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Los viejos (y malos) hábitos tardan demasiado en desaparecer (y más en las agencias)

mad-menMad Men se ha erigido como uno de los grandes referentes en el mundo de las series a la hora de retratar la industria publicitaria de la década de los años 60 y 70. Y como habrá oído en más de una ocasión, la realidad suele superar a la ficción.

Haciendo una retrospectiva llegamos a una época en la que las salas de descanso de las empresas estaban señaladas con el cartel de «caballeros» y las mujeres sólo tenían acceso al comedor de ejecutivos los miércoles. Situaciones que se mantuvieron hasta que Gloria Steinem inició una protesta pública en 1970.

Una época en la que prácticamente ninguna mujer ocupaba puestos de responsabilidad en las agencias de publicidad. Peor suerte corrían todos aquellos que fueran asiáticos, negros o hispanos ya que su presencia en las agencias era prácticamente inexistente. Misma situación que vivían los judíos llegando incluso muchos a esconder su religión para poder avanzar en sus carreras.

Lesbianas y gays quedaron relegados hasta convertirse casi en un tema tabú al igual que las personas con discapacidad. Cualquier tema que pudiese (por duro que suene) avergonzar a la empresa era inmediatamente evitado. Así era J. Walter Thompson en la década de 1960. Un modelo empresarial que por desgracia estaba impuesto en la gran mayoría de las grandes e importantes agencias de publicidad de la época, tal y como recogen desde Adage en base a las declaraciones de Eugene Secunda que trabajó 16 años para la agencia.

Afortunadamente, cinco décadas después la situación ha cambiado. Aunque aún falta un largo camino por recorrer el porcentaje de mujeres que ocupan puestos de responsabilidad en el mundo del marketing y la publicidad cada vez es mayor. Lo mismo sucede con la multiculturalidad, orientación sexual o religión que pueden ser expresadas libremente sin que nadie sea despedido o rechazado para un puesto para el que está perfectamente capacitado.

Sin embargo, los últimos acontecimientos que se han producido en J. Walter Thompson dejan más que patente que los viejos (y malos) hábitos tardan más de lo que nos gustaría en desaparecer. Hablamos de la demanda interpuesta por una empleada de la agencia (Erin Johnson) contra Gustavo Martínez, ahora ex CEO de JWT. En la misma se recogía un comportamiento sexista y racista por parte de Martínez.

Rápidamente WPP, empresa matriz de JWT y la agencia iniciaron una investigación pero no fue hasta que los abogados de la afectada amenazaron con presentar un DVD que demostraba las acusaciones cuando parece que se pusieron las pilas. Pocos días después Martínez abandonó su puesto.

¿Han cambiado realmente algo las cosas en los últimos 50 años? La respuesta más utópica es que sí pero, en muchas ocasiones, únicamente de cara a la galería. La demandante había enviado varios correos al departamento de recursos humanos señalando el tratamiento y comentarios racistas de Martínez que fueron vergonzosamente obviados en un intento de proteger a uno de sus altos ejecutivos. ¿Un caso aislado? La triste respuesta es que seguramente no lo sea.

 

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