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Las agencias y la idolatrada juventud o cómo hacerse el harakiri (a lo tonto)

agenciasTodo comenzó hace 15 años. Por aquel entonces la popularidad de internet estaba en pleno (y salvaje) apogeo y las agencias eras titanes achacosos y de movimientos torpes.

La industria publicitaria necesitaba urgente un "lifting" que silenciara un hecho tan preocupante como irrefutable: que las agencias, paladines en sus tiempos mozos de la creatividad, se habían convertido en meros compinches de Wall Street.

Por eso, y deseosa de metamorfosearse en otra cosa (mejor), la industria publicitaria decidió mirarse en el espejo de un “niño prodigio” llamado Silicon Valley y copiar sus costumbres, sus palabras y también sus vanidades.

Silicon Valley peca de muchas vanidades, pero quizás la más insolente es la adoración (absolutamente inquietante) que ha profesado siempre a la juventud. Y como Silicon Valley rendía pleitesía a la juventud, Madison Avenue comenzó también a venerarla.

¿El problema? Que la publicidad poco o nada tiene que ver con el universo de las ciencias y las matemáticas, donde los hallazgos son habitualmente más brillantes cuando el científico (o el matemático) tiene la juventud a su vera. La publicidad tiene mucho más en común con la literatura y el arte. Y los artistas y los escritores tienden a conquistar sus mayores logros a los 40, los 50 y los 60 años, explica Bob Hoffman en el blog The Ad Contrarian.

Sin embargo, en los tiempos que corren una persona de 40 años es una suerte de zombi en las agencias de publicidad. La sabiduría y la experiencia se han quedado (sorprendentemente) demodé en la industria publicitaria.

Y por eso no es de extrañar que las publicidad tenga actualmente una herida abierta que no para sangrar. Es un secreto a voces que la calidad de la publicidad ha caído enteros durante los últimos años.

Las agencias de publicidad están hoy más desiertas de talento que nunca y lo están porque hace algún tiempo quisieron creer que ese talento estaba reñido con las canas y las arrugas.

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