible recuperar toda la información que almacena, nuestros conocimientos, nuestros recuerdos y nuestras habilidades. “No tendremos que crear un avatar en el futuro, vamos a ser cada vez más digitales. Pero esto ocurrirá en los años 2040”.

La vida a partir de 2030

En 2030 tendremos la capacidad de crear recursos físicos para todos con la impresión en 3D. Esta tecnología permitirá crear casas o incluso comida a un coste muy bajo. Y a medida que la realidad virtual sea cada vez más realista podremos vivir en cualquier lugar del mundo y asentarnos en cualquier parte, al mismo tiempo que nuestros dispositivos nos permitirán desplazarnos a cualquier lugar de forma prácticamente real.

Al mismo tiempo, el mundo laboral se seguirá transformando radicalmente, de la misma forma que lo ha hecho a lo largo de los años de nuestra historia, pero a una velocidad cada vez mayor. “Estamos moviéndonos hacia nuevas formas de conocimiento que antes no existían y seguiremos en esa dirección”.

“Esta no es la primera vez que sustituimos todo el empleo humano. Pero crearemos nuevos puestos de trabajo que no sé cuáles son, todavía no los hemos inventado”, añadió Kurzweil.

Al mismo tiempo, las empresas tendrán que analizar sus negocios y ver hacia dónde se pueden dirigir. “Mira cómo eran las cosas hace sólo cuatro años, y las cosas van a cambiar mucho más en los próximos cuatro. No asumáis que el mundo no va a cambiar. Tenemos que ser capaces de traducir el acceso a la información en resultados positivos. Y el modelo se aprende haciendo”.

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