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4 reglas para que los pitches no se les atraganten a las agencias (y 3 para todo lo contrario)

Cuando un gran anunciante convoca un pitch, en las agencias afloran sentimientos encontrados. Por una parte, tener la oportunidad de echar el guante a una suculenta cuenta pone inevitablemente los dientes largos a las agencias. Pero por otra, un pitch exige muchísimo esfuerza a las agencias (que no reciben a veces nada a cambio por el tiempo y los recursos que vuelcan en los concursos convocados por las marcas).

Un buen pitch, aquel que beneficia tanto al convocante (el anunciante) como a la agencia (o al menos logra que ésta no se vuelva loca), se rige por las reglas que disecciona a continuación Horizont:

1. Claridad. Un buen pitch debe estar pertrechado de un plan suficientemente claro, aquel que el anunciante quiere ejecutar y que debe comunicar de manera inequívoca a todos los participantes.

2. Transparencia. Los procedimientos que seguirá el anunciante en su pitch (fases en la toma de decisiones, “timing” y criterios de valoración) deben ser comunicados de manera pública a todas las agencias que toman parte en el concurso (también en las fases intermedias).

3. Realidad. La formulación del pitch y sus diferentes elementos (briefing, presupuesto y criterios de realización) deben hacer referencia a un proyecto real. Los proyectos meramente especulativos no deberían tener cabida en los pitches.

4. Relación. Un pitch implica una considerable inversión por parte de las agencias que tienen a bien concurrir en él. Razón de más para que los gastos derivados de la participación en un pitch estén convenientemente reflejados en las relaciones entabladas entre agencias y anunciantes.

En cambio, un pitch con todas las papeletas para convertirse en una auténtica pesadilla para las agencias está presidido por estas 3 reglas (sorprendentemente comunes):

1. Opacidad. En los pitches gobernados por la opacidad el anunciante no formula y comunica con claridad cuál es el motivo del concurso, cómo se desarrollará y cuáles son sus expectativas.

2. Insinceridad. Los motivos, las informaciones y los detalles relativos a un pitch no son comunicados adecuadamente a los participantes. Y lo que es peor: el anunciante se toma la licencia de utilizar las ideas propuestas por las agencias en los pitches sin su consentimiento (y sin remuneración alguna por supuesto).

3. Pretensiones a todas luces exageradas. Cuando un pitch, que ya de por sí exige muchísimo esfuerzo a las agencias, está repleto de detalles complejos y exigencias desmesuradas, éste tiene todas las papeletas para convertirse en una auténtica pesadilla para los participantes.

 

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