La programación, el lenguaje natural de la nuevas generaciones

La programación (y la publicidad) es un juego de niños

Antonio García se ha convertido en uno de los programadores más jóvenes de nuestro país. Con tan solo 11 años ya es capaz de crear apps y videojuegos con tanta destreza como la de cualquier profesional.

Las nuevas generaciones ya no vienen con un pan debajo del brazo, sino con un manual de programación.

El mejor ejemplo de ello es Antonio García, un niño que con apenas 11 años ya puede presumir de haber creado una centena de videojuegos y apps con las que no solo se divierte, sino que también ayudan a sus compañeros de clase a hacer del aprendizaje un juego.

Este pequeño programador ha captado la atención de los medios nacionales y no es para menos pues su pericia con la tecnología es sorprendente.

Pero no solo se mueve como pez en el agua entre el lenguaje HTML, sino también ante el público y así lo ha demostrado en FOA 2019 donde ha compartido con el público el por qué y el cómo de esa afición que va camino de convertirse en una profesión.

Con apenas 6 años entró a formar parte del club de programación de la Universidad de Valladolid, con 8 participó en TedX Youth donde, ante 500 personas, animaba los jóvenes a acercarse a la programación como forma de aprendizaje y de entretenimiento. A día de hoy, más de 1 millón de personas han visto esta charla en internet.

Ahí dio comienzo un periplo internacional con el que este pequeño ha llevado su "curiosidad, pasión y ganas que pongo a mis juegos que son el motor de todo lo que hago" a diversos países del mundo.

García destaca "la importancia del juego, las ganas y la ilusión como motor de la creatividad y la programación como herramienta para conseguirlo".

Gracias a los juegos, este pequeño ha sido capaz  de convencer a los niños de que estudiar puede ser divertido y una gran arma para creativos y marcas."El juego es fundamental para transmitir o comunicar cualquier cosa", cuenta.

"Hago que las cosas funcionen de una manera más divertida. Empecé haciendo juegos muy sencillo y me di cuenta de que podía aplicarlo para aprender en clase. La programación me ha ayudado a entender conceptos que podrían considerarse complejos para mi edad como la velocidad", explica.

"Curiosidad, pasión y ganas que pongo a mis juegos que son el motor de todo lo que hago"

Pero la misión de este niño programador no se limita a sus coetáneos, sino que busca convencer a los adultos de que el juego es la mejor herramienta creativa. "Dejad que salga el niño que hay en vosotros, jugando se desarrolla la creatividad".

Pero lo realmente importante, añade, "es sacar a los niños que hay en los demás, hacerles jugar. Un juego es divertido, hay un reto, al final un reto y la sensación es buenísima".

"Imaginad las campañas de marketing que podríais hacer combinando la creatividad de un niño y la experiencia de un adulto. Recordad, el único límite es vuestra imaginación. Porque la publicidad sí que puede ser un juego de niños", concluye.

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