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5 motivos de "tarjeta roja" en una entrevista de trabajo para una agencia

agenciaA los publicitarios les gusta cambiar de aires y, fieles a su espíritu de «culos inquietos», les encanta plantar su semilla creativa en más de una agencia (y más de dos) a lo largo de su carrera profesional.

Espoleados por sus ansias profesionales de cambio, los publicitarios se enfrentan a muchísimas entrevistas de trabajo a lo largo de su carrera. Sin embargo, su experiencia haciendo entrevistas de trabajo no les libra de los gazapos. A continuación, y de la mano de About.com, repasamos cinco motivos de «tarjeta roja» en una entrevista laboral en una agencia de publicidad:

1. Confesar al entrevistador la agencia en la que nos gustaría trabajar de verdad
Parece que nadie en su sano juicio se atrevería a realizar semejante confesión en una entrevista de trabajo, pero a algunos publicitarios, sobre todo a los más bisoños en la profesión, se les escapa. Y cuando hacen una entrevista para una pequeña y modesta agencia, reconocen sin ambages (y quizás también sin vergüenza) que donde realmente les gustaría trabajar es en Ogilvy o McCann. Craso error. Si en el transcurso de la entrevista, el entrevistador le pregunta “¿Dónde se ve en 5 años?”, ni se le ocurra descolgarse con la siguiente respuesta: “En una gran agencia de publicidad ganando muchos premios”. Apueste, en su lugar, por esta respuesta: “Me imagina como una pieza fundamental de la agencia y haciendo campañas maravillosas”.

2. Acudir a la entrevista con un portfolio desactualizado y desorganizado
Si aspira a trabajar en el departamento creativo de una agencia de publicidad, debería saber que su portfolio lo es todo. Es él está aglutinada, no en vano, toda su carrera profesional. Por este motivo, debe tomarse la molestia de mantenerlo siempre actualizado y organizarlo de manera lógica, dejando en todo momento constancia de sus puntos fuertes. Procure empezar su portfolio con algún plato fuerte (alguna campaña de la que se siente especialmente orgulloso), terminarlo con su mejor trabajo hasta la fecha y colocar todo lo demás en el medio.

3. No conocer mínimamente a la agencia con la que hacemos la entrevista
Imagínese esta situación. Es director de arte, hace una entrevista con una agencia de publicidad, charla sobre lo humano y lo divino con el entrevistador, hay innegablemente “química” con él y todo parece ir sobre ruedas. La “química”, sin embargo, se desvanece por completo cuando el interlocutor le pregunta qué le parece la reciente fusión de la agencia para la que aspira a trabajar. ¿Fusión? ¿De qué fusión habla el entrevistador? Parece un error de principiante, pero sigue habiendo publicitarios que hacen entrevistas laborales sin informarse antes mínimamente de la empresa para la que van a trabajar. Y hacer una entrevista sin conocer ni siquiera un poquito al entrevistador (y a la agencia que hay detrás) es como presentarse a un examen final sin haber estudiado nada.

4. Vestirse de manera poco adecuada
En las entrevistas de trabajo ajenas al “establisment” publicitario los candidatos suelen echar mano de sus mejores galas (trajes de corte impecable y zapatos lustrosos e impolutos), pero en las agencias de publicidad este “dress code” es notablemente diferente. Si va a trabajar en el departamento de cuentas, producción o ventas de una agencia de publicidad, hará bien apostando por vestuario formal, pero sin olvidarse de añadir al “look” algo diferente (una corbata vistosa, por ejemplo), para dar a entender al entrevistador que es consciente de lo importante que es destacar en un negocio como el publicitario. Si su objetivo es trabajar para el departamento creativo de una agencia, no hay reglas en lo que al “dress code” se refiere. Podrá llevar unos pantalones raídos con con una camiseta con mil lavados sobre sus espaldas o un elegante traje rojo con los zapatos a juego. Vista como quiera (los creativos pueden permitirse el lujo de vestir cómo quieren), pero evite a toda costa llevar ropa excesivamente aburrida.

5. Echar pestes de nuestra actual agencia
Es muy tentador que, cuando nos preguntan por qué queremos dejar la agencia X, se abran en nosotros las compuertas del odio y el resentimiento acumulados contra ella en los últimos años. Enfrentados a este tipo de preguntas, es muy fácil dejarnos arrastrar por el lado oscuro y ponernos a despotricar contra la agencia que nos está dando, al fin y acabo, de comer. Sin embargo, debemos intentar modernos la lengua. En la industria publicitaria, incestuosa por naturaleza, todo el mundo conoce a todo el mundo y nuestra lengua viperina puede salirnos cara, muy cara.

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