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Economía colaborativa, alabada por usuarios, estigmatizada por las instituciones y olvidada por las leyes

economía colaborativaEl término de economía colaborativa es uno de los conceptos que en los últimos tiempos está en boga en el sector. Modelos de negocio alternativos abanderados en el ahorro de los consumidores frente a servicios tradicionales que no está exento de polémica. En Europa, a diferencia de lo que sucede por ejemplo en EEUU, la economía colaborativa se mantiene en un limbo jurídico que está provocando dificultades a la hora de que nuevos inversores entren en escena.

Con el objetivo de abordar los retos y oportunidades de una forma de consumo y transacciones que está cambiando el mundo, ACPE y Reportarte han convocado un “Desayuno de corresponsales" en el que han participado José Luis Zimmermann, director general de Adigital y portavoz de Sharing España (primera asociación de empresas de economía colaborativa), Pilar Blázquez, responsable de prensa de Comunitae y Manuel Arauco, country manager Spain de Helpling.

Economía colaborativa: una oportunidad para España

En España, casi 500 empresas operan en el ámbito de la economía colaborativa mostrando un abanico que va desde pequeños autónomos a pymes que superan los 20 empleados. El problema de estos negocios es que no cuentan con un marco jurídico estable lo que dificulta seriamente su desarrollo de cara al futuro. “Esto nos permite tener un barómetro de hacia dónde va la economía digital” ha especificado Zimmermann.

Esta situación ha abierto el debate entre estos nuevos modelos de negocio y los tradicionales creando una brecha en la que las administraciones, en sus distintos niveles, parecen no querer tomar partido. Hecho que muchos no alcanzan a comprender si tenemos en cuenta que según los últimos datos ofrecidos por el MIT, el consumo colaborativo mueve más de 90.000 millones de euros al año en todo el mundo con EEUU a la cabeza que, cómo hemos explicado al inicio de este artículo, cuenta con una mentalidad más abierta y libre en lo que al emprendimiento empresarial se refiere.

España es un caso particular puesto que somos uno de los países punteros en el uso de redes sociales y dispositivos móviles por lo que estos modelos de negocio colaborativos podrían reportar interesantes beneficios a nuestra economía mediante la creación de nuevos negocios y, por ende, más empleos así como ofreciendo la posibilidad de que cualquier ciudadano podría obtener beneficios a través de la economía colaborativa explotando sus recursos ociosos como es el caso de los vehículos o viviendas.

Hay que ver más allá del turismo o la movilidad

Zimmermann ha señalado que más que consumo colaborativo, hay que hablar de economía colaborativa “aunque realmente no refleja lo que está sucediendo y afectando a numerosos sectores”. Ha señalado que en 2014 “se han hecho transacciones en crowdfunding a nivel global por valor de 16.000 millones de dólares” por lo que ya no estamos ante una tendencia.

“Vemos cada vez más empresas y proyectos que utilizan este tipo de consumo en la industria” lo que hace pensar que es una tendencia que ha llegado para quedarse y es “mucho más amplia de lo que pensamos”.

Sobre Sharing ha explicado que es necesaria ante los marcos normativos a los que estos nuevos modelos de negocio se enfrentan ya que son vistos en muchas ocasiones como una amenaza. “Estos modelos no sólo están para quedarse. Sí nos remontamos a los orígenes de internet, este se desarrolló en un entorno colaborativo para trabajar en un entorno común que luego se entregó a la sociedad. Internet es hoy ese entorno colaborativo en el que multitud de colectivos, personas y redes se relacionan entre sí de la misma forma en la que se puso en marcha el germen del internet que ahora conocemos. Estos modelos están creando sus estructuras en base a este mismo modelo” ha señalado.

No hay que pensar en la economía colaborativa sólo en relación a los servicios que aparecen en prensa como es el caso de la movilidad o el turismo sino que nos encontramos ante algo mucho más amplio que “en industria puede reportarnos muchos beneficios” ha indicado Zimmermann.

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Economía colaborativa y regulación jurídica ¿Es posible?

Desde Comunitae destacan que desde su nacimiento en 2009, “poco a poco la gente se ha ido convenciendo de nuestro negocio” basado en préstamos a empresas pequeñas lo que hace que los bancos no estén a la defensiva con este tipo de plataformas como sí lo están los taxistas con Uber.

“Nosotros no hemos irrumpido contra el sistema. Los bancos no nos odian y estamos regulados” indicando que la gente muestra inseguridad ante lo que puede suceder con su dinero por lo que, mediante la ley, se diferencian dos tipos de inversores: el institucional (conoce todos los riesgos que asume) y uno minorista al que se le informa de los riesgos que puede encontrar aconsejándole la cantidad asumible que puede invertir. Todo controlado en base a una serie de requisitos para que en todo momento la gente sepa en qué está invirtiendo su dinero.

Transparencia fiscal y mayor eficiencia, apuestas del consumo colaborativo

Por su parte, Manuel Arauco ha hablado del surgimiento de Helpling, un market place que surgió en Alemania con el objetivo de digitalizar un sector como el de la limpieza que ya está presente en 12 países. “Hay confianza de usuarios e inversores para este tipo de negocios” ha declarado.

“Nuestro principal competidor es el mercado negro” explica Arauco apuntando al origen de esto a la falta de interés de las instituciones en adecuar un marco legal bajo el que trabajar en este tipo de sectores. Ha indicado que con plataformas como Helpling, se ayuda a dar “transparencia” y mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. “Hace falta más apoyo de las instituciones regulatorias. La clave es la figura del autónomo que necesita una mayor flexibilidad y sostener un porcentaje de lo que ingresa y no un coste fijo de cara a la Seguridad Social”.

En cuanto al llamamiento a los partidos políticos en este marcado año electoral para que apuesten por la regulación, Zimmermann ha explicado que en Europa tenemos un grave problema: el mercado digital en el viejo continente tiene que ser una realidad ya. “Para poder escalar a nivel mundial necesitamos poder competir a nivel global.

En España, en muchos ámbitos como la movilidad o el turismo, se enfrentan en nuestro país a distintas normativas ya que cada comunidad autónoma cuenta con una diferente. A esto hay sumar las diversas regulaciones que encontramos en cada uno de los 28 países de la UE. “Es necesaria una regulación jurídica que apoye estos modelos de negocio que han nacido porque existía una necesidad. Modelos que en muchas ocasiones demuestran ser más transparentes y eficientes”.

Ha dejado claro que estos negocios se encuentran lejos de las acusaciones de economía sumergida ya que se está luchando por una regulación más flexible para los ciudadanos que actúan como micro emprendedor cuya actividad tenga un impacto fiscal acorde a sus beneficios y no estar regulados como los autónomos ha concluido Zimmermann.

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