Agencias

6 maneras de combatir la esclavitud que campa a sus anchas en las agencias

agenciasQue las horas extra (no remuneradas) están a la orden del día en las agencias es un secreto a voces (y no por ello deja de ser más grave). Wieden + Kennedy Londres saltaba, por ejemplo, hace poco a la palestra tras su decisión de instaurar una serie de normas para curar la adicción al trabajo de sus empleados (convertidos, según las malas lenguas, en esclavos con todas las de la ley).

Cuando las horas extra se convierten en moneda común de cambio en las agencias, hay (por más que a éstas les cueste reconocerlo) un problema. O bien los flujos internos de trabajo no funcionan adecuadamente, o bien el no hay suficiente personal para acometer de manera apropiada las exigencias de los clientes de las agencias. En el primer caso, las agencias se sumen inevitablemente en el caos. En el segundo, las agencias (sus dueños en realidad) son presas de la codicia. Y en ambas situaciones las consecuencias son absolutamente devastadoras.

Que la industria publicitaria esté llena hasta los topes de “workaholics” es la pescadilla que se muerde la cola para las agencias. Por una parte, se arriesgan a perder a sus mejores talentos. Y por otra, se arriesgan también a que los clientes se harten y les pidan los papeles del “divorcio”.

Para combatir la esclavitud en las agencias se pueden hacer muchas cosas, pero estas que propone a continuación Alexander Krapp en un artículo para Lead Digital son quizás las más eficaces (y sensatas):

1. Valorar adecuadamente sus propios recursos
Si hacemos partícipe a un creativo junior de un gran proyecto, no deberíamos llevarnos las manos a la cabeza al constatar después que éste ha necesitado realizar horas extras. ¿Qué más da si al final el proyecto sale adelante?, se preguntarán algunos. “Explotar” a un pobre creativo junior puede ser a priori lo mejor que le puede pasar a una agencia de publicidad. ¿El problema? Que un creativo junior con una carga excesiva de trabajo sobre sus espaldas termina convirtiéndose también en una carga (en términos de coordinación) para sus superiores.

2. Tener la valentía de decir “no”
Si una agencia no está preparada (porque no tiene personal suficiente o porque no tiene la tecnología necesaria) para asumir el proyecto que un cliente tiene a bien encomendarle, debe ser realista y aprender a decir “no”. Y debe hacerlo teniendo en todo momento en cuenta que ese “no” no significa necesariamente decir “no” a más ingresos, sino más bien decir “no” a volcar valiosísimos recursos en proyectos que quizás no merecen la pena y decir “no” a las prisas (y por ende, al trabajo “chapucero”).

3. Especializarse
No hay mayor ventaja competitiva frente a otras agencias que la especialización. Si en lugar de “querer saber de todo y de nada”, una agencia se concentra en lo que mejor sabe hacer y se especializa, lo tendrá mucho más fácil para captar clientes y también hacer felices a sus empleados (y evitar que estos se pasen las horas muertas en la oficina).

4. Apostar por el “outsourcing”
Construir una red de “partners” y recurrir a ellos cuando los empleados de la propia agencia están ya ocupados en otras tareas o deben lidiar con temas con los que están poco familiarizados es no sólo la opción más sensata. Es (a la larga) la mejor opción.

5. Priorizar mejor las tareas
Cuando las agencias tienen que vérselas con mil y un proyectos simultáneamente, es importante que sus directivos sepan priorizar para poder sacar adelante (de manera satisfactoria) todos y cada uno de esos proyectos.

6. Aprovechar convenientemente las competencias de la plantilla
Una buena  manera de combatir las temidas horas extra es que las agencias se tomen la molestia de conocer al dedillo las competencias de sus propios empleados y puedan así distribuir mejor las tareas.

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