El periodismo es cada vez más nauseabundo: estas son las 3 causas de su podredumbre #DMK16

periodismoHans-Ulrich Jörges, miembro de la jefatura de redacción del semanario alemán Stern, no tiene pelos en la lengua y ayer durante su intervención en el congreso de medios Deutscher Medienkongress, que MarketingDirecto.com está cubriendo para ustedes desde Frankfurt, le leyó la cartilla a sus propios colegas de profesión.

A juicio de Jörges, hay motivos más que fundados para que el público crea cada vez menos en los periodistas, a los que demandó mucho más carácter en el ejercicio de su profesión.

Que en el país de Angela Merkel se haya acuñado el término “Lügenpresse” (prensa mentirosa) durante los últimos tiempos es un síntoma más que evidente de que los periodistas no están haciendo bien sus deberes. “Esta palabra que escuchamos en todas partes es catalizadora del profundo malestar del público con los medios de comunicación, que tienen hoy por hoy un gran problema de credibilidad”, subrayó.

El problema no son tanto las mentiras (a ratos conscientes, a ratos inconscientes) que cuentan los periodistas a la audiencia, sino más bien “la idealización, la propaganda, la superficialidad, la falta de memoria, y la poca seriedad a la hora de investigar hechos noticiosos”, aseguró Jörges.

Más allá de hacer un diagnóstico de los males que acucian actualmente al periodismo, Jörges puso unos cuantos ejemplos de “meteduras de pata” periodísticas. Los periodistas cayeron, por ejemplo, en el pecado imperdonable de la idealización cuando se inició la crisis de los refugiados el pasado verano, puesto que pusieron única y exclusivamente el foco en sentimientos positivos como la solidaridad y no tanto en los problemas que sin duda acarreaba esa crisis, explicó.

Tampoco estuvo bien que a la hora informar de los ataques sexuales masivos a mujeres el pasado 1 de enero en Colonia, los periodistas enarbolaran la bandera del pesimismo y se concentraran única y exclusivamente en los problemas y los detalles escabrosos, indicó.

Otro pecado cometido por los periodistas durante los últimos tiempos es el de convertir la información en propaganda a la hora de cubrir el conflicto de Ucrania.

“El oportunismo, el conformismo y el alarmismo son conductas terriblemente peligrosas en el universo del periodismo”, recalcó. ¿Lo peor? Que son prácticas contagiosas que terminan al final salpicando a todos los periodistas. “Es el denominado periodismo en manada”, indicó.

Está claro que el periodismo, en términos de calidad y credibilidad, no pasa por su mejor momento. Pero, ¿cuáles son las causas de la creciente podredumbre de la profesión periodística? Jörges enumeró al menos 3 causas:

1. La disolución del depósito ideológico que trajo consigo el fin de la guerra fría. Se trata de algo que bien merece ser celebrado. Pero el reverso de la moneda que es hoy por hoy hay mucha menos diversidad de opiniones en la prensa. Antaño casi cada declaración era rebatida. Hoy domina, en cambio, el conformismo. Apenas se rebate nada.

2. La crisis mediática, la lucha (cada vez más cruenta) por las cuotas y las cifras de difusión y el creciente desmantelamiento de las redacciones se han traducido inevitablemente en una pérdida de calidad.

3. En la actualidad existe una nueva jerarquía mediática. Los medios online son los que llevan la batuta y los demás van siempre a la zaga. Esos medios online que hoy lideran el periodismo trabajan con asombrosa rapidez, miden el número de clics casi al minuto y apuestan denodadamente (y sin avergonzarse de ello) por los escándalos, las emociones y el amarillismo.

El hambre de los medios online por las cosas nuevas es increíblemente insaciable, constató Jörges. Si estos medios “tienen carne fresca entre manos, todo lo demás pasa a segundo plano. En ellos sólo un tema merece ser top. Dos es quizás demasiado”, explicó. Los medios online están dominados por una suerte de histerismo, que las redes sociales agravan aún más.

El periodismo está “enfermo” en términos de calidad. ¿Cuál es entonces el medicamento para curarlo? Jörges lo tiene claro: la calidad. Y para reencontrarse con la ansiada calidad, “hay que detenerse, juzgar de manera independiente, guardar la calma y ser capaz de mantener las distancias”, concluyó.

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