Eventos y Formación

Conferencias TED: un concepto anacrónico dentro de la era digital

En 1874 Lewis Miller y el obispo metodista John Heyl Vincent fundaron un campamento para profesores los domingos cerca de Chautauqua, un pueblo del estado de Nueva York, en Estados Unidos. Dos años más tarde, se volvió a abrir el campamento, esta vez para entrenar a profesores en una escuela de verano al aire libre. Pero poco a poco empezó a convertirse en un movimiento y versiones del campamento empezaron a multiplicarse por todo el país, promocionando un circuito de clases magistrales y otras muestras con los intelectuales de la época.

Según William Jennings Bryan, un habitual en estas citas, el circuito era “un factor humano ponente para moldear la mente de la nación”. Teddy Roosevelt lo calificó como “la cosa más americana en América”. En cambio, para Sinclair Lewis, no era “nada más que viento y paja, el entretenimiento de los paletos”, mientras que Gregory Mason aseguraba que el evento “era infinitamente más sencillo que intentar pensar” y “deprimente por su mediocridad”.

Los tiempos han cambiado, pero hoy en día el debate de los campamentos de Chautauqua sigue vigente, aunque con otro nombre. TED, las conferencias de “Tecnología, Entretenimiento y Diseño” es, al mismo tiempo, “el apogeo aspiracional de las ideas” y “un McDonald’s sirviendo platos de sopa de pollo para el alma”. Es “el evento oficial de la digitalización”, pero también “la parodia del mismo”. Eso sí, es indiscutible que TED tiene el potencial de convertirte en una estrella.

Las charlas, de 18 minutos de duración, del evento privado se han visto más de 500 millones de veces desde que se pusieran en la red por primera vez en el verano de 2006, y han convertido a TED en el retorno del formato de conferencias en un momento en que parecía que había quedado obsoleto. Pero también se ha convertido en uno de los sistemas más institucionalizados que tenemos para diseminar ideas en la era digital. Una idea en TED se convierte en una idea validada, explica Megan Garber en The Atlantic.

Pero las ideas que se comparten en TED no son sólo ideas, sino que son ideas patrocinadas y empaquetadas con la marca TED y todo lo que ésta representa, además de la persona, o la personalidad, de quien la presenta. Una idea asombrosamente anacrónica teniendo en cuenta que la plataforma se califica a sí misma como la manifestación de las posibilidades digitales. Y es que si en el pasado se asociaban las ideas con las personas que las articularon por primera vez, como Einstein y la Teoría de la Relatividad o Darwin y la Teoría de la evolución, ahora, la forma en que se produce el conocimiento, y nacen las ideas, ha cambiado por completo.

Vivimos en un mundo de conocimiento compartido, y que nos permite entender algo que, en realidad, ha ocurrido siempre: las nuevas ideas no surgen, en su forma completa, dentro de la cabeza de su inventor, sino que siempre son, y han sido, el resultado del discurso, la interacción y la conversación. Antes de que apareciera la imprenta, las ideas eran algo conversacional, libre y colectivo y, más que nunca, eran algo que se difundía y se compartía. Pero con Gutenberg las ideas empezaron a contenerse físicamente, al mismo tiempo que se empezaron a producir en masa, resultando, paradójicamente, en mercancías.

Ahora, la noción de TED tiene su origen en el mundo impreso, en autores con nombre y apellidos y en complicados términos de copyright. Insiste sobre la noción de que las ideas son, para el mundo digital, lo que siempre han sido en el mundo analógico: que se pueden empaquetar, poseer y reclamar.

Por eso, explica Garber, TED es el equivalente cultural de una patente: una reclamación privada de un concepto público, con el ponente como manifestación de su idea. Además, en lugar de difundir un concepto, la conferencia en sí misma termina estrechándolo. Si siempre se ha hablado de la necesidad de construir una narrativa para hacer que los conceptos abstractos sean accesibles a las audiencias masivas, lo que TED ha hecho es sustituir esa narrativa por la personalidad: el relato de la idea ahora es la idea personal. En definitiva, asegura Garber, “es la idea que salta al escenario, delante de los focos, lista para convertirse en estrella”.

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