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Bailando al borde del precipicio: 4 enseñanzas que pueden extraer las agencias de la pandemia

Agencias de marketingDe la pandemia las agencias tienen mucho que aprender

Lo que las agencias pueden aprender de la pandemia

Bailando al borde del precipicio: 4 enseñanzas que pueden extraer las agencias de la pandemia

La pandemia del coronavirus ha puesto en un durísimo brete a las agencias, que pueden extraer aun así valiosas lecciones de la crisis del COVID-19.

agencias pandemiaCuando asomó en el horizonte de manera completamente inesperada hace ya más de un año, el coronavirus hizo temblar los cimientos de muchas agencias, cuyos clientes, poseídos por el miedo a una calamidad que nadie supo aventurar, se aferraron a la tijera como si de un salvavidas se tratara.

La crisis del COVID-19 ha puesto en un durísimo brete a las agencias, que han sufrido en sus propias carnes en los últimos doce meses un «annus horribilis» para olvidar. Aun así, de la pandemia las agencias pueden extraer también no pocos aprendizajes. Michael Schipper los disecciona a continuación en un artículo para Horizont:

1. Menos es más

Allá por 1973 E.F. Schumacher realizaba en el libro Small is beautiful una crítica absolutamente feroz de la próspera y simultáneamente despilfarradora economía nacida del vientre de la posguerra. Tras la publicación de aquella obra el minimalismo que propugnaba su autor terminó abriéndose paso poco a poco. Sin embargo, el minimalismo acabó también languideciendo para dar a su némesis: el maximalismo elevado a la máxima potencia.

En los últimos años todo se ha hecho más y más grande: el iPhone, los televisores, los aeropuertos, las salas de conciertos y por supuesto también los «Big Five» de la tecnología: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft.

Con la pandemia han vuelto, no obstante, a ser puestos en evidencia los problemas solapados al maximalismo. Y están, por ejemplo, cada vez más en boga las «minicasas».

Durante el confinamiento la gente ha aprendido, al fin y al cabo, a vivir con menos y se ha dado cuenta de que cantidad no es sinónimo necesariamente de felicidad.

Aunque no todos los consumidores están dispuestos a hacer suyo el mantra de «menos es más», este lema echa raíces cada vez más profundas en quienes están llamados a ser los consumidores del futuro: los más jóvenes. Unos jóvenes que no son ni mucho menos ascetas dispuestos a renunciar al consumo, pero quieren aproximarse al consumo de una manera mucho más sensible y sensata.

El hedonismo sigue jugando un papel importante en el consumo, pero dicho consumo está revestido de una pátina ética mucho más gruesa y la industria publicitaria haría bien en amoldarse a las necesidades de consumidor que quizás no quiere consumir menos pero sí hacerlo de manera más consciente.

2. Aquello de «cualquier cosa vale» es el ayer

La pandemia nos ha enseñado que no todo es lamentablemente posible. En los tiempos que corren hemos aprendido a respetar escrupulosamente la distancia social y a renunciar y a posponer deseos para tiempos mejores. Ha sido una lección dolorosísima para todos que ha tenido también un impacto de primer orden en el consumo (que puede que jamás se reconcilie con la vieja normalidad).

En este nuevo contexto muchos consumidores se están agarrando como un clavo ardiendo a rituales como el ejercicio físico o el cuidado de la piel (otrora quizás subestimado).

Los rituales nos ungen, al fin y al cabo, con cierto sentido de la estabilidad en tiempos convulsos donde todo (excepto a algunas cosas) parece escapar a nuestro control.

Por esta razón la publicidad emanada de las agencias deberá impregnar sus mensajes de estabilidad y de seguridad. Y las agencias deberán poner sobre la mesa rutinas y soluciones funcionales adaptadas específicamente a la identidad de sus clientes.

3. Simplificar procesos

La burocracia no es un mal que aceche única y exclusivamente a las administraciones públicas. Y se aferra también como una lapa a las agencias, cuyos procesos son a menudo extraordinariamente complejos, lo cual no deja de resultar paradójico si tenemos en cuenta que a tales agencias se les paga precisamente para simplificar problemas complejos y condensar «briefings» de proporciones bíblicas en mensajes concisos.

Empeñadas en trabajar como si fueran epidemiólogas, las agencias dejan a menudo en el tintero la intuición (que sacrifican en beneficio del conocimiento puro y duro). El trabajo que equilibra adecuadamente el conocimiento de naturaleza empírica con la intuición humana es el que se traduce en mejores resultados en la industria publicitaria.

Las agencias deben aprender a pensar de manera más simple (aunque sin simplificar por ello su trabajo).

4. Pensar fuera de la caja

Dicen que la necesidad agudiza el ingenio y este retazo de sabiduría popular dio repetidas muestras de su verdad incontestable durante la pandemia, cuando los gimnasios se reinventaron impartiendo clases online y muchos retailers se volcaron en Instagram y otras redes sociales como plataformas de venta.

Pensar fuera de la caja y dar alas al denominado pensamiento lateral es vital en los tiempos que corren para metamorfosear las dudas y los miedos (en absoluto productivos) en soluciones, que son las que necesita en estos momentos como agua de mayo la humanidad.

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