7 reflexiones marketeras que nos deja 2016, el año en el que aprendimos a odiar a internet

trumpLa World Wide Web lleva entre nosotros más de 20 años, pero ha sido probablemente en 2016, el año al que estamos a punto de decir adiós, cuando hemos aprendido a supurar odio (100% venenoso) por la tecnología que tantísimas alegrías nos ha procurado durante las dos últimas décadas.

De 2016, el año en que internet (y sus múltiples bondades) se cayó del pedestal por culpa de Donald Trump y otros “personajes”, la industria marketera puede extraer unas cuantas reflexiones, las que disecciona a continuación Horizont:

1. Facebook y Twitter: ¿los culpables de la victoria de Donald Trump?
Si internet fuera una empresa, estaría embadurnada hasta las cejas de “porquería”, la que los internautas le han tirado a la cara (sin piedad) durante los últimos doce meses. La red de redes se ha convertido en los últimos meses en cabeza de turco de casi todos los males que asolan al mundo. Es la culpable de la pésima calidad de la publicidad que llega a ojos del consumidor, del odio que corroe por dentro a la personas, de la manipulación practicada por los medios, de las locuras del planeta Tierra (y de sus habitantes) y también, cómo no, de la execrable y preocupante victoria en la urnas de Donald Trump. ¿Tiene realmente internet la culpa de todo? Está claro que no, pero 2016 ha dejado en evidencia una cosa: que un par de algoritmos, por muy inteligentes que sean, no hacen el mundo necesariamente mejor (ni pueden salvarlo de sí mismo).

Donald Trump Speaks To GOP Women's Groups

2. Demagogia y Big Data: la revolución de la comunicación política
Donald Trump, el hombre que cada vez que abre la boca se las ingenia para que suba el pan, ha revolucionado para siempre la comunicación política y lo ha hecho con la connivencia de internet. No es la primera vez que la red juega un papel tan importante en una campaña electoral, pero sí es la primera vez que internet se utiliza como arma política para conectar de manera hiperpersonalizada con el votante. Trump ha aprovechado en su propio beneficio la omnipresente publicidad programática para lanzar mensajes individualizados que conectan con el votante en el lugar y en el momento adecuados. Trump y su “mugrienta” campaña electoral han abierto de par en par la puerta de la comunicación política hipersegmentada, hipermanipuladora y e hiperpersonalizada. Internet es una utilísima herramienta de comunicación para dar voz a todo tipo de opiniones, también a las opiniones de los demagogos (lamentablemente).

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3. Internet habla (literalmente)
Los asistentes de voz han dado muchísimo que hablar en el transcurso del último año. Y prometen poner patas arriba a la antediluviana red de redes que todos conocemos. En el futuro no necesitaremos de aplicaciones para conocer las previsiones meteorológicas, leer las noticas o consultar el correo. Diligentes (e inteligentísimos) asistentes de voz lo harán por nosotros. Eso sí, tantas facilidades no nos saldrán gratis ni mucho menos. Para dar cumplida respuesta a nuestros deseos y necesidades, los asistentes de voz lo sabrán todo sobre nosotros y nos conocerán tanto que nos informarán quizás de manera sesgada de lo que acontece en el mundo. El “filtro burbuja” inaugurado en su día por Facebook y compañía será de unas dimensiones absolutamente gigantescas.

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4. SAP, IBM y compañía le hincan el diente a la publicidad
En 2016 hemos sido por fin conscientes de la agresividad con las que los proveedores tecnológicos y las consultoras se están aproximando a la publicidad. De la mano de empresas como Accenture, IBM o SAP los algoritmos, la creatividad y los medios convivirán bajo el mismo techo. Habrá que permanecer muy atentos a los frutos cosechados por este poderoso trío en el futuro.

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5. El “paid content” sigue siendo un patito feo, no se convierte en cisne
2016 ha sido definitivamente un mal año para el “paid content”. Y 2017 no será mucho mejor. El contenido de pago es definitivamente un hueso duro de roer para los “publishers”. Las personas de más de 20 años están acostumbradas a no pagar un céntimo por consumir noticias en internet. Para convencer a esas personas de las bondades del “paid content”, los “publishers” deberán experimentar, invertir y lo más importante de todo, armarse de paciencia.

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6. La eterna promesa del content marketing
El content marketing, la “droga” que ha conquistado a los marketeros en el transcurso del último año, promete la relevancia que desgraciadamente ya no tiene la publicidad clásica. Esa “droga” convierte a las marcas en “publishers” y a los clientes de esas marcas los convierte en personas que, más allá de comprar determinados productos y servicios, consumen también contenidos (y lo hacen de manera no forzada). ¿El problema? Que quienes con tanto entusiasmo se han subido en los últimos tiempos al carro del content marketing lo han hecho asumiendo que esta disciplina es en realidad otra cosa y confundiéndola (deliberadamente o no) con el “corporate publishing” o el branded entertainment.

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7. ¿Se muere de verdad el papel?
En torno a la supuesta muerte del papel (de la que se lleva hablando, por cierto, desde hace muchísimo tiempo) se debate de manera absolutamente improductiva. Se supone que sólo puede quedar uno, el papel o lo digital, pero ¿no hay en realidad cabida para ambos? Pese a que muchos los consideran incompatibles, lo cierto es que llevan conviviendo juntos (y sin matarse el uno al otro) desde hace ya unos cuantos años.

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