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La digitalización "se come" todo: consumimos menos materiales y el mundo es más sostenible

digital apocalipsisEl mundo digital está acabando con todo lo analógico. Los VHS o las cintas «cassettes» hace años que pasaron a mejor vida, mientras que los reproductores de música o las cámaras fotográficas son otros productos que, en mayor o menor medida, prácticamente han desaparecido del día a día. Otros dispositivos como los CDs, los DVDs o los Blu-Rays cada vez tienen menos sentido con los MP3, o con servicios de reproducción en streaming como Spotify -para la música- o Netflix -para el contenido de vídeo-. En la actualidad casi todo el contenido que consumimos es virtual. 

Esto se traduce en que cada vez se fabrican menos productos, y por ende, cada vez se necesitan menos materiales, algo que el mundo puede agradecer porque lo hace un poco más sostenible (aunque todavía es insuficiente frente a las necesidades del planeta).

El desarrollo de la digitalización también se refleja en la producción de la tecnología. Como recoge Marta García Aller en la revista Papel para El Mundo, en los últimos treinta años la cantidad de material que se necesita para construir un ordenador ha disminuido un 68% mientras que sus capacidades han mejorado, y lo mismo ocurre con los teléfonos móviles y otros artilugios.

Según Eurostat, España lidera el ranking de países europeos en los que más ha caído el consumo de materiales en los últimos años. En 2008 la cantidad de materiales alcanzaba los 661,5 millones, mientras que en 2013 la cifra es menos de la mitad. Al mismo tiempo esto ha influido directamente en la tasa de residuos que generamos, que es un 28% inferior a la de hace diez años.

Esto llega precisamente en un momento en el que la preocupación por «el fin de las cosas» es más alta que nunca. Se habla mucho del “peak oil”, de que llegará un día en el que el petróleo se acabe, debido a que su producción es mucho más baja que el ritmo de demanda actual, pero algunas voces apuntas a que este fenómeno podría trasladarse a otros contextos y que sean otros materiales los que desaparezcan. Así lo alertó recientemente Steve Howard, director de sostenibilidad de IKEA. El directivo calificó como “peak stuff” la posibilidad de que se acaben los materiales, una realidad que no es tan remota.

Es cierto que la digitalización está “matando” a muchos productos analógicos, pero al mismo tiempo hay otros fenómenos que están cobrando fuerza. Precisamente IKEA, o las empresas de la denominada industria “fast fashion” -como H&M o Zara-, promueven el consumo rápido mediante la venta de productos de calidad inferior con una vida corta, lo que hace que compremos con más frecuencia y que nos deshagamos antes de todo. Esto es: comprar, usar y tirar. 

Pero, al fin y al cabo, ¿no es este uno de los pilares del actual sistema de mercado? Es la misma máxima que define la obsolescencia programada, que hace que los productos tecnológicos tenga una vida útil determinada, que va decreciendo con el tiempo. Por algo IKEA ha declarado que doblará sus tiendas en España (ahora mismo son 16) y que espera duplicar sus ventas en 2020, pues pese a la preocupación por «el fin de las cosas», forma parte de este sistema y no parece que vaya a hacer gran cosa por modificarlo.

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