Agencias

Los almuerzos formativos de las agencias deberían renovarse, o morir...

A los ejecutivos de las agencias les encantan los almuerzos formativos. Una actividad muy asentada en la cultura interna de las agencias y para la que, posiblemente, haya llegado su hora.

Todo empieza con un vendedor que contacta con el media planner, el director de estrategia o cualquier otro contacto dentro de la agencia que conozca para organizar una reunión. En algún momento el ejecutivo de la agencia termina cediendo y acepta la cita, pero se suele concertar una comida cuando el vendedor o el ejecutivo de la agencia temen que el otro no aparezca a no ser que haya algo de comida por medio. Finalmente empieza el almuerzo, hay charlas, presentaciones, se espera cinco minutos a que el proyector esté listo y otros 20 antes de que la presentación empiece. A la media hora algunos abandonan la cita para ir corriendo a otra reunión y el vendedor guarda la demostración para el final, cuando la sala está prácticamente vacía y algunos se acercan rápidamente a buscar un sándwich antes de que la bandeja desaparezca.

Unos días más tarde el vendedor hace llegar su presentación y los organizadores de la reunión en la agencia se encargan de reenviarla a los asistentes e invitados, pasando a sumarse a la larga lista de cosas que ya se leerán cuando haya más tiempo.

Visto así, desde luego no parece el método más efectivo, pero hay dos problemas especialmente remarcables que se pueden solucionar con un poco de esfuerzo creativo.

Derroche
La mayor parte de la gente que termina por asistir a estas sesiones suelen tener curiosidad por lo que va a pasar, lo que tiene que ser recompensado, pero no están lo suficientemente motivados como para involucrarse y participar. Si es la comida lo que hace que la gente asista, la experiencia se basará en una recompensa externa, en lugar de una recompensa intrínseca. Es cierto que algunos se irán a casa con nuevas ideas, pero prácticamente las mismas que tendrían si recibieran un email con un link a la página web del vendedor y una presentación de 10 diapositivas. El aprendizaje individualizado requiere cinco minutos, y no una hora, lo que hace que, al final, lo único que no se derrocha en el almuerzo sea la comida.

Para minimizar este derroche es importante estrechar el foco sobre quién asistirá y trabajar con los directores de cada departamento para asegurarse de que las personas que estén en la sala sean los más relevantes. Esto puede significar invitar sólo a unos pocos profesionales de departamentos específicos, o incluso poner en contacto al vendedor con un equipo que está trabajando sobre una cuenta específica.

Educación
Lo cierto es que no se enseña mucho en los almuerzos formativos. Aprender no significa sentarse a escuchar un discurso cerrado, sino que tiene que tratar sobre lo genial que es la compañía de ese vendedor, qué problemas soluciona, qué tendencias observa en su futuro, qué visión aporta para ayudar a las agencias a hacer mejor su trabajo y, al mismo tiempo, construir una base sobre la que asentar el futuro.

Lo que puede parecer una simple cita comercial, al final puede convertirse en una interesante charla de la que aprender cosas, y conseguir que los asistentes quieran saber aún más. Es posible que la comida ayude a llenar la sala, pero el objetivo tiene que ser que los asistentes salgan de allí recordando algo nuevo que hayan aprendido, no lo que han comido.

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