Desde que el chatbot ChatGPT saliera en noviembre del año pasado del cascarón, la inteligencia artificial no se despega de los labios de quienes se desenvuelven profesionalmente en la arena del marketing y la publicidad, donde abundan tantos quienes creen que estamos a las puertas de un cambio absolutamente sísmico y esencialmente positivo y quienes temen engrosar en breve las colas del paro por culpa de la revolución que se otea ya en el horizonte.
Los avances protagonizados por la inteligencia artificial en los últimos años parecen en todo caso irrevocables y no es posible en modo alguno volver a encerrar al «genio» en la «lámpara» mágica. Sin embargo, y pese a la zozobra que el desarrollo exponencial de esta tecnología ha sembrado en algunos, el talento humano no será borrado del mapa de la noche a la mañana y será, de hecho, más importante que nunca, asegura el reputado «computer scientist» Max Penk en un artículo para Horizont.
Puede que la tecnología sea la palanca, pero las personas son necesarias para operar la inteligencia artificial con verdadera excelencia creativa. La IA nos ayudará a ser más eficaces, a trabajar mejor bajo el yugo de horarios apretadísimos, a completar tareas repetitivas más rápidamente y a automatizar mucho de que era previamente trabajo 100% manual.
Utilizando sabiamente la IA, la industria creativa tiene mucho que ganar con esta tecnología
En la industria creativa en particular los profesionales recuperarán gracias a la IA el tiempo y los recursos que los recortes en los presupuestos y los horarios imposibles les arrebataron. Ello se traducirá en la generación de ideas mejores y más creativas.
Los creativos que se tomen la molestia de aprender a trabajar codo con codo con la IA y la utilicen como herramienta para la cocreación descubrirán maneras totalmente nuevas de expandir hasta límites insospechados su propia creatividad (independientemente de la forma que esta tome).
El análisis de datos emanado, por ejemplo, de miles de comentarios de usuarios, podrá ser categorizado y tabulado en cuestión de segundos por la inteligencia artificial. Y no solo eso. Los infames bloqueos que tan a menudo traen de cabeza a los creativos podrán ser solventados con más celeridad con la inestimable ayuda de la IA. Y será asimismo posible elaborar bocetos en apenas unos segundos para poner a prueba las bondades de una idea en particular.
En un futuro no demasiado lejano la IA se convertirá en una suerte de segunda piel para los creativos (como lo son en la actualidad programas como Photoshop e Illustrator para los diseñadores gráficos).
Conviene, eso sí, hacer notar que el trabajo nacido del vientre de la inteligencia artificialmente, aunque apabullantemente vistoso a menudo en el plano visual, se reviste solo de excelencia con la intervención de humanos de carne y hueso.
De manera similar, si confrontamos a la idea artificial con ideas malas o mediocres, no seremos agasajados tampoco con resultados excelentes. La IA es una suerte de compañera para los creativos, no un individuo que piensa de manera independiente (y al que hay que dejar hacer).
La IA es la perfecta compañera de fatigas para los creativos
La IA se diferencia de otras tecnologías actualmente presentes en la industria creativa en que está permanentemente aprendiendo. Con cada «input» y «output» el algoritmo de la inteligencia artificial es entrenado para poner mejores resultados sobre la mesa (y satisfacer adecuadamente las necesidades del humano que lo controla), señala Penk.
No todos en la industria creativa querrán, no obstante, rendirse a los encantos de la inteligencia artificial (y no pasará nada). Es perfectamente aceptable componer música con el piano, diseñar logos con lápiz y papel y escribir letras de canciones a máquina. No hay nada de malo en ello (y serán métodos igualmente válidos dentro de 100 años).
Estamos en todo caso en un excelente momento para hincar el diente a las herramientas de inteligencia artificial, que se encuentra aún en una fase primigenia y hace posible que los humanos se involucren activamente en las creaciones alumbradas por las máquinas. Actualmente es posible aprender cómo funciona la inteligencia artificial. Las generaciones venideras lo tendrán más complicado y tendrán que hacer cursos y leer muchos libros para comprender el funcionamiento de la inteligencia artificial (como actualmente sucede con herramientas como After Effects o InDesign).
Es hora de explorar la inteligencia artificial y aprender de lo que esta nos puede brindar. Solo fundiéndonos en un apasionado abrazo con la tecnología podremos complementarla. Estamos, de hecho, obligados a complementarla porque son las personas la que mejor saben lo que quiere la gente. Como bien dijo Pablo Picasso en una ocasión, «los ordenadores son inútiles. Solo pueden darnos respuestas». Hay que plantear a la inteligencia artificial las preguntas adecuadas. Solo así esta tecnología echará de verdad brotes verdes, concluye Penk.





