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5 tipos de clientes que las agencias odian

La relación entre agencias y clientes es, a menudo, injusta. Como es el cliente el que paga, muchos anunciantes se creen con el derecho de cometer todo tipo de «tropelías» contra la agencia que contratan. Las agencias necesitan clientes para subsistir, pero lidiar con algunos de ellos puede convertirse a veces en una «misión imposible». iMedia Connection identifica a continuación los cinco tipos de clientes que más «odio» suscitan entre las agencias:

1. El cliente “olvidadizo”
A menudo, la agencia y el cliente se encuentran y surge entre ellos la “chispa”. El “flechazo” es de tal calibre que la agencia acuerda con el cliente llegar a un acuerdo de colaboración. En vista del potencial del cliente, la agencia vuelca todos sus esfuerzos en realizar una buena propuesta para él para descubrir al final que todo ha sido una pérdida de tiempo porque el cliente ha perdido súbitamente el interés.

2. El cliente “faltón”
Puesto que es quien pone el dinero sobre la mesa, el cliente se cree con el derechode tratar “a patadas” al personal de la que agencia a la que paga, tanto que se atreve a cruzar la línea que separa lo personal de lo profesional.

3. El cliente “tacaño”
El cliente y la agencia entran en contacto y sellan el “flechazo” con un acuerdo. La agencia invierte tiempo y dinero para cumplir su parte del acuerdo. Al cliente le gusta el proyecto presentado por la agencia, pero en el último momento le confiesa que no tiene dinero para pagarle.

4. El cliente “despistado”
La agencia presenta su propuesta al cliente y, tras la presentación, el cliente confiesa con bastante desinterés no entender lo que se propone realmente la agencia. En posteriores reuniones, y a medida que la propuesta toma poco a poco forma, el cliente sigue mostrando idéntico desinterés por el trabajo de la agencia, tanto que ni siquiera proporciona a ésta un calendario fijo.

5. El cliente “veleta”
El cliente pide una cosa muy concreta a la agencia, ésta se la presenta y el cliente sorprende a la agencia diciendo que quiere justamente lo contrario. La agencia vuelve a rehacer el trabajo y se topa con nuevas trabas por parte del cliente. Para las agencias, trabajar con este tipo de clientes se convierte en una especie de círculo vicioso.

 

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