Agencias

LA DESPENSA ROMPE MOLDES

Miguel Olivares y Javier Carrasco son La Despensa. Alejados del rígido estereotipo del creativo, lo que realmente les importa es poder divertirse con sus campañas. Bajo el lema “Ser feliz mola mucho más”, esta agencia con sede en Madrid y Buenos Aires ha tenido en su haber clientes de la talla de Schweeppes, Rolling Stone o NBA.

Polémicos siempre por sus campañas de autopromoción, estos chicos son “un hacha” en conseguir notoriedad gratuita. Olivares, director creativo ejecutivo, lo llama “generar conversación alrededor de un pincho de tortilla”. Gracias a los famosos “calzoncillos de Nadal” o a la colecta para conseguir el primer spot del año han logrado que la agencia aparezca en el prime time televisivo, en miles de bandejas de entrada y en boca de casi todos.

“Esta preocupación por invertir en nuestra propia marca nos hace ganar en valor intangible, y nos sirve de experimentación para nuestros trabajos de clientes”, explicó Olivares en una entrevista en La Gaceta de los negocios.

Deseaban comprar el primer anuncio televisivo del año para lanzar un mensaje positivo, de esperanza. Algo diferente al bombardeo de Apocalipsis al que diariamente son sometidos todos los consumidores. Y es que estos dos chicos parecen imperturbables ante la crisis. “Solo necesitamos pagar las nóminas. ¿Qué luego sobra algo? Pues nos hacemos un viaje todos juntos”, comentó Olivares al diario.

Su receta para afrontarla no es otras que la creatividad. “Antes todos estábamos con el filete en el plato y ahora hay que salir a cazar el mamut”, apuntó. Olivares no se asusta ante la saturación de mensajes de la que tanto se habla en el sector. “A la gente de la calle le importa un bledo todo lo que está ocurriendo en el mundillo creativo, están en su día a día, y conserva la capacidad de sorprenderse”, aseveró.

Aun así, la publicidad tendrá que hacer algunos reajustes para mantenerse este año. Desde La Despensa son unos acérrimos defensores de que para que un producto se venda, el mensaje que se emita sobre él deberá de ser cierto. “A la larga no se puede trabajar si el producto no tiene algo de verdad”, garantizó Olivares.

Los que sí juzga que deberían de reconstruir su imagen son los bancos. “Necesitan una remodelación al estilo japonés, de dentro hacia fuera. No puedes cambiar las grandes fachadas si no logras primero que la gente que está en el propio banco recupere su autoestima y se ilusione”, concluyó.

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