Agencias

Estonia, el país "chiquito pero matón" que pretende exportar su sueño digital al resto de Europa

estoniaAnna Karolin es una joven estonia de 26 años. Es dueña dos portátiles (uno para fines personales y otro para fines profesionales), está acostumbrada a leer en su tableta y tiene un smartphone de última generación. Para Karolin conectarse a las redes sociales es el pan de cada día y, aunque reconoce que la programación le suena todavía a chino, iniciará pronto un curso online que curará su ignorancia en esta materia.

El retrato de Karolin, que simultanea sus estudios universitarios de Administración y Dirección de Empresas con su trabajo en una fundación, podría ser el retrato robot de cualquier otra joven estonia.

Que Karolin se mueva como pez en el agua en el universo digital no responde ni su particular interés por las nuevas tecnologías ni a su nivel socioeconómico. Es simplemente que su país, bautizado por algunos como el “tigre digital”, le ha puesto las cosas muy fáciles para convertirse en una alumna aventajada de la digitalización.

En Estonia cumplimentar la declaración de la renta en internet lleva a los ciudadanos apenas un par de minutos, casi todo los documentos oficiales están digitalizados y en la mayor parte de las interacciones entre el estado y sus súbditos median únicamente unos cuantos clics.

¿A qué debe este apabullante espectáculo de poderío digital? En el centro de todo está una simple pero práctica firma digital con la que están pertrechados todos los ciudadanos estonios. Todos los súbditos del pequeño país báltico disponen de un documento de información personal provisto de un chip electrónico con el que, echando mano de un software especial, un lector de tarjetas y un número PIN, estos pueden firmar cómodamente contratos online, acceder a servicios de la administración pública y ver documentos firmados por otras personas. En España también existe un sistema parecido, pero hay que una diferencia con respecto a Estonia. En este último país la firma digital es ya “mainstream”. Por estos lares está todavía en vías de conseguirlo.

La firma digital es tan absolutamente normal en Estonia que Karolin reconoce no haber firmado documentos con su puño y letra desde hace mucho tiempo. Y lejos de sentir temor por el inusitado poder de esta firma digital, Karolin y sus compatriotas se sienten completamente seguros con este sistema. No en vano, no se ha registrado hasta el momento ningún robo de datos personales en el pequeño país báltico.

Equipados con su omnipresente firma digital, los ciudadanos estonios tienen además la posibilidad de votar online cómodamente desde la intimidad de su hogar sin necesidad de desplazarse a ningún colegio electoral. En las Elecciones Europeas del pasado mes de mayo el 11,5% de los estonios apostó por el voto electrónico para ejercer su derecho al sufragio, informa el diario alemán Süddeutsche Zeitung.

Por otra parte, y gracias a la plataforma online X-road, los ciudadanos estonios pueden acceder fácilmente a sus datos de la seguridad social, sus multas de tráfico acumuladas y cualquier dato que obre el poder del estado de manera absolutamente transparente. Y no sólo eso, para fundar una empresa de nueva creación, una gestión que se puede demorar meses en otros países europeos, en Estonia bastan unos cuantos clics.

En vista del éxito de su todopoderosa firma digital, las autoridades estonias están intentando exportar su criatura a otros países e incluso también a la laberíntica administración comunitaria. En su día se intentó que la firma digital llegara a las reuniones de la UE, pero la mayor parte de los jefes de estado, alegando desconocimiento o inseguridad, optaron por dar con la puerta en las narices a esta fórmula.

Eso sí, no todo es de color de rosa “digital” en Estonia. El sueño digital que se vive desde hace tiempo en el país báltico no ha llegado a todos y está teniendo especial dificultad para conectar con los adultos que crecieron a la sombra del viejo sistema educativo soviético. Según un estudio de la OECD, el 16% de los trabajadores estonios admite sus inseguridades en el uso del ordenador y otros dispositivos electrónicos y el 10% confiesa no haber utilizado un ordenador en toda su vida.

¿Siente que se pone verde de envidia al contemplar lo avanzado digitalmente que está este minúsculo país báltico? Pues en breve y si los planes del visionario Taavi Kotka se hacen realidad, podría solicitar una tarjeta electrónica de “e-residente” en Estonia que le permitiría tener acceso a los servicios online estonios, abrir cuentas bancarias e incluso fundar empresas en el país báltico sin necesidad de moverse de su país de origen. Y usted, ¿quiere formar parte del sueño digital de Estonia?

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