Eventos y Formación

LA EXPERIENCIA DE JOSE GAMO, DIRECTOR CREATIVO EJECUTIVO DE DDB, EN PORTFOLIO NIGHT

El año pasado, tras haber participado del evento, Jose Gamo, director creativo ejecutivo de DDB, escribió un artículo en la revista Anuncios relatando su participación.

ILUSIÓN

El pasado 8 de mayo participé en el Portfolio Night, una iniciativa de ihaveanidea que organiza aquí, en Barcelona, la escuela de creativos Complot.

Portfolio Night es una especie de cita expres entre directores creativos y aspirantes a creativos publicitarios que transcurre simultáneamente en veintitrés ciudades a lo largo de todo el mundo. Desde Auckland a Vancouver, pasando por Buenos Aires, Estambul, Londres, Hong Kong, Sao Paulo, Singapur o Los Angeles. Miles de estudiantes tienen la oportunidad de mostrar su book a directores creativos en el plazo de tres horas y recibir sus críticas, comentarios e, incluso, los más talentosos o afortunados, una oferta de trabajo. Y cientos de directores creativos tienen la ocasión de descubrir nuevas lumbreras publicitarias y de hacerse los interesantes delante de muchachos y muchachas fácilmente impresionables. Por si fuera poco, Dan, el motor de Complot, sabe cómo montar una fiesta: el local era fantástico, el acto estaba patrocinado por un par de marcas de cervezas y un whisky (si, eso quiere decir barra libre y azafatas profesionales), un dj ambientaba la cosa y el esforzado equipo de la escuela se encargaba de que todo funcionara como la seda. Suena bonito ¿no?

Yo, como el resto de directores creativos presentes, pude juzgar nueve books (tres cada hora) y tuve el placer de conocer a sus nueve autores, algunos de ellos venidos de lugares remotos, como Italia, Portugal o Zamora. Tras las sesiones, volví a constatar algunas evidencias. Una: el talento es un don escaso pero claramente reconocible desde los primeros trabajos. Y otra: muchos jóvenes tiene una visión distorsionada de la profesión de creativo publicitario, debido por una parte a un exceso de festivalitis, y por otra a una formación académica algo estereotipada, que moldea su cerebro con axiomas acerca de lo que está bien y lo que está mal y dificulta el desarrollo de talentos únicos y originales. Muchos anuncios gráficos, algo de tele, pero una escasez preocupante de nuevas ideas que transcendieran los medios convencionales.

Pero más allá de la ausencia o no de brillantez creativa, la totalidad de los participantes compartía una característica común: la ilusión. Ilusión por formar parte de una industria que frecuentemente no tiene tiempo de escuchar como se merecen a estos nuevos contendientes. Una profesión, a menudo aburguesada, que se ensimisma en su hartazgo y que habla de momentos confusos y elabora alambicadas teorías comunicacionales cuasi filosóficas.

A veces oigo entre mis colegas que las nuevas generaciones de creativos no demuestran las ganas y el entusiasmo que derrochábamos a su edad. Puede que sea cierto. Pero más bien tiendo a pensar que somos nosotros los que nos hacemos viejos y miramos con indulgencia el pasado y presbicia el presente. O peor aún: ¿no seremos nosotros mismos quienes matamos su ilusión a base de cinismo y estupidez?

Para Bob Scarpelli (presidente y CEO de DDB Worldwide), un firme defensor del Portfolio Night, se trata de “uno de los eventos más importantes del año en la industria publicitaria”. No me queda más remedio que estar de acuerdo con él. No sólo porque ahora es mi jefe, sino porque pienso que este cara a cara entre viejas y nuevas generaciones de publicitarios es enormemente saludable para la profesión. Y especialmente para los que ya estamos dentro de ella.

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