Agencias

Las agencias sí son país para viejos

5 razones por las que las agencias no deberían renegar de las canas y las arrugas

No sólo de los millennials viven las agencias, que harían bien en fijar la mirada (para hacer un hueco laboral) en los profesionales mayores de 50 años.

agenciasQuienes se dedican profesionalmente a la publicidad y tienen más de 50 años lo tienen complicadísimo (por no decir casi imposible) para encontrar trabajo en una industria, la publicitaria, que parece rendir pleitesía única y exclusivamente a los más jóvenes.

Borrachas de juventud, las agencias dan deliberadamente portazo a quienes, aun atesorando valiosísimas experiencias, tienen la mala fortuna de peinar canas y tener el rostro surcado de arrugas.

Sin embargo, y pese a tener nublado el juicio con los millennials (que son a los únicos a los que parecen dispuestas a agasajar con contratos laborales), las agencias harían bien en fijar también la mirada en los mayores de 50 años.

Manfred Türk, fundador de la agencia Neue Werbung, enumera en un artículo publicado en W&V las razones por las que las agencias sí deberían ser país para “viejos”:

1. Los “viejos” son portadores de invaluables conocimientos

Es cierto que la nueva era digital ha puesto en manos de las agencias una larguísima retahíla de nuevas tecnologías (y que esas tecnologías sólo las dominan supuestamente los jóvenes).

Sin embargo, esas tecnologías que tantísimo obsesionan a las agencias no dejan de ser nuevos canales para dar cobijo a la publicidad. Y la artesanía publicitaria, la forma de alumbrar las ideas en las que está sustentada la publicidad, no ha cambiado en realidad demasiado.

Además, teniendo en cuenta que sólo el 40% de la inversión publicitaria echa raíces en los canales digitales (esos que tan bien se les dan a los jóvenes), los “viejos” pueden asumir perfectamente (bastante mejor, por otra parte, que los creativos más bisoños) la creatividad y las estrategias en el resto de canales.

3. Los “viejos” vierten dinero en las cuentas de las agencias

En su forma más primorosa la publicidad es parte de la cultura. Y es la generación de los (ahora denostados) publicitarios de la vieja guardia la que ha conferido el estatus de cultura a la publicidad.

Los “viejos” (acostumbrados a discutir largamente las ideas que tienen entre manos y hacer decenas de tests) saben que para hacer buena publicidad son necesarios litros de sangre, sudor y lágrimas y saben también que cuando la publicidad es realmente buena, las cajas de las agencias tintinean de puro placer.

3. Los “viejos” tienen mejores filtros

Todos contemplamos el mundo a través de filtros. Esos filtros los vamos incorporando a nuestra mirada tomándoselos prestados a la sociedad, la cultura y todo aquello que nos rodea.

Y cuantos más años cumplimos, más diestros nos mostramos también a la hora de elegir el filtro que debemos utilizar en cada ocasión para juzgar lo que tenemos frente a sí.

Precisamente por eso, y en una era en la que los “hypes” (totalmente descabellados a veces) parecen haberse adueñado de la publicidad, se hacen necesarios los filtros más depurados de los “viejos” para obtener una visión más prístina de la industria publicitaria (continuamente empañada por las modas).

4. Los “viejos” tienen ideas

Las antediluvianas ideas (y no los datos) son el verdadero motor de las campañas de publicidad. Son ellas (y no otras) las que atesoran la virtud de hacer mejores las marcas a ojos del consumidor.

Puede que los datos hayan dotado de más “superpoderes” a los publicitarios, pero las ideas siguen siendo la columna vertebral de su trabajo y esas ideas hallan en los “viejos” su perfecto y sabroso caldo de cultivo.

5. Los “viejos” saben más

Los publicitarios que cargan con varias décadas de experiencia sobre sus espaldas son también portadores de más conocimientos y tales conocimientos valen su peso en oro a la hora de aportar estabilidad y tranquilidad al inquieto y frenético día a día de una agencia de publicidad.

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