Gente

Douglas Tompkins: de la esquizofrenia de North Face y Esprit a la cordura ecológica

tompkinsEl empresario y ecologista estadounidense Douglas Tompkins no se desenvolvió nunca del todo bien en el universo de las pequeñas cosas. El fundador de North Face y Esprit era más bien dado a pensar a lo grande. Su último (y cómo no grandilocuente) proyecto, la creación de varios parques nacionales en la Patagonia, deberá, sin embargo, ser completado por terceros. Tompkins, de 72 años, sufría el pasado martes un accidente de kayak en Chile, su patria de adopción, y fallecía pocas horas después de hipotermia.

Tompkins, que en los años 60 y 70 alumbró dos empresas que son hoy por hoy el paradigma del éxito (North Face y Esprit) , vivía desde hace unos años con su esposa, la que fuera máxima responsable de la marca especializada en deportes al aire libre Patagonia, en una granja en el sur de Chile a la que era sólo posible acceder en barco o en avión.

Tras dar por zanjada su exitosa aventura empresarial, la que le hizo millonario por otra parte, Tompkins vivía entregado en cuerpo y alma a la naturaleza.

A principios de los años 90 Tompkins y su segunda mujer compraron grandes extensiones de tierra en la Patagonia para transformarlas después en parques nacionales. Con una extensión de cerca de 10.000 kilómetros cuadrados, las tierras de Tompkins y su esposa tienen aproximadamente el mismo tamaño que Chipre.

North Face, la “hija” de Tompkins, lamentaba ayer el fallecimiento del empresario y activista medioambiental, haciendo hincapié en su dedicación a la naturaleza y en sus denodados esfuerzos para que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando, como él tanto lo hizo, de los espacios naturales.

También organizaciones ecologistas como Sea Shepherd y Greenpeace lloraban ayer la muerte de Tompkins, que en los últimos tiempos habría criticado con fuerza varios proyectos para construir presas y también la excesiva pleitesía que rendía, a su juicio, su país natal, Estados Unidos, a la tecnología.

El compromiso de Tompkins con la naturaleza en general y la Patagonia en concreto no estuvo, de todos modos, exento de polémico. Algunos le echaban en cara al “rey de la Patagonia” que estaba entorpeciendo el desarrollo económico en las tierras que había comprado en aquel rincón del mundo donde tan a gusto se sentía.

Aun así, y pese a que su labor proteccionista no se libró de las críticas (sobre todos de los políticos), la voluntad de Tompkins se mantuvo siempre inquebrantable y siguió adelante con sus múltiples y ambiciosos proyectos.

Ya siendo un adolescente, a Tompkins, hijo de un marchante de arte y de una arquitecta de interiores, la naturaleza le atraía como un imán. Le encantaba escalar, esquiar y viajar.

En lugar de ir a la universidad, Tompkins prefirió viajar por Europa y Sudamérica. A principios de los años 60, y con los bolsillos vacíos, el empresario regresó a Estados Unidos y con apenas 20 años fundó en California su primera empresa. Fue una escuela de escalada en San Francisco, a las que unos años después se unió una pequeña tienda de deportes al aire libre. Esa tienda, cuyo eslogan era “Never stop exploring”, se convertiría después en la hoy mundialmente famosa North Face.

Ya en 1970 Tompkins decidió que había llegado el momento de cambiar de aires, se apeó de North Face y creó con su por entonces esposa Susie y otra socia la firma de moda femenina Plain Jane. Comenzaron vendiendo ropa en una furgoneta, pero con el tiempo su modesta aventura empresarial se convertió en el gigante de la moda Esprit. En los años 80 la firma tenía tiendas en más 60 países y facturaba más de 1.000 millones de dólares.

Al frente de Esprit Tompkins trató de sensibilizar a sus clientes y convencerles de que consumieran de manera responsable. No en vano, en las etiquetas de las prendas de la marca podía leerse la siguiente frase: “No lo compres si no lo necesitas”.

Harto de la esquizofrenia inherente al mundo de la moda, Tompkins dio por finalizada su aventura al frente de Esprit a finales de los años 80. “Hacíamos productos que nadie necesitaba y estábamos contribuyendo así a la crisis del medio ambiente”, relataba hace un tiempo Tompkins en una entrevista concedida a Die Zeit.

Vendió su participación en Esprit por 200 millones de dólares, creó poco después una fundación dedicada a la protección del medio ambiente y comenzó a hacer lo que de verdad le gustaba: salvar el mundo. Junto con su esposa compró gigantescas extensiones de tierra en Chile y contrató a más de 200 personas.

¿Su objetivo? Trabajar duro por el medio ambiente. En una entrevista Tompkins aseguró una vez que, tras apearse del vagón empresarial, trabajaba “24 horas a las días, 7 días a la semana, mucho más duro que antes”.

Su proyecto proteccionista, que un accidente de kayak ha dejado inconcluso, tendrá que ser continuado por otros. A seguir con su labor ayudará, de todos modos, su cuantiosa fortuna, que Tompkins legó de manera íntegra a proyectos medioambientales.

Te recomendamos

Eficacia

Atresmedia

ADN by DAN

EL OJO

Compartir