DLD 2017

La "superinteligencia" de las máquinas es prima hermana de los sentimientos (robóticos)

robotsCuando Jürgen Schmidhuber, presidente y director científico de la empresa especializada en inteligencia artificial IDSIA, habla de sus "pequeños robots", lo hace como un padre orgulloso que habla de los increíbles superpoderes de sus "criaturas".

Unas "criaturas" que podrían ser muy pronto más inteligentes que su progenitor (y que toda la raza humana en general). Al fin y al cabo, "la evolución técnica es mucho más rápida y precisa que la evolución biológica", señaló ayer en el transcurso de su intervención en la conferencia DLD.

“Mientras la naturaleza necesitó cientos de millones de años para llegar al punto en que se encuentra en la actualidad, la tecnología informática multiplica por diez cada cinco años su poder”, indicó. Y en vista de la velocidad vertiginosa con la que evoluciona la tecnología, en 2041 el “cerebro” de las máquinas podría superar ampliamente el rendimiento actual del cerebro humano, profetizó.

Que los robots puedan superar en algún momento no muy lejano a la sacrosanta inteligencia de los humanos es algo que inspira lógicamente temor a muchos, reconoció Schmidhuber. Sin embargo, el presidente de IDSIA no cree en las distopías que se empeñar en retratar a los pérfidos robots como los futuros (y crueles) amos del mundo.

“Desde la perspectiva de una inteligencia artificial sería un contrasentido intentar esclavizar a los humanos cuando es mucho más rápido construir robots que ganan a estos ampliamente en rendimiento”, indicó.

En las películas de ciencia ficción los robots terminan a veces desarrollando sentimientos de venganza y de poder. Y, aunque excesivamente apocalípticos, este tipo de filmes no dejan de estar en lo cierto porque los robots, por increíble que parezca, pueden desarrollar sentimientos. Sin embargo, y debido a la fragilidad de la mecánica que hay en sus entrañas, los robots se esfuerzan permanentemente en contener esos sentimientos. “Los robots evitan de manera deliberada aquellas situaciones dolorosas que pueden infligir daño a su hardware o directamente destruirlo. Están dotados de inteligencia, y como inteligentes que son, aprenden constantemente de sus errores”, recalcó Schmidhuber.

A juicio de Schmidhuber, la inteligencia y los sentimientos están en realidad muy cerca. De hecho, muchos de los robots de su empresa se comportan como si tuvieran sentimientos. Cuando se ven amenazados por alguien y con la ayuda del software de reconocimiento facial del que están aprovisionados ponen rostro a ese alguien, se esconden cuando ven que éste entra en escena, asegura el científico. “Sí, lo cierto es que podríamos decir que los robots tienen medio”, destacó.

Los sentimientos no dejan de ser una forma muy concreta de inteligencia que se encarga de velar por la supervivencia de quienes los albergan (sean humanos o máquinas), concluyó Schmidhuber.

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